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   «de granjas, gentes y peces»

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Madrid
-15 abril 2010-


Nuestras convicciones sobre lo que es el agua
han sufrido dramáticas revisiones en el transcurso de la historia.
Philip Ball

El whiskey es para beber, el agua para luchar por ella.
Mark Twain

     La noticia llevaba ese título, aunque debo decir que no con esas palabras porque estaba en inglés o, más exactamente, en american english como a ellos, los norteamericanos de USA y Canadá, les gusta precisar. También llevaba varada entre los papeles de mi escritorio desde la primera semana de noviembre de 2009. Un buen amigo, Jan Backer, holandés por más señas, la había depositado allí en un cruce de ausencias. Ocupaba, es decir sigue ocupando, tres páginas completas de la revista «The Economist» del 24 de octubre. Su sonoro título original, «Of farms, folks and fish», apunta más allá de lo subliminal a "Of mice and men" [De ratones y hombres]* de John Steinbeck. Luego se descubre que, efectivamente, el anónimo cronista lo tenía in mente cuando cita escenas de "The grapes of wrath" [Las uvas de la ira], secuelas de la gran depresión comparables al conflicto actual que ilustra en toda su crudeza: tierras estériles... interminables colas de agricultores... áreas donde el desempleo  alcanza el 40%.

deltaLa persistencia del problema del reparto del agua en California corre paralela a la persistencia de la memoria, –mi cuadro fetiche–. La conexión circunstancial (de la noticia, conmigo, anticipada quizás por mi amigo), se debe al hecho de que en el año 1970 pasé unos meses entre Denver, Phoenix y Los Ángeles, "learning". Sería no exagerado sino falso afirmar que entonces pude captar la dimensión de la disputa, empezando porque los tres "armies" [ejércitos] bien diferenciados de hoy, "environmentalists" [defensores del medio ambiente], "urban consumers" [urbanitas] y "farmers" [granjeros], se reducían como mucho a los dos últimos. Los primeros, conocidos también en USA como "greens" [los verdes], empezaron a ser un grupo de presión organizado precisamente por entonces; así se deduce del siguiente párrafo de la crónica:

With increasing success since the 1970s, greens have argued that the delta in particular, and California dammed rivers and wetlands in general, are on the verge of ecological collapse and must be saved.
[Desde los años 70, con éxito creciente, los verdes han sostenido que el delta en particular y, en general, los ríos embalsados y tierras cultivables de toda California están al borde del colapso ecológico y deben ser salvados.]

El cronista emplea el verbo fuerte "to save" en lugar de otro sinónimo menos contundente, "rescue or preserve" [rescatar o proteger], enfatizando, sutil o instintivamente, que el conflicto cobró una nueva dimensión desde entonces, la dimensión que hoy, cuarenta años después, pone a los Demócratas (partido más afín a los verdes que su oponente) frente al "tsunami" que puede barrerlos en las elecciones (estatales) de 2010, en el caso de que no encuentren el modo de manejar la situación... "if they don't handle it well".

     Si, como pienso, ni granjeros ni urbanitas detectaron en 1970 el nacimiento de un tercer contendiente, mucho menos podía hacerlo un FAO_fellow transeunte. Sin embargo, la evocación me sirve para citar la vívida impresión que conservo, ligada precisamente a unas elecciones "locales" –no puedo precisar mejor su alcance–, que se celebraron un día de los treinta y tantos que pasé en el Water Resources Dept. de Los Ángeles.
Los motivos de la agitación inusual que observé nada más entrar aquella mañana en la oficina me fueron explicados de inmediato por la pareja que ocupaba "mi" mesa: "it's polls day" [día de elecciones] dijeron, o algo parecido. Si se tiene en cuenta que (por entonces) las únicas "elecciones" coetáneas a mi biografía se remontaban a la segunda República Española, y que me las perdí por pocos meses, es fácil comprender mi interés en participar, es decir, en aprender y entender por qué aquellas personas anotaban, recuadraban, tachaban, debatían y comparaban nombres de las listas (de candidatos) que intercambiaban y reexaminaban. Algún que otro debate en las mesas próximas subió de tono, aunque no demasiado. Eso me facilitó preguntar (y averiguar) lo esencial: que los nombres de los candidatos eran evaluados, uno por uno, según los allí presentes sabían de sus cualidades, de su historial de promesas cumplidas y, sobre todo, de las fallidas. De ese modo supe que a un John or Jane Doe lo barrieron de todas las mesas por los testimonios contrastados de que las mejoras de la iluminación que un día prometió brillaban por su ausencia todavía; otros cayeron por olvidarse de los jardines, de la vigilancia de las calles, de los animales domésticos... "and so on".
Lamento no acordarme de si los problemas derivados del agua, de su disponibilidad o de su precio, aparecieron en los debates. Pero tuvo que ser así, porque allí había gente que vivía muy lejos del centro urbano, por ejemplo más allá de Glendale, donde todas las mañanas "at 7.30 sharp" me recogía un turismo distinto para acercarme a la oficina, un coche que ya venía cargado con 5 ó 6 personas incluido el conductor, el mismo que el día anterior fue pasajero como yo, o que lo sería al día siguiente.

smelt     Quizás la evocación antecedente haya sido excesiva o extemporánea. Si no la he reprimido ha sido por dar suelta a la frustración contenida, una y otra vez, al contemplar la caja de Pandora que ninguno de nuestros partidos políticos ha osado abrir: la urna que debería contener listas abiertas, como las que en aquella excursión tan lejana desplegaban en mi presencia.
Pero retorno para terminar al epígrafe, "a chance to make history" [una oportunidad de hacer historia], que cierra el "briefing", la noticia o crónica breve que me ocupa.
El cronista concreta la única solución posible que, por perogrullesco que parezca, se resume en la conveniencia de enterrar las hachas de guerra y llegar a un acuerdo. Acuerdo que pronto sabremos si lograron sellar; si continuará vigente la ley federal de 2007 que redujo drásticamente los caudales de extracción en el delta de Sacramento, para no poner en peligro la especie de un pequeño pez , el "smelt", pariente del salmón o del arenque –no he logrado precisarlo–, que está amenazado de extinción** por culpa de las extracciones masivas de agua en el delta de Sacramento: las bombas lo succionan y trituran.
Es materia opinable, por supuesto; pero, si gentes tan ejercitadas en democracia de listas abiertas no consiguen llegar a un acuerdo, el agravamiento de la crisis volverá a sentirse en Europa.
La inferencia es sencilla: el estado de California por sí solo, como destaca el cronista, es la octava potencia económica mundial. Sus temblores, no digamos su quiebra, alcanzarían más allá de los efectos del batir de alas de la mariposa... aunque esta vez a la metáfora le cuadren mejor las aletas de un pececillo.
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* en otro contexto [•]

** la fotografía da idea del tamaño del smelt, poco mayor que el de un pececillo; su pie destaca por el sutil énfasis que impone la raíz latina de "resuscitation", en lugar del más común "revival" que probablemente habría usado su autor en una situación menos explosiva.
firma

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