Es una afirmación trillada decir que un escritor no desaparece cuando muere porque nos queda su obra; sin embargo, desde las 7 horas de la mañana de hoy, ha sido reforzada con un protagonista más, éste de la clase "primus inter pares". El fallecimiento de Miguel Delibes, por esperado, será cubierto por más miriadas de hojas de lo normal, y todas competirán en ensalzar su figura y sus libros. No habrá una sola línea que pueda citar de él algo reprochable porque el eximio vallisoletano ha sido un exagerado ejemplo de bonhomía.
Cuando pase la avalancha de información —en menos de 12 horas la RED devolvía más de siete mil respuestas sobre el suceso (la primera desde Moscú con la fotografía adjunta)—, será tiempo de recordar.
Sólo tengo en mi biblioteca ocho títulos de los más de cincuenta que escribió, pero ya uno, de los menos citados de su bibliografía, orientó mi camino. Hace pocas fechas lo traje aquí.
Descanse en paz el hombre cuya mayor aspiración fue ser considerado "bueno". ¡Vaya si lo consiguió! ___________ 
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