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   El silencio del miedo

logo al andar

Benidorm
-6 dic. 2008-


Comprender qué significa lo atroz,
no negar su existencia,
afrontar sin prejuicios la realidad.
Hannah Arendt  

    CUALQUIER aficionado al cine ha podido creer que equivoqué el título, que traduje mal «Le salarie de la peur», El salario del miedo, la extraordinaria película de Henri G. Clouzot, estrenada en 1955. Pero más allá de la involuntaria paráfrasis, las coincidencias con la reflexión que pretendo desarrollar se quedan en las consecuencias deletéreas de la pulsión negativa que denominamos "miedo".
No controlamos, como a veces quisiéramos, los fragmentos que asaltan nuestra memoria. En este caso, por ejemplo, si se me hubiera ocurrido empezar titulando estas líneas "la ley del miedo", el sujeto de la paráfrasis habría sido la película de Elia Kazan, La ley del silencio, [1954], —título impuesto adaptado al tema pero no al original «On the waterfront», la novela de Budd Schulberg en que se basó ese otro film.

    HECHO curioso, a falta de mejor calificativo, es que si tratase de poner en paralelo los argumentos que siguen con una de esas películas, habría de usar la segunda. De todas maneras, no pensé ni por asomo estrenar «... al andar» para "hablar de cine", —temática inagotable que aprecio, pero de escasa urgencia noticiosa en general—.
El sentido de esta nueva "pestaña" ya lo explico en la «Presentación», y su estreno arranca motivado por un suceso luctuoso, otro crimen más, cometido en el país vasco español por el terrorismo autóctono. A fuer de preciso, más que el cobarde y repugnante crimen en sí ha sido el rechazo que ha provocado una fotografía "ajena" al mismo. El entrecomillado precedente no necesita ser explicado a quienes hayan visto la fotografía de la partida de tute; menos aún si han leído —o escuchado, porque el tema saltó de inmediato a los medios audiovisuales— los comentarios que la acompañaron. Sólo los lectores de estas líneas que se hayan sorprendido por la definición de la foto (en cursivas)  necesitarían una aclaración. Sin embargo, si así fuera, mejor que saberla mediada por mí la podrán encontrarán sin duda en la RED donde, además, es elemental confrontar y "cruzar" opiniones y contraopiniones.

    IMAGINO que a los protagonistas de la fotografía jamás les pasó por la imaginación que se iban a convertir en un símbolo, menos aún en un símbolo indeseable: la cara real de la ley del silencio y la escenificación —pública al ser publicada—, del silencio del miedo. Y todo eso, al parecer,  por no dejar de hacer ese día lo que venían haciendo desde siempre, sólo que con la sustitución por otro del jugador que no se presentó. Imagino que esa situación ya la habrían resuelto más de una vez; es un hecho ordinario y sin relevancia que se da en todas las timbas del mundo; lo que convirtió a éste en singular y diferente fue la causa (mayor) de la ausencia: el jugador que no se presentó había sido asesinado.

    SÓLO los protagonistas del suceso saben por qué procedieron así. Pero la tozuda (por repetida) evidencia es que son muchos los ciudadanos vascos que aun rechazando la violencia criminal "miran para otro lado". Esa evidencia hace presumir que los jugadores de la partida estaban y están entre esos muchos. Pienso que, no ya para juzgar su actitud, sino simplemente para opinar con justeza sobre la misma, habría que conversar con ellos. Sobre todo porque quizás querrían responder a la cuestión capital:

¿Está la mayor parte de la sociedad vasca atenazada de tal modo por el miedo que ha asumido el chantaje permanente, y prefiere vivir así, en silencio cómplice, refugiada en juegos y pasatiempos, antes que plantar cara a la dialéctica fascista de los puños y las pistolas?

    LA TRANSITORIA situación de protagonismo —en primera línea de la noticia—, otorga a los hombres de la partida y a la "mayoría silenciosa" del país vasco un tiempo extra y una oportunidad que podrán emplear para manifestarse y responder a la disyuntiva.
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FAB.

cars


•    Ricardo ha creado la imagen que "explica" por sí sola la situación. [EL MUNDO 4/12/2008]


•    La cita de Hannah Arendt encabeza las cuatro que abren «Gomorra», la novela reportaje sobre la Camorra napolitana cuyo éxito ha condenado a su autor, Roberto Saviano, a vivir escondido y a salir siempre escoltado bajo protección policial.


CODA:    Había escrito "mayoría silenciada" y caí en la cuenta de que no es lo mismo que "silenciosa". El salto cualitativo, irreversible en casos extremos, se aprecia con claridad en la situación que describe Saviano:

Las personas intentan pasar con sigilo, reducir al mínimo su presencia en el mundo. Poco maquillaje, colores anónimos, pero no solo eso. El que tiene asma y no puede correr se encierra con llave en casa, pero poniendo una excusa, inventándose un motivo, porque revelar que se queda encerrado en casa podría resultar una declaración de culpabilidad: de no se sabe qué culpa, pero en cualquier caso una confesión de miedo. Las mujeres dejan de ponerse zapatos de tacón, inapropiados para correr. A una guerra no declarada oficialmente, no reconocida por los gobiernos y no relatada por los reporteros, corresponde un miedo no declarado, un miedo que se  mete debajo de la piel.

[pg. 105; ed. DEBOLS!LLO, ISBN 978-84-8346-846-3]
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