El análisis y descripción del comportamiento dinámico del agua subterránea tiene su fundamento en las ecuaciones que describen el campo potencial en un medio difusivo y en las que permiten la superposición de acciones exteriores sobre el medio. En muchos casos, la complejidad geológica e hidrológica hace imposible definir con rigor, en el espacio y en el tiempo, el funcionamiento del sistema acuífero que se pretende analizar. El método que se sigue entonces ha de ser forzosamente de naturaleza heurística, y la herramienta es el modelo de simulación.
Los elementos del estudio hidrogeológico que van a servir para el análisis del sistema deben ser sintetizados de manera que muestren claramente la relación histórica de causa-efecto, i.e.: extracciones habidas en el acuífero versus variación del potencial hidráulico en el mismo. Cuando esta relación histórica puede ser duplicada por medio de una excitación-respuesta análoga en un modelo, se dispone de la herramienta con que predecir los futuros efectos que en el sistema producirá el desarrollo, la continuidad o la reducción de las explotaciones ya existentes.
En sentido estricto la excitación análoga presupone la existencia de un sistema físico con el que se establece la correspondencia biunívoca de variables y parámetros, dando por sentado como requisito previo la unicidad en la descripción "formal" del fenómeno. La solución del problema por métodos numéricos y el empleo de ordenadores conlleva a una excitación (y respuesta) numéricamente análoga a la realidad, pero en ese caso "analogía" significa simplemente cuantificación, traducción a cifras. [...]
[De la documentación gráfica del artículo se ha seleccionado únicamente la fotografía adjunta.]
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Sería deseable que todos los datos obtenidos en el curso de una investigación hidrogeológica fueran los estrictamente necesarios para formular correctamente el modelo conceptual del sistema y para lograr la evaluación cuantitativa precisa de los parámetros del mismo. Por otra parte, un criterio elemental de eficacia tiende —o debe tender— a descartar la investigación de datos cuya finalidad sea ajena a tales objetivos. Lo que no significa confundir el modelo en sí con la finalidad principal que se persigue: pronosticar el comportamiento del acuífero ante diversas alternativas de explotación. Naturalmente, en una investigación de cierta importancia no será posible prever la utilización al "ciento por ciento" de todos los datos que se recojan.

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La excitación del modelo bajo condiciones de explotación hipotéticas añade, por lo menos, una nueva indeterminación a las que hayan quedado sin resolver en la validación "histórica". Esta es la de un posible cambio estructural en profundidad [no consignado en los mapas de iisoespesor saturado]. No obstante, dentro de todas las imprecisiones con que se cargue cualquier predicción, ésta servirá para acotar entre límites cuantitativos el tiempo que puede transcurrir hasta consumir un porcentaje predeterminado de las reservas. En acuíferos que no hayan sufrido explotación histórica —o en los que se carezca de un control mínimo de la misma— la predicción es muy problemática porque no existirá validación previa.
No se puede perder de vista que la validación es la única coartada que justifica la sobrecarga de adivinación inherente a todo proceso de simulación en este campo. Aún así, todo modelo "ahistórico", deja de serio algún tiempo después; es cuestión de no abandonar la toma de datos "perecederos" una vez comenzada.
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