escriba_log

   humo, chorizos y «chinas»

logo al andar

Madrid
-15 enero 2010-



Madoff     Del análisis de estafas, realizado por The Associated Press en los 50 estados norteamericanos, se lee estos días en la WEB que:  ... tras el colapso de la trama de 50.000 millones de dólares de Bernard Madoff, decenas de miles de inversionistas, algunos de ellos perdiendo los ahorros de toda una vida, vieron como más de 16.500 millones de dólares desaparecieron como humo en el 2009.

     En abril del año pasado me permití preguntar: ¿Quiénes y cuántos son los culpables del desmoronamiento global?
Como era una pregunta ahormada a la "retórica periodística", es decir, hecha para ser auto contestada, lo hice abundando en el procedimiento, asegurando que semejante fiasco planetario no lo montan solitos tres o cuatro "chorizos" de la escuela Madoff... Y terminé repreguntando: ¿dónde coño están escondidos los demás? (•)
No se me habría ocurrido abusar del truco fácil de la "auto cita" sin tener una razón suficiente, además de gratificante e instructiva. La incuestionable autoridad de un autor (que me avala sin saberlo) hace innecesarios otros adjetivos. Voy a reservar su nombre hasta el final, para que el lector disponga de elementos de juicio propios una vez leído lo que sigue.

     La entradilla que ocupaba toda la tercera de ABC del domingo día 3 reproducía sin cambio alguno las 50 palabras que abrían el segundo de los cinco bloques del artículo, y terminaba diciendo: "Todo parece haber quedado resuelto e incluso purificado con el encarcelamiento del Sr. Madof".
Ese aserto, por sí solo, ya despertó mi atención, y ésta se reforzó ante el detalle (trivial) de que recordé haber escrito el apellido del infausto personaje con la efe final duplicada.
En efecto, lo hice en las dos ocasiones que me preocupó el asunto. Porque antes de la que ahora cito hubo otra, la que fue eco de la explosión, del big bang de la burbuja capitalista. En ese antecedente seguí la estela informativa abierta por un columnista de prestigio, y remonté a sucesos históricos no muy lejanos, cuyos reflejos están en la literatura. Hasta el punto que, cuando hoy (por el pasado día 3) leía, "Hemos estado, y podemos volver a estar, al borde de una catástrofe dramática a escala global", regresé de nuevo al «Adiós a Berlín»: ¡No me extrañaría que hubiera miles de personas arruinadas! ¡El lechero dice que habrá guerra civil dentro de quince días! (••)
Una guerra que ya estaba en irreversible gestación entonces y que, en lugar de "civil", fue la segunda "mundial". Es decir, prescindiendo de elegantes eufemismos, ¿podemos volver a estar, o ya estamos al borde de la tercera?

     Al releer todas las recomendaciones del autor que me avala sólo detecto franco optimismo en la confianza que (repetidamente) dice tener en Ben Bernanke, el recién confirmado presidente de la Reserva Federal USA, "a quien se considera como la persona que evitó la catástrofe mundial". Porque al llegar a la reflexión que delicadamente define como "última" ─es decir, el simple y acostumbrado remate de toda argumentación─, es cuando el desasosiego ante una solución incierta permea de las educadas palabras que, en lenguaje metafórico pero llano, me permito interpretar:

No hay más salida que encargar la custodia de los corderos a los lobos...
y confiar en que éstos moderen su apetito.

Confianza que los hombres de la calle iremos reforzando mientras los despidos por depuración de responsabilidades no vayan dotados de compensaciones económicas abrumadoras, y mientras las liquidaciones de las instituciones responsables de la crisis no sean arbitrarias, de modo que le «toque la china» a quien le tenga que tocar.
Porque de lo contrario, las palabras [todas] de Antonio Garrigues Walker, el ilustre jurista, no serán siquiera una pavesa de la gran combustión.
_______

(•) 3 abril 2009      (••) 31 dic 2008 

firma

a alandar Valid HTML 4.01 Transitional