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Una iniciativa, acorde con el signo de nuestro tiempo, parece que llegó a medio centenar de ciudades españolas. Al igual que en el caso de los habitáculos, la idea original fue de una empresa japonesa; y si en aquéllos se trataba de alquilar un espacio mínimo donde vivir, ahora de lo que se trata es de alquilar un amigo o amiga para una ocasión específica (quizás dilatada o repetida, pero no definitiva). Amigos o amigas de alquiler a precios económicos o de lujo, según las posibilidades de quien los reclame.
Como primera consecuencia, inocente pero decepcionante, la frase tópica "un amigo no tiene precio" ha estallado en mil pedazos.
Cicerón, en el opúsculo «De amicitia», decía: "... la amistad no es otra cosa que un acuerdo pleno en todas las cosas divinas y humanas en combinación con el afecto y el cariño: no sé si puede haber algo mejor que le haya sido dado al hombre por los dioses inmortales, excepción hecha de la sabiduría." (1)
Es evidente que el ilustre abogado romano tenía un concepto de la amistad a escala planetaria y puede que excesivo. Sin embargo él mismo, antes de definirla, había limitado la relación de afecto a dos personas o poco más. Es decir, había partido de lo mínimo hacia lo planetario dejando que cada uno fijase los límites según su experiencia, y que averiguase hasta dónde le alcanzaba, es decir, respondiéndose a la pregunta: ¿cuántos amigos tengo?
Por mi cuenta y riesgo, sin pretensiones doctrinales, expresé en una ocasión lo que era para mí la amistad radical (2). No tenía a mano entonces el opúsculo que hoy cito, pero sí debía estar 'latente'. Aunque mi definición, pegada al suelo, quedó lejos de la ampulosa y brillante retórica ciceroniana –¡qué duda podría caber!–, era tanto más ambiciosa, condicionada por el atributo 'radical'. No obstante, de lo que ahora se trata está lejos –si es que tiene algo que ver– de definiciones o interpretaciones filo-sociológicas: es una iniciativa empresarial acorde con el presente que vive el mundo 'occidental'.
Scott Rosenbaum responde a la cuestión: ¿es un amigo alquilado, un amigo real? (3), y su respuesta retrata con justeza la actualidad.
A pesar de las opiniones contrarias, no ha inventado nada especialmente novedoso: agencias matrimoniales, contactos en prensa, guías turísticos, 'escorts'… le han precedido. A mi entender el chispazo inicial del rechazo está agravado por la traducción de "rent a friend" y de "rented friend": "alquila un amigo " y "amigo alquilado" suenan fatal. He preguntado si "lloga un amic" y "amic de lloguer", en catalán, producen la misma impresión. La respuesta de Eduard Batista, uno de los pocos amigos radicales que me quedan, fue:
Por lo que recuerdo, hace años ya se hablo de algo así, de alguien que celebraba una fiesta o incluso una boda y alquilaba gente que se hacia pasar por amiga para dar más boato... no sé si tuvo mucho éxito pero se criticó bastante. Veo que hay cosas que aparecen y desaparecen como el río Guadiana.
Eduard termina su comentario matizando la figura de lo que podríamos llamar 'amistades de relleno':
Sin comparar pero con una cierta similitud: ¿quién no ha sido invitado en su juventud a alguna fiesta sin ser amigo ni conocer al dueño, sólo para llenar algún hueco o porque faltaban chicos?
Volviendo a la iniciativa de Scott, éste la defiende argumentando que ayuda a la gente, que Internet ha reemplazado el tiempo que pasamos cara a cara, y hay mucha gente ahí fuera que quiere salir y socializar con nueva gente, pero lo tienen difícil.
Es un razonamiento cojo, a mi entender: aunque sea válido para algunos, el precio agravará la dificultad para la gente de pocos recursos. El mismo Scott lo sentencia al añadir que las redes sociales –con cita expresa de Facebook–, no generan verdaderas amistades, tal y como se definían en el pasado. Con ello viene a decir que no estamos hablando de amistad, sino de otra cosa, de un 'servicio' más de la sociedad de consumo y, por tanto, sometido a la ley de oferta y demanda.
Mark Vernon, autor de «The meaning of friendship», cree que iniciativas como ésta terminarán por destruir el concepto de amistad. No soy tan pesimista. Los (pocos) amigos que cada uno tenga se conservarán y reforzarán en la adversidad. Ante nuestros ojos, hoy, una actitud no publicitada lo demuestra: miles de personas sin empleo se sostienen complementando su magro ingreso residual del paro (si todavía lo perciben) con la ayuda que les prestan familiares y amigos. Helos ahí; sin ellos, la estrategia de los gobernantes, —orientada tan solo a perpetuarse en el poder en lugar de esforzarse en la construcción de empleo—, habría agotado la paciencia de los 'nuevos menesterosos' y el estallido social se habría producido ya, llevándoselo todo por delante. En semejante situación, los amigos de alquiler no pintan absolutamente nada.
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Adenda obligada
Habría sido imperdonable dejar fuera de los argumentos que anteceden los que aglutina la película «The Social Network» de David Fincher, estrenada el mes pasado en España. El cartel publicitario que inserto arriba está en multicine.
Supe de la película cuando había cerrado el artículo. Volcarlo antes de ir a verla era absurdo desde el momento en que el cartel 'habla' de 500 millones de amigos. El mensaje tergiversa (misleads), porque los grupos de amigos 'virtuales' que surjan en la red nada tienen que ver con las amistades (y enemistades) de su creador. Pero ese reparo es trivial: los mensajes importantes están ensamblados con la maestría de Aaron Sorkin (el artífice de The West Wing). Llenan la pantalla con la fuerza y verosimilitud de situaciones y diálogos; 'torrenciales' éstos, empezando por el primero que el espectador hará bien en no perderse si quiere entender al personaje, a Mark Zuckerberg el creador de Facebook, interpretado por Jesse Eisenberg.
La publicitada 'dificultad' de seguir el argumento me parece exagerada. Es cierto que fuerza la atención del espectador en alguna que otra 'solución de continuidad' sorpresiva. Pero con ese ardid redondea el calidoscopio total, el producto y reflejo de las redes (de calcada naturaleza) que se han apropiado del adjetivo 'social', sin que hasta el momento (que yo sepa) haya mediado objeción alguna.
Imagino innecesario recomendar a la 'gente joven' que no se pierda la película. Quizás los mayores, los abuelos sobre todo, necesiten un empujón. La informática, por supuesto, es el telón de fondo insoslayable: con brillantes chispazos que a muchos sabrán a poco y que los profanos detestarán. Sin embargo, creo que al salir del cine unos y otros estarán de acuerdo en que conjugar amistad y precio equivale a mezclar desinterés y ganancia. Y eso vulnera el principio de contradicción. __________
(1) «Sobre la vejez. Sobre la amistad» - traducción de M. Esperanza Torrego Salcedo :: ISBN 978-84-206-4964-1
(2) "... la que nace entre dos personas en un momento indeterminado de la vida y al correr el tiempo, sin pregonarlo, ambas son conscientes de que pueden contar con el otro para siempre y para lo que sea." [vid. en «conceptos»: pésame]
(3) véase en »»» Is a rented friend a real friend?
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