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   RETROCESIÓN

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Benidorm
-06 de abril de 2011-


Es nuestra obligación velar todos juntos para que nuestra sociedad siga siendo una sociedad de la que podamos sentirnos orgullosos, y no esta sociedad de indocumentados, de expulsiones, de sospechas con respecto a la inmigración; no esta sociedad en la que se ponen en cuestión las pensiones, los logros de la Seguridad Social; no esta sociedad donde los medios de comunicación están en manos de los poderosos.

Stéphane Hessel
«Indignaos (Indignez-vous)»

     No es una palabra del lenguaje corriente, pero cualquiera que la oiga pensará sin duda que su significado debe andar por el entorno de 'retroceder', de volver o de volverse atrás, y en efecto esa es la primera acepción que figura en el DRAE. La segunda se centra en el campo del Derecho y matiza que es precisamente eso lo que se le cede a uno: el derecho, o cosa que él había cedido antes.

     Viene a cuento la mínima reflexión que sigue porque varios millones de ciudadanos hemos tenido que ceder a la Administración del Estado lo que ésta nos había (con)cedido antes. En la arrastrada y grave fase de una crisis que a decir del presidente de gobierno (también él en fase terminal) no lo era, y ante el panorama de desahucio de esta nación, plural y cainita, cedimos sin rechistar, ¡qué remedio! Y esa cesión es nada menos que la entrega del 'futuro' que cada jubilado o jubilada, en la medida de su capacidad, tesón y esfuerzo, había construido para los años finales que le tocase vivir.
La retrocesión ha sido impuesta, –tengo entendido que no sólo en España–. Desde el uno de enero de este año 2011 la congelación de los sueldos es un hecho, pero sus perversos efectos no se notan todavía. A diferencia  de la 'rebaja' concreta del sueldo o salario que los trabajadores en activo habrán visto materialmente descontado del 'sobre' del mes, las clases pasivas, los jubilados de los distintos servicios públicos, –los 'jubilatas' de Umbral–, no hemos padecido rebaja alguna.

     No creo que a nadie se le escapen los efectos de ese 'estancamiento' que he llamado 'perverso'. Por si fuera así, pondré un ejemplo sencillo, en cifras contantes y sonantes.
Si el año pasado mil doscientos euros (1.200 €) al mes fueron suficientes para que un matrimonio jubilado (relativamente acomodado, no 'mileurista') cubriese sus necesidades, este año necesitará 1.260. He supuesto que el encarecimiento promedio sea del cinco por ciento (5%). Cuando esto escribo parece que la tendencia va a más, que me he quedado corto pero, aún así, hasta ese punto nada parece muy amenazador o perverso. Sesenta euros al mes se pueden 'compensar' dejando de comprar el periódico diario y los suplementos semanales, y/o reduciendo a la mitad el número de cigarrillos 'per diem', olvidándose del cine –para distraerse ya basta con la tele–, etc…
Hasta aquí los sacrificios son leves e incluso beneficiosos: reducir la tasa de cigarrillos, abstenerse del cuartillo de vino tinto en las comidas, dejar de aturdirse ante las informaciones contradictorias de la prensa (maldades del gobierno que para otros son bondades), no digamos arriesgar el infarto que a edades avanzadas amenaza el simple conocimiento de la astronómica suma_y_sigue que alcanzan las cifras de la corrupción dentro de los partidos políticos…  
El problema, sin embargo, no quedaría resuelto más allá de este primer año. Para el tercero, el matrimonio de jubilados tendrá que prescindir de 'vicios', bienes y/o servicios por el monto no ya de sesenta, sino de ciento noventa euros (190€). Es decir, habrá caído de facto en la penuria del mileurismo y transitará hacia un 'déficit' que a los cinco años superará los trescientos treinta euros (330€) mensuales.
Es evidente que la 'compensación' de esa cifra es impensable a base  de cigarrillos, periódicos o cine. El matrimonio en cuestión tirará de sus ahorros, si los tiene, o pedirá ayuda a los hijos, si los tuvo y pueden prestársela.

     No trato de dramatizar. Sería un estúpido si ignorara que el empobrecimiento que se deriva del paro prolongado es infinitamente mayor. Ése si es un drama sin paliativos. Sin embargo, creo que hoy, cada perceptor de «clases pasivas del Estado» debe hacer sus números e incluso evaluar una situación 'peor', exagerada quizás, pero no imposible:
Si el encarecimiento medio (real) fuera de dos puntos más –del 7 en lugar del 5%–, sobre todo si grava los productos de primera necesidad, el 'nivel de vida de los jubilados' quedaría reducido a la mitad en diez años, situación que acercaría al mileurismo hasta las pensiones máximas que cobran las escalas superiores.

     Stéphane Hessel, el autor de la extensa cita que he copiado en la cabecera, tiene 94 años. Supe de su 'indignada' arenga dirigida a los jóvenes, gracias a José Mª Grajales, médico, pariente y amigo.
Había dado por cerrado este artículo cuando añadí la cita y leí las doce páginas de la arenga. Ésta se cierra con una llamada a la resistencia pacífica:

Crear es resistir/ Resistir es crear.

Sus ecos, y mis filias con la Revista de Occidente, me mueven hoy a recitar otra llamada, la que hizo Ortega y Gasset en «La rebelión de las masas»,

Obedecer no es aguantar / Aguantar es envilecerse.

Los españoles, 'viejos' y menos viejos, que no se resignen a terminar sus días empobrecidos, habrán de decidir si aguantan en silencio. firma
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