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Tuve que esperar un par de meses por lo menos hasta recibir el muy publicitado y exitoso libro de Daniel Estulin. Ignoro la causa del retraso pero, sea cual fuere, importa poco, y especular sobre ello, baldío; también redundante, porque de gruesas especulaciones ya tratan estas líneas.
He leído las 478 páginas del libro pasándolas más deprisa de lo que acostumbro. No me hacía demasiadas ilusiones de poder encontrar algo más allá de lo "revelado" por su autor en sus non–fiction books.(1) Antes de doblar el medio centenar de páginas ya no me quedaba ilusión alguna: el pequeño porcentaje de ficción sobre realidad, tal como se publicita, puede que fuera escaso, pero el "tempo" narrativo elegido (acertado sin duda para encandilar al lector) sepultaba lo documental. Sin embargo, lo que acoté de la pag. 20 "exigía" continuar leyendo. Allí decía/dice:
El colapso financiero mundial destruirá la riqueza, acabará con el nivel de vida de todos y deshumanizará a la población, convirtiéndola en un rebaño de ovejas todavía más asustadas que ahora.
Conviene tener en cuenta la fecha en que aparece la traducción española: 5 de mayo de 2010. Estulin, por tanto, se anticipó al menos unas semanas a la llamada de atención de la presidenta alemana [ ], aunque eso no lo convierte en profeta porque, para entonces, el deterioro económico europeo sólo era minimizado por el presidente español.
En cualquier caso, el papel de periodista arriesgado está respaldado por trazas de investigador estudioso. Valga de ejemplo la cita de "la desintegración de la Banca Lombard" que en 1345 acabó con buena parte de la civilización europea.
Ese apunte sugiere que los desastres subsiguientes se centraron en la quiebra bancaria lombarda cuando, en realidad, derivaban de la «Guerra de los Cien Años», contienda interminable que hubo de abrir un paréntesis de calma para hacer frente a un enemigo común: la peste negra, la brutal epidemia que brota en Asia Central en 1338 y golpea Florencia –sede de la Banca– diez años después.
La desintegración bancaria (2) se había producido hacía entonces tres años, pero resulta excesivo concederle a ésta el total y nefasto protagonismo liquidador de civilización, cuando la peste se llevó por delante a 25 millones de europeos, y a otros tantos asiáticos también.
Sin embargo, sucesivas afirmaciones que Estulin pone en boca de los conspiradores de Octopus y de sus competidores, más que predicciones son constataciones –desde y dentro– de la oscura realidad presente. Véase:
Un pequeño grupo de individuos muy poderosos está a punto de apoderarse de los mercados financieros mundiales. Si lo logra en el actual clima de colapso económico, estaremos a un paso de la tercera guerra mundial.
Más allá de mi escasa afición a los bestsellers que, por supuesto, no implica incitar a no leerlos –incitación que sería, además de inútil, contra natura, contra las leyes del mercado–, debo rescatar de éste una de las últimas sentencias con la que estoy de completo acuerdo. Incrustada en el caos que el autor ha elaborado para terminar con un final epatante, es fácil que algún lector no haya reparado en ella:
Ni la evolución biológica, ni la cultural son garantía alguna de que estemos avanzando ineludiblemente hacia un mundo mejor.
También suscribo la amenaza potencial que reside en PROMIS, consecuencia lógica del progreso de la informática. Progreso que es imparable porque se retroalimenta, es decir, aunque ayudado todavía por nosotros "come" de sí mismo... y lo seguirá haciendo hasta que no necesite ayuda de nadie.
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(1) Los que dedicó al «Club Bilderberg» y lo catapultaron al éxito internacional.
(2) El principal deudor de los banqueros lombardos fue Eduardo III de Inglaterra. Su guerra de conquista en Francia terminó por sumir a ésta en un desastre económico mayor que el endeudamiento al que él había arrastrado a su país.
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