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   leer a Sloterdijk (grado 1)

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Madrid
-15 febrero 2010-



Apolodoro de Damasco, ingeniero y arquitecto griego nacido en Siria, proyectó y dirigió la construcción de las grandes obras y monumentos de la época del emperador Trajano (98-117); condenado al destierro por Adriano, sucesor de éste, fue ejecutado hacia el año 130.
[trad. de © Britannica CD ed. 1995]

    En un artículo antecedente [•] anticipé la probabilidad de "volver" a Sloterdijk. También enuncié el significado (particular) que le di a "situarse en el grado cero".
Barthes_grado 0 Es probable que algún estudioso, algún lingüista en especial, frunciera el ceño porque al menos no citase la sustancial diferencia de mi "definición" con la de Roland Barthes. Pero si al eminente semiólogo francés no lo cité entonces, fue porque los grados de lectura que tenía (y sigo teniendo) in mente no se correspondían (ni se corresponden) con la ya clásica exposición de 1953, que él hizo en «Le degré zéro de l'écriture»1. Cuando allí dice que la escritura en su grado cero [...] es más bien una escritura inocente, es obligado explicarse si no se pretendía que lo fuera. Inducir a la lectura de un autor "difícil" puede ser bienintencionado, pero nunca inocente.

Si en la etapa de iniciación ("mi" supuesto grado cero), bastó arrancar de la simple presentación de un acontecimiento según lo hizo otro autor de fácil lectura, para este paso siguiente eso no basta: el "grado uno" precisa ampliar la perspectiva; no sólo aportando más autores, sino profundizando, además, en el segundo nivel de lectura a que obliga el protagonista (Sloterdijk, por supuesto).
La selección de autores la puso fácil el discurso centrado en Apolodoro –que ocupa cuatro páginas en «Esferas II »2–, discurso que también desarrolla la sustancial (obsesiva) "preocupación" del filósofo, manifiesta en los tres volúmenes de ese título, y destilada en otro libro posterior.

PanteónEl ingeniero militar y arquitecto Apolodoro de Damasco hizo posible el momento estelar del pensamiento constructor cuando consiguió ganar a Trajano, y más aún a su sucesor Adriano, para la causa de la edificación de un templo esférico sin par.

Con esas palabras arranca la extensa exposición de Sloterdijk sobre el personaje. Volveré a ella después de las citas que han motivado mis propios argumentos.

   • La primera cita, como se dice enfáticamente, estaba cantada: bastaba haber celebrado en su día el éxito de «Memorias de Adriano»3, el libro_documento_novela de Marguerite Yourcenar, que contó con el entusiasmo explícito del entonces presidente del gobierno español:

Hombre de talento, había sido el arquitecto favorito de mi predecesor y a él se debía la erección de la Columna Trajana. Entre nosotros no existía el menor afecto; en un tiempo se había burlado de mis torpes trabajos de aficionado, mis aplicadas naturalezas muertas con calabazas y zapallos. Por mi parte había criticado sus obras con presunción de muchacho. A su tiempo Apolodoro denigró las mías [...] me reprochaba haber poblado nuestros templos con estatuas tan colosales que, de levantarse, romperían con la frente la bóveda de sus santuarios [...] Pero los dioses no se levantan; no se levantan para prevenimos, ni para protegemos, ni para recompensamos, ni para castigamos. No se levantaron aquella noche para salvar a Apolodoro.

La adecuación a la Historia que se impuso la autora es manifiesta en la "Nota" final:
[...] Vincular la ejecución de Apolodoro a la conjuración de Serviano no pasa de una hipótesis, acaso defendible.
[...] fue en fecha muy reciente, y merced a las marcas de fábrica de los ladrillos que se utilizaron para edificado, que sabemos que el honor de la construcción o de la reconstrucción total del Panteón le es debido a Adriano, a quien se creyó por mucho tiempo sólo el restaurador.


   • La segunda cita era de muy fácil recuperación siendo, como es mi caso, (re)lector de la inefable «Historia de Roma»4 de Indro Montanelli que, en el capítulo dedicado a Adriano, dice entre otras cosas:

En privado se mostraba escéptico, mofándose de los dioses y oráculos. Pero cuando ejercía sus funciones de Pontífice Máximo, ¡ay de quien daba señales de irreverencia! Personalmente no se sabe en qué creía.
Tal vez en los astros, pues de vez en cuando hacía horóscopos y estaba lleno de supersticiones sobre los eclipses y las mareas. Pero como consideraba a la religión como un puntal de la sociedad, no permitía ofensas públicas a aquélla, y personalmente trazó el proyecto del Templo de Venus en Roma, tras haber hecho matar a Apolodoro que había contestado a su invitación con una negativa despreciativa.


