Si fuéramos preguntando por las calles de Madrid a qué lugar o ciudad se refieren las bodas que anuncia el título, probablemente ni una de cada diez de las personas interpeladas sabría contestar. Preguntando lo mismo en Andalucía, el número de respuestas acertadas iría en aumento, y ya dentro de la provincia de Granada los aciertos serían por lo menos nueve de diez hasta pasear por Guadix, donde sólo algún turista recién llegado ignorará que accitano es el primer gentilicio de los guadijeños.
También es posible que ahora más de un lector, movido por la curiosidad, decida entrar en el omnisciente Google para descifrar a qué se debe tan dispar acomodo de gentilicios. Puede ahorrarse el esfuerzo si se conforma con lo que sigue.
Quienes estudiamos el bachillerato a lo largo de algún septenio de las tres décadas posteriores a la guerra civil española disfrutamos, ¡según y cómo!, de la campaña de siete años que Julio César dejó escrita sobre la conquista de las Galias. Los Commentarii de bello Gallico, también en siete libros, uno por año de conquistas, terminan en el año 50 a.C. con la derrota de Vercingetorix. Es entonces, con la Galia pacificada, cuando en las tierras de Hispania se despliega la ingeniería romana. En uno de los nudos de comunicaciones entre las calzadas de la Vía Augusta, César ordena acampar a los legionarios de la Legio Secunda y Prima Vernácula para que este contingente militar tome esposas entre la población indígena y se constituya en Colonia romana propiamente dicha, a la que en el año 45 denominará Julia Gemella Acci.1
Han transcurrido 2.056 años. De lo sucedido en aquél campamento hasta llegar a la ciudad que es hoy sólo voy a destacar el hecho temprano que hizo posible la boda que me ocupa y, por supuesto, otros cientos de miles más.
En el siglo uno de nuestra era, los siete Varones Apostólicos desembarcaron en Urci (probablemente Pechina) y crearon varias sedes episcopales en la Andalucía oriental de las que Acci fue la primera.2 Torcuato fue al parecer a quien le tocó en suerte predicar a los habitantes de la incipiente ciudad. A él le corresponderá después anteceder la santidad a su nombre, y a la ciudad mudar el suyo por el de Guadix.
 De las innumerables bodas cristianas que siguieron a la de Canaán –a mi entender la primera– me fijé en la más aventurada de la literatura española: aunque fuera Basilio y no Camacho quien se desposara con la bella Quiteria, las palabras del ingenioso hidalgo merecían la cita. El banquete que tanto celebró Sancho tuvo reflejo hoy, cuatrocientos años después, en la Hospedería del Zenete.
Las felicitaciones entusiastas que merecieron los contrayentes descansaban en la devoción y entrega que durante muchos meses había derrochado la madrina:
Encarnación (Nana), última representante de los Pedrosa, dejó plantado el estandarte de su ciudad a una cota difícil de superar.
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1 en Guadix tu ciudad.
2 de Terán, Manuel «Geografía de España y Portugal» --tomo IV-III—ed. Montaner y Simón, 1967. Dep. Legal B.22629
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