En el anverso de FAZOLA habita un hombre que nació seis meses después de estrenada la Segunda República.
Sobrevivió en Madrid durante los años de la guerra civil, de los que sólo recuerda el sueño instantáneo de un compañero de pupitre y el ruido sordo de un obús que alcanzó la portería de su casa mientras leía Los tigres de Mompracén. Luego supo que el sueño del coleguilla lo causó una bala perdida que se coló silenciosa por el alféizar del balcón.
Durante la posguerra repartió paquetes por las farmacias y estudió el bachillerato con la media beca que le dieron los frailes. Leía como un poseso y en el examen de Estado tuvo premio. Opositó para una carrera corta y de porvenir y sacó pronto plaza de funcionario, aunque estuvo un par de años sin saber que lo era. Durante ese lapso creyó emular a Kerouac construyendo carreteras en el sur, pero enseguida se alistó en la vanguardia de la American invasion of Spain para trabajar sorbiéndose los mocos en las heladas amanecidas de la sierra de Aitana, hasta terminar en la Base de Rota, un destino más placentero. De vuelta en Madrid, puso seis años de color y calor humano entre las páginas de una revista técnica. Anduvo por las Américas, del norte y del sur, le pidieron que tradujera un libro difícil: lo hizo y se publicó. Escribió muchos artículos técnicos y pesados, un par de capítulos de un libro muy grueso, coeditó otros y entonces advirtió que le gustaba escribir. Pensando en hacerlo lo mejor posible, se licenció en Periodismo. Transitó con otro nombre por dos revistas de papel caro, en las que cada mes tuvo su página. Un diario de provincias publicó todas las columnas que enviaba, pero esas aventuras no pagaban ni el desayuno. Volvió a los libros técnicos, hasta que se cansó, compró cinco años de libertad y escribió «El Mosaico».
Para esta tarea sólo tuvo que sembrar unas semillas de realidad y dejarlas crecer; pero al germinar, las plantas mutaron su ADN real en imaginario y se confabularon para secuestrarlo. El pretencioso demiurgo soñaba con escapar, para perderse entre los vientos y el polvo de la Patagonia argentina.
Hizo el viaje pero se quedó a medias. Cuando volvió se puso a escribir otra 'historia' aprovechando las semillas que le habían sobrado; eran semillas mutantes y florecieron por etapas hasta generar «Nieves Paganas», un libro que dedicó a las víctimas del oficio más viejo del mundo. Siendo así, era prudente, lógico, que no se pudiera 'abrir' aquí, gratis et amore. Hay que pagar por él un precio moderado, casi simbólico. Al fin y al cabo es un e_book, un libro de peso menos que liviano, flota en el éter: integrado en la constelación AMARANTE se ha instalado en el futuro, forever!