Hace casi cinco años que me ocupé del suicidio en «delSUR»; el artículo recaló después en ANTELESPEJO. Para encontrarlo basta pinchar aquí >>> .
Vuelvo sobre el tema haciéndome eco de los dos días consecutivos en que ha sido noticia de prensa, presente o referente. En el caso presente la noticia conectó de lleno con Silvia Plath, protagonista indirecta (1) de mi antigua cita, mientras que los referentes fueron dos: Larra y Deleuze, efeméride nacional uno y tributo de una amistad el otro.
•_1)
La "literatura" médica sobre el suicidio es abrumadora. Desde el clásico texto de Durkheim hasta hoy, se ha avanzado probablemente más en el tratamiento farmacéutico de la tendencia a quitarse la vida que en el conocimiento preciso de los "mecanismos" mentales por los que deviene ingobernable. Durkheim distinguió tres tipos de suicidio: egoísta, altruista y anómico,(2) y llegó a la conclusión de que sólo es posible anular la tendencia a la autodestrucción reforzando los medios de integración social, lo cual, dicho así, es casi una petición de principio.
En la actualidad hay cierto consenso en que la depresión (causa mayor del problema) puede ser hereditaria. Se habla de "riesgo mayor" cuando se trata de familias que han sufrido el suicidio de uno de sus miembros; pero no hay evidencia genética alguna que permita cuantificar dicho riesgo.
Nicholas Hugues, hijo de Silvia, se quitó la vida este 16 de marzo (3), lo cual avala el cómputo, pero no descarta los casos en que un "aquí y ahora" extremadamente adversos hayan sido la causa determinante de la decisión. Esa adversidad cercaba a su madre en los años sesenta, aunque no parece se haya dado en Nicholas, profesor de reconocido prestigio en la Universidad de Fairbanks –Alaska-.
•_2)
El centenario de Mariano José de Larra, hoy considerado "padre del articulismo moderno español", ha propiciado las lógicas y extensas referencias de prensa, en las que el pistoletazo que acabó con su vida latía tácito o aparecía expreso; pero la reflexión más valiosa sobre las motivaciones de su suicidio ya había sido hecha en 1965, en el libro de Umbral, «Larra: Anatomía de un dandy».(4)
Hasta qué punto quitarse de en medio por "no tener más que decir ni escribir" cabe dentro del suicido anómico depende de la anchura que se acepte para el concepto "anomia". Esa evaluación es propia de psicólogos y lingüistas, pero reproduzco un párrafo de Umbral para que el lector participe:
... el Larra de los últimos tiempos [es] el escritor que ha de matarse, entre otras cosas, para no seguir escribiendo. El hecho de dejar de escribir en vida habría supuesto otra forma de suicidio no menos dramática. Sólo se suicida el que ya está muerto por dentro...
Ciertamente no importa mucho que la actitud así definida caiga del lado egoísta o del anómico; sí parece clara la ausencia de fines altruistas, a no ser que pueda considerarse "beneficio social" cortar de raíz para evitar la tentación de escribir sin talento.
•_3)
El historiador y columnista Pedro G. Cuartango (5) recordaba de sus conversaciones con Deleuze —"el gran transgresor"—, lo que éste opinaba del suicidio: única conclusión lógica de la existencia, el supremo gesto de rebelión contra las leyes de la necesidad. Reforzaba después la textualidad de la conversación el entrecomillado: «Carece de sentido morir en la cama» y cerraba su columna citando a Pascal.
•_colofón)
No esperaba en modo alguno alcanzar una conclusión sólida, ni siquiera consoladora, por haber decidido "vacar" cuatro o cinco horas sobre un tema que tildan de "maldito" las ideologías totalitarias y que los gobiernos democráticos, en general, esconden. Cualquier "estadística de suicidios" es mostración de un fracaso: porcentajes que cuantifican incapacidades de los gobernantes. El Leviatán hobbesiano puede ajusticiar (asesinar) a millones, pero no tolera que se "le" suicide un solo condenado a muerte. Por eso, a lo largo de la Historia, miles de inteligencias preclaras decidieron derrotar al monstruo ejerciendo su libertad: dieron sentido a sus vidas precisamente disponiendo de ellas. ________
(1) la amistad con ella es la sustancia del libro de Al Alvarez, suicida frustrado.
(2) el autor cerró la clasificación —"en letra pequeña" y restándole toda importancia—, con un cuarto tipo que se contrapondría al anómico: el fatalista, el que cometen sujetos cuyo porvenir está implacablemente limitado, cuyas pasiones están violentamente comprimidas por una disciplina opresiva.
(3) dio la noticia el TIMES del 23, y la prensa española la reprodujo el 24, centenario del nacimiento de Larra
(4) EL MUNDO del día 24, en "Documentos", reproduce un fragmento extenso.
(5) ibid. del día 25: «Paseos con Deleuze en Vincennes»
Apostilla
De Gilles Deleuze sólo he leído «Diferencia y repetición», obra que me resultó fatigosa pero de la que acoté las citas que ahora he volcado en la pestaña de PÁRRAFOS. Un libro aparecido por entonces, «Imposturas intelectuales» [A. Sokal y J. Bricmont -1988-], tuvo como blanco de sus denuncias párrafos de los textos escritos por diversos autores, Deleuze entre ellos. No me sirvió de acicate para insistir en la lectura del filósofo.
En otro orden de cosas, para desdramatizar un poco el tema, me parece oportuna la cita que sigue:
¿Por qué no aceptar la propuesta del suicidio que alguien nos refiere como final adecuado de su vida? Cada día que pasa encuentro más débiles argumentos para oponerme a esa idea. Prácticamente sólo me queda éste: como se trata de una decisión irreversible, piénsela bien. Salvando la distancia, lo mismo que se le diría a alguien que fuera a casarse, a ordenarse o a emigrar a Patagonia. C. Castilla del Pino: «Discurso de Onofre» |