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   Leyendo a Philip ROTH

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Benidorm
-15 de febrero de 2011-


… el único novelista norteamericano vivo cuya obra
está siendo editada por «The Library of America».


     El párrafo acotado que sigue pertenece a «Pastoral Americana», premio Pulitzer de 1977. Transcurridas tres cuartas partes de la narración, el protagonista conmina a su hija a que hable. La novela sobrepasa las ciento cuarenta mil palabras; treinta y una le han bastado al autor para asfixiarnos con él en la apestosa podredumbre:

"¡Habla!"ordenó, y entonces le llegó el verdadero olor que ella exhalaba, el más pestilente de los olores humanos excluido tan solo el de la carne viva en putrefacción, o muerta ya.

     No fue demasiado fácil encontrar una muestra 'representativa' lo más breve posible. El estilo de Roth —lo afirmo subyugado todavía por el encantamiento de su prosa única— nos transporta aturdidos desde las reflexiones íntimas de su 'alter ego' (Zuckerman, Kepesh…) o desde las de otro personaje cualquiera de la trama. También se mueve del estilo directo al indirecto y a veces lo hace al modo ortodoxo, pero en general le deja al lector la tarea de descubrir a cuál tempo pertenecen las reflexiones del personaje que habla o piensa. Es el clásico autor que obliga a retroceder y a leer dos veces un diálogo o párrafo extenso. La diferencia con la mayor parte de otros grandes autores está en la urgencia que empuja a repetir por segunda vez emociones ya disfrutadas, no a releer porque malentendimos o no pudimos captar algo que se nos antoja importante.

     Pude haber 'descubierto' a Roth no mucho después de la fecha de su primer éxito. Una edición de bolsillo de 1959 de «Adiós Colón» está en mi biblioteca desde 1968. Sin embargo, por entonces me entregué fascinado a las versiones originales, manejables y baratas, de los libros de Huxley expuestos a la venta en las librerías de Denver: «Los diablos de Loudun» e «Isla», entre otros, desplazaron la lectura de los cuentos de Colón. Aplazar la lectura de un autor es algo que le puede pasar a cualquiera. El mes pasado pregunté por Roth a varios amigos, todos lectores de peso, y sólo un par de ellos recordaba o sabía de alguno de sus libros. Sin embargo hay evidencia de que la situación no es general; por el contrario, se ha volcado a la inversa.

     Una experiencia de lectura satisfactoria puede inducirnos a explicar y recomendar los libros que disfrutamos, pero no hay garantía de que éstos vayan a producir las mismas emociones en nuestra audiencia. Mi experiencia a partir de los ocho libros de Roth que he leído hasta hoy se mueve entre el asombro y expectativas, en cierto sentido, defraudadas. No podía ser de otro modo: 'pasajes de sostenida brillantez', como uno de sus críticos los define, son tan frecuentes que terminas creyéndolos inagotables mientras, por otra parte, el retrato del comportamiento humano que Roth saca de sus creencias y convicciones jamás conduce a un final feliz; él no se apartará de sus conclusiones pesimistas ...

... la vulnerabilidad, la fragilidad, el debilitamiento de las cosas supuestamente robustas.

     Esta última cita está a siete líneas del final de «Pastoral Americana». Nadie excepto su autor podría contar si la escribió fácilmente o tuvo que sudarla, aunque me atrevo a decir que la derramó sobre el papel sin el menor esfuerzo, porque esa frase es el resumen extremo y categórico de todos los argumentos que su talento de escritor convirtió en más de tres millones de palabras.
Y, a modo de broche, conviene tener en cuenta un dato significativo: Roth no ha superado todavía la expectativa de vida media en los Estados Unidos…  y ¡continúa escribiendo!firma
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→ en la pestaña «párrafos» hay acotadas citas de novelas de Roth.

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