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   Dios entra en el marketing

logo al andar

Benidorm
-10 enero 2009-


Es cierto que el poder de Dios es muy grande, y en verdad,
para la escasa capacidad y corta vida de nosotros,
pobres monos pelones, enorme y desmesurado.
Agustín García Calvo

    SE CERRÓ el año precedente con la aparición de un anuncio en los autobuses de Londres. No era ni es una promoción institucional, sino un reclamo pagado por personas particulares, como otro anuncio cualquiera. Parece que fue todo un éxito; tanto que la iniciativa se copió en diversas ciudades europeas. En España comenzó en Barcelona y pronto llegó a Madrid.
La noticia no sería tal de haberse tratado de un detergente, de un aparato electrodoméstico o de tapar la crisis con vacaciones pagadas en Tontilandia. Esos anuncios son tan repetitivos y abrumadores que los ciudadanos ni los ven: forman parte del paisaje urbano y lo que uno no se explica es la razón por la que siguen ahí.
BUS_NOBUS_SI
Por supuesto voy a ahorrarle al lector la información que ya le han suministrado todos los periódicos. En la RED puede encontrarla bien documentada, incluidas estas fotos y otras más. Basta entrar a buscar, "con todas las palabras": Dios sí no existe autobús.

Lo que no ahorraré al lector es mi opinión, pues de eso se trata.

    LA CITA que he seleccionado para la cabecera me parece determinante. Pienso que si los promotores del anuncio la hubieran leído dos veces no se habrían metido en dispendios. Estoy a varios cientos de kms de mi biblioteca y no tengo a mano el libro «De Dios»; sólo dispongo de esa cita y otro par en mi almacén de quotable quotes, en espera de que las incorpore a la pestaña de párrafos. Sin embargo, otra de "mis colisiones" accidentales se había anticipado sin avisar. A finales de noviembre adquirí un libro al azar; no encontré en la gigantesca FNAC el que iba a buscar y me llevé otro de los que allí, siempre tentadores, se exhiben: el «Tratado de ateología» de Michel Onfray.
Interesante y apasionado este joven filósofo francés que ahora cumplirá 50 años. Defiende, pienso que honradamente, sus creencias, es decir su no creer en Dios, y lo hace radicalmente, no se casa con ninguna religión, ni pretérita ni cercana. Documenta en 22 páginas de bibliografía todas las fuentes de su exposición; no apela al razonamiento abstracto y mucho menos a la ironía o a la frescura del lenguaje que domina el catedrático, filósofo, filólogo y latinista español que lo supera en más de 30 años de andadura.

    POR LA LECTURA del filósofo joven llegué a la conclusión de que en su denodado e ilustrado empeño había derrotado a todos los "profetas" fallecidos, especialmente a Pablo de Tarso y a Mahoma, dos de sus bête noirs. De la lectura del filósofo menos joven me quedaba el recuerdo que corroboraba otras evidencias personales: la imposibilidad de razonar (y por tanto de entender) lo que está fuera del alcance de la razón.

    ESTA NOVEDOSA salida a la p... calle, para inmiscuirse en las creencias de cada cual, será de poca trascendencia siempre que no venga condimentada con la venenosa intención de enfrentar seriamente a los buenos contra los malos (calificativos rigurosamente intercambiables). Para enjuiciar las catástrofes y salvajadas, que tanto creyentes como no creyentes se repartieron (y se reparten), recomiendo el libro del francés. Para ventilar miedos irracionales y ancestrales léase «de Dios». Contando unos cinco días para terminar ambos libros, y empezando un lunes, se dispone de un espléndido fin de semana para averiguar —buceando en la RED de nuevo—, si lo que trata este marketing de Dios es de llenar otra sima, la del agujero publicitario que está vaciándose de sponsors por culpa de la crisis económica. Si una iglesia de creyentes no hubiera entrado al trapo, el globo se deshincharía pronto.

    PERO QUIZÁS se pueda sacar de la confrontación una consecuencia positiva. Habría que emplear, eso sí, a expertos encuestadores para tomar nota de los ciudadanos que dejan pasar, perdiéndolo adrede, el autobús portador del anuncio contrario a sus creencias. Si fuera significativa la cifra de quienes así proceden, es que la estupidez humana carece de límites: mandamases incompetentes y políticos falaces calentarían entusiasmados la polémica para mantenerla viva.
________ firma


 

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