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   hacia el «mapa» del cerebro

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Madrid
-08 mayo 2009-



     ALGUNOS de mis amigos me dicen que estoy obsesionado con el posible mal funcionamiento del cerebro; del mío, principalmente, se entiende. Admito que tienen bastante razón, pero sólo en lo que atañe a la carga de urgencia que acompaña a toda obsesión. Prisa, apremio, es cierto, porque las soluciones se dibujan más cercanas cada día y quizás en pocos años pueda ser neutralizada la amenaza mayor de destrucción del cerebro, la enfermedad cuyo nombre muchos mayores no quieren ni pronunciar. Hoy tampoco voy a hacerlo yo. Una puerta se ha abierto al optimismo, y es de ella de la que me voy a ocupar.

Henry MARKRAM     Henry Markram, el hombre de la imagen, es el protagonista, el que mantiene la puerta abierta. Director del proyecto «Blue Brain», cualquiera que teclee su nombre en la RED sabrá de su capacidad y habilidades. También de qué va el proyecto y el porqué de mi optimismo.
Markram se reunió anteayer en Madrid con los científicos españoles que participan en el proyecto que él inició hace cuatro años, y cuyo primer objetivo es "construir" un modelo informático capaz de "simular" el comportamiento del cerebro. Si tenemos en cuenta que el número de interconexiones de las neuronas del cerebro humano es incalculable [*] la sola idea de ensamblar algo que las represente para hacerlas funcionar en paralelo, "a nuestro antojo",  y poder revertir después los resultados a la realidad, es ya abracadabrante. La tarea que nace en el  Center of Neuroscience and Technology (CNT) de L'Ecole Polytechnique de Lausanne (Suiza) precisa colaboración internacional. España la presta a través de la iniciativa Cajal Blue Brain, que agrupa doce equipos de investigadores de diferentes centros científicos, liderados por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

     NO SE TRATA de «entender cómo se logra entender» —el escurridizo reto de explicar la generación de la conciencia—, sino de producir la herramienta dinámica capaz de representar la gigantesca malla de interconexiones en funcionamiento, tanto bueno como malo.
Poniéndolo muy simple, cabe decir que simular cómo funciona el cerebro cuando lo hace bien, permitirá averiguar los porqués (y los remedios) cuando lo hace mal. Pero no es el optimismo sino la prudencia el sello de los científicos responsables. Por eso hablan de un plazo de diez años para mostrar "resultados".

     QUIZÁS DEBIERA resistirme a terminar con una cita que, lo reconozco, puede confundir al lector. Sin embargo, la considero de fuerza didáctica suficiente para extraer de ella un juicio cabal sobre la polisemia de las palabras en función de su contexto y, sobre todo, hasta dónde, en el caso presente, se puede hablar de solape. La cita, resumida, dice:

     «...quien ostenta el poder [...] tiene derecho a mentir, más precisamente, a «simular», o sea, a hacer que aparezca lo que no es, y a «disimular», es decir, hacer que no aparezca lo que es.» [**]

En sentido estricto cualquier simulación —analógica, matemática, informática o en modelo reducido—, hace aparecer lo que no es... ni visible ni practicable de otro modo...
¡Ojalá Blue Brain también lo consiga cuanto antes! firma
_______

[*] de los 100.000 millones de neuronas que se calcula tiene el cerebro humano, cada una se "conecta" a otra o a varias (son las conexiones sinápticas >>> click). "Varias" puede alcanzar la cifra de 10.000, lo que justifica la afirmación de que el número de interconexiones es incalculable.

[**] Norberto Bobbio en «El futuro de la democracia» -1984-  ISBN 84-01-33286-9

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