A mi amiga Christy, psicóloga,
que pelea bravamente en el entorno British.
Dentro de ese espacioso saco de la ciencia social colocan críticos y admiradores el contenido de la película que Stephen Frears destiló del famoso cómic que fue antes ilustrado por la excelente Posy Simmonds.
La presentación del film en España no se ha hecho con muy relevante aparato publicitario. En la ciudad donde ahora vivo el aparato no es que haya sido irrelevante, es que no ha existido: título escueto en la cartelera general de espectáculos y quien quiera saber más que se las busque. Naturalmente, la WEB es la herramienta imbatible para casos tan sencillos como éste. Así que la falta de información de la prensa local sólo dañaba a los impermeables o temerosos de caer en las redes de la red.
No sé hasta qué punto cabe calificar el argumento de costumbrista: la caracterización de papeles se ajusta a los tipos en un modelo de costumbres 'británico', sin duda, pero que salvada su no disimulada identificación es aplicable a las relaciones de intercambio entre personas de cualquier país occidental en el presente siglo y momento.
Proporcionar albergue y hospedaje a escritores que buscan la tranquilidad y la calma que necesitan para concentrarse en su labor creativa no creo que sea patrimonio exclusivo de un país. Es muy probable que más de una de las 'hosterías' rurales dispersas por la geografía española haya servido o sirva a los mismos objetivos de reposo y silencio para escribidores. En cambio es muy improbable la coincidencia de funciones con las de los propietarios del hostal ubicado en el villorrio al que regresa la explosiva Tamara. Y esas funciones, —la del escritor de éxito, pero fatuo, aprovechado y 'mala gente', y la de la esposa entregada y capaz, secretaria a tiempo completo y reservorio de las ideas que luego explota su cónyuge—, soportan el eje del argumento; de toda la peripecia que corre paralela a las veleidades de la chica veinteañera.
Otras dos criaturas, éstas aún en la frontera de la adolescencia, acompañan e hilvanan el transcurso del tiempo de la aventura. Son un hallazgo; sin ellas la anécdota quizás se hubiera vaciado por el desagüe de lo ya sabido. Como representantes de los polos entre los que se mueven las actuales teenagers no tienen precio.
Una película que pueden (deben) ver los mayores para regocijarse, los padres con hijas adolescentes para enterarse de lo que hay, y los chavales de ambos sexos para saber de los efectos del uso compulsivo, irresponsable o malicioso, del teléfono móvil.
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Posy Simmonds trabaja para The Guardian, periódico que publicó por entregas Tamara Drewe, recopilada posteriormente en una novela gráfica.
Stephen Frears, director de la muy celebrada The Queen, presentó la película en el Festival de Cannes de 2010.
Gemma Arterton —recorte del poster-cartel de la película— encarnó a la Tamara del dibujo.
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