   • Seleccioné dos citas más, ajenas a interpretaciones literarias y redactadas, una mucho antes, y la otra bastante después de las precedentes:
[...] Según Dión Casio y corroborado por Tzetzes, autor del siglo XII, Adriano primero condenó a Apolodoro al destierro y después lo hizo ejecutar por su osadía.5
[...] Apolodoro fue condenado y muerto por orden del entonces emperador Adriano, que lo hizo ejecutar por haberle increpado su afán por la arquitectura.6



Esferas 2    Es el momento de volver a lo que Sloterdijk cuenta e interpreta valiéndose de la figura de "el damasceno".
Para empezar, sólo dedica a su muerte un par de líneas, y además entre paréntesis. Recoge el testimonio de Dión Casio, pero añade que otras fuentes parecen contradecirlo. Lo que para el filósofo alemán hace "importante" al arquitecto se recoge en afirmaciones como las siguientes:

En el cemento romano (opus caementitium), del que está hecho el núcleo de los muros y la cúpula del Panteón, se realizó concretamente el concepto esférico.
[...]
Gracias a su audacia arquitectónica, que impresiona aún después de milenios, Apolodoro aventuró la tesis de que la arquitectura estaba en ese momento tan adelantada que podía medirse a la misma altura con las dos cumbres de la idea del mundo a la vez. [...] al concepto filosófico le daba lo suyo al aceptar el reto de demostrar que la esfera ya no sólo podía ser construida como modelo a mano para estudios matemáticos y astronómicos, sino que también podía realizarse como gran templo y como símbolo formal construido de la amplitud cósmica.
[...]
... ya era técnicamente posible (con ayuda del hormigón y de una técnica avanzada de encofrado*) construir el cielo mismo, en tanto cielo-cobertura.

* remite a la nota donde acredita su fuente y añade: Por cierto que hasta hoy no se sabe todavía cómo solucionó Apolodoro el problema del encofrado antes del colado de la cúpula.

    He destacado en negritas la esfera porque, a mi juicio, es ésta la ocasión en que el lector tiene más fácil entender lo que Sloterdijk pretende con su trilogía. Aunque es cierto que, si la simple inspección de la figura del corte transversal del Panteón no le ha intrigado lo suficiente, probablemente mi argumento final no le servirá para embarcarse (sumergirse, sería más apropiado decir) en dos mil doscientas páginas. El esfuerzo es arduo pero recibe una recompensa capital: la respuesta al por qué todos los poderosos de la tierra, desde el principio mismo de su ejercer (el poder), se empeñaron en salvaguardar dentro de una esfera el encierro de sus humanos súbditos y, cuando una esfera no les bastó, imaginaron otras concéntricas... hasta que un estudioso bienpensante parió una definición 7 y el cuento se vino abajo. La búsqueda exhaustiva de todo lo que toque o se relacione con lo esférico, lleva al autor a seleccionar fotografías [desde Akenatón y Nefertiti –siglo XIV a.C.– hasta cuatro niñas y cinco pompas de jabón –1945 en Nueva York–] y citas de autoridad que suman casi 1.500. No se puede ceder a la tentación de "ahorrase" éstas; no son muestra de vana erudición, sino ejemplo contundente de lo que Sloterdijk ha tenido que leer para que ahora, al leerle a él, participemos un poco del festín de la cultura. "Grado uno" sería entonces aprehender, más allá del significado, el sentido de ese festín.
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        Creo que ya lo dije: las afirmaciones tajantes que abundan en «Esferas» sirvieron a muchos de piedra de escándalo. Puede que los escandalizados tuvieran algo de razón, porque en su siguiente libro, «En el mundo interior del capital», Sloterdijk se "modera" bastante, aunque sus tesis permanecen incólumes.
Cabría, a mi juicio, hacerle una corrección festiva: asignar a los continentes (a la tierra firme) el papel de los contenidos (por el agua de los océanos) me pareció divertido, pero no terminó de convencerme. Por mucho más grande que sea la superficie de las aguas frente a la de las tierras emergidas, son éstas las que contienen a aquellas. Hasta en lo más profundo de los fondos abisales alcanza la corteza terrestre (que allí, por supuesto, es más delgada) para seguir "conteniendo" y servir de recipiente a las aguas. Si el ciclo hidrológico no devolviera, transformada en lluvia, el agua evaporada, los continentes se quedarían sin nada que contener, pero mostrarían toda su rotundidad a los roedores e insectos del fin del mundo.
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1 el grado cero... [traducción: Nicolás Rosa] :: ISBN 968-23-0110-6
2 Esferas II [traducción: Isidoro Reguera] :: ISBN 978-84-7844-754-1
ibid.: imagen del corte transversal del Panteón página 378.
3 Memorias... [traducción: Julio Cortázar] :: ISBN 84-226-1896-6
4 Historia... [traducción: Domingo Pruna] :: ISBN 84-01-55009-2
5 Chamber's Encyc. [traducido de la] :: LCCC nº 66-19618
6 Wikipedia [versión reciente; más breve que otra anterior en la que cita
el tratado sobre ingenios militares «Poliorketa» que Apolodoro le dedicó a Adriano]
7 Hubo más de una definición, pero destaca la de el Cusano en el libro segundo
«De docta ignorantia» que hizo coincidir a Dios bendito, centro de la tierra y de todas las esferas
[...] y a la vez el contorno infinito de todo.

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