Hace exactamente veintinueve días que disertaba sobre el alumbramiento paralelo de la traducción de un libro y el estreno de una película. Imaginé entonces que un viajero despistado pudiera andar por el entorno geográfico que justificaba hablar del suceso. También dejé dicho que yo no anduve por el lugar y que tampoco había tenido tiempo de pararme a investigar a fondo. Aparecer por allí sería tentador —simplemente asomarse al borde de la laguna del Vístula, pisar el pavimento de la ciudad "madre" de Kant (entonces llamada Könisberg) para rastrear lo que sea de la memoria del filósofo, seguir después 25 km al Norte y plantar cara al Báltico en el arranque del istmo para repasar otras memorias, las de Curlandia, hoy Kurski... todo eso ya valdría la pena. Sin embargo este "regreso" no es turístico sino documental: da noticia de otro libro.
No es suficiente "mi alemán" para garantizar una traducción rigurosa, pero sí para expresar el sentido del resumen que encontré en la WEB al "preguntar" por die Wolfsschanze. Esto es lo que puedo decir:
Parece que "lobo" fue el seudónimo que Hitler utilizaba ya en su correspondencia personal de los años 20, de modo que la apostilla de "guarida" era a todas luces consecuente con el secretismo que acompañó el proyecto del complejo, su utilización (tres perímetros de seguridad para acceder al Führer), las precauciones extremas contra cualquier desliz (los obreros y prisioneros que trabajaron en el ferrocarril de acceso fueron después ejecutados) y, por último, la voladura y reducción a escombros de los búnkeres en el momento de la retirada.
Chemische Werke Askania fue el nombre de la "empresa" que camuflaba a la Organización Todt que comenzó en 1940 la construcción del complejo [40 viviendas, edificios administrativos y servicios, 7 búnkeres masivos de hormigón armado cuyo espesor de muros y cubiertas llegaba hasta los 10 metros; otros 40 eran más ligeros. El emplazamiento dispuso de acceso ferroviario, dos aeródromos, enlaces por radio y telefonía con Berlín y con todos los frentes. El bunker del Führer era el nº 13].
Hitler dirigió desde allí la "Operación Barbarroja" (la invasión de la URSS) ocupándose hasta de los menores detalles.
Cuando los rusos contraatacaron en enero de 1945, descubrieron por accidente losas de grandes dimensiones y de varios metros de espesor apiladas unas contra otras sin orden ni concierto. También encontraron restos de un tendido ferroviario, (parte de los carriles todavía pueden verse hoy, oxidados y tapados por las hierbas). Los alemanes habían volado el complejo antes de retirarse. El paisaje "extraterrestre" de bloques de hormigón enterraba los 36 millones de marcos que había costado la sede del Cuartel General sólamente. Se rescataron 55.000 minas, pero aún quedan señales de advertencia en los senderos de salida.
La explotación turística ha transformado las antiguas viviendas de las SS en un hotel y un restaurante. No falta la tienda de "souvenirs" donde elegir libros, postales, porcelanas y bisutería de plata; objetos todos portadores de la etiqueta o el grabado indeleble: «Die Wolfsschanze»... sello del imaginario fantasmático, eco de un lugar a tener presente, pero sólo para recordar a quienes allí se jugaron la vida para derrocar al tirano.
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