... en el control oficial de las operaciones fiduciarias
reside la garantía de protección de los depósitos privados...
—aseveración atribuida a Bernard Madoff—
SE SABE —lo ha comentado Raúl del Pozo, el periodista que ocupa con autoridad la "columna" que Francisco Umbral dejó vacante—, que lo primero en desaparecer de las pirámides egipcias, tras el enterramiento y exequias del faraón fallecido, era la coronación o capucha de oro que revestía su vértice apuntando al cielo. Poco después, no tardando, seguía el desmantelamiento y latrocinio de los tesoros enterrados para asegurar el feliz periplo del honorable muerto a través del otro mundo, invisible, imaginario e imaginado.
Si algún escéptico sonríe al calibrar la inconsecuencia e ignorancia de aquellos congéneres que vivieron hace una mano de miles de años, debe dejar de sonreír de inmediato. Primero, para mirar a sus adentros y evaluar la consistencia, las pruebas de sus creencias (cualesquiera que éstas sean); segundo para evaluar el nivel de sus conocimientos de matemáticas, por ejemplo, y compararlo con el de aquellos ignorantes soñadores; y tercero, y último, si tiene inversiones en "depósitos" externos, para saber con certeza si están, si continúan donde deben estar.
Los dos párrafos antecedentes habrán servido, incluso al lector más despistado, para identificar la circunstancia y la persona del contemporáneo artífice de la pirámide de humo que despide el segundo bisiesto del siglo XXI.
Situados el estafador y los principales estafados en la cima de la montaña mágica, los ecos del gran timo, las avalanchas de la explosión que provocó el alud, se fueron apagando mucho antes de alcanzar el valle. Que hasta ahora se sepa, muy pocos habitantes del sempiterno Valle de Lágrimas fueron esta vez tocados por la catástrofe. Entre (muy) ricos quedó la cosa. O eso nos han contado.
Son otros nubarrones, sin embargo, los que en verdad amenazan a la gente "normal". En ocasión aún cercana, los grandes dirigentes dieron muestra de su incapacidad. Hicieron bueno el principio de Peter. Entonces se centró la cosa en Europa, y sus efectos todavía colean. Hoy, grandes responsables de los mecanismos de control norteamericanos son los que se han quedado con las posaderas al aire. Ese caldo conjunto de las incapacidades, de quienes "por definición" son (deberían de ser) los más capaces, ha derivado a su vez en el estallido de la gran burbuja, la del ladrillo y sus parentelas. Estamos entrando en áreas traicioneras de "quick sands". Son ciertamente arenas movedizas. Cualquiera puede echar mano de la prensa y de la historia para refrescar su memoria y reflexionar... sobre las señales de máxima cercanía del caos: diversas, de diferente peso, contundencia, xenofobias...
Explore cada cual a su gusto. Mis preferencias van por la literatura: ¡El Darmstadter und National ha cerrado! ¡No me extrañaría que hubiera miles de personas arruinadas! ¡El lechero dice que habrá guerra civil dentro de quince días! ¿Qué opina usted? Me vestí y salí a la calle. Efectivamente, a la puerta de la sucursal, en la esquina de la Nollendorfplatz, había una multitud de gentes [...] Las ventanas del banco tenían las rejas bajadas. La mayoría de la gente contemplaba la puerta cerrada con una intensidad casi estúpida: en mitad de ella habían colgado un pequeño aviso, elegantemente impreso en letras góticas, como si fuese una página de un clásico. El aviso decía que el presidente del Reich había garantizado los depósitos. Que todo estaba en orden. Únicamente, el banco no abriría.
EN ESAS pocas líneas del «Goodbye to Berlin», Christopher Isherwood no pudo decirlo de modo más sencillo ni más claro. Aunque es cierto que cuando lo hizo, en 1939, el Anschluss se había consumado, y la hecatombe que se desencadenaba ya no era un pronóstico. Christopher alcanzó Hollywood y hasta pudo celebrar sobradamente el éxito de «Cabaret». Lo acompañó la fortuna.
El tiempo de la aventura de «Adiós a Berlín» encaja en el último trienio de la República de Weimar. Es innecesario tratar de razonar sincronías literarias y reales con resultados de la busca en Google de las palabras que quizás pronunció Madoff. Sin embargo, como resultado de esa busca, uno de los escritos que aparecen en lugar preferente es "Bernard Madoff and the Socialism of Fools",* de cuya tesis central sólo tangenciales referencias van apareciendo en la prensa española; menos aún del salto atrás en el tiempo que ha propiciado la controversia generada por los argumentos expuestos en la tesis. La persistencia del antisemitismo engorda la sombra siniestra de un presente problemático y un futuro indeseable. Un "aseado" suicidio prende la primera nota siniestra en las espaldas del timador, cuando el humo de la pirámide parece empezar a disiparse... the winter of our discontent no ha hecho más que comenzar.
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