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   A vueltas con el hundimiento de las clases medias

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Madrid
-15 de agosto de 2011-


¡El que venga detrás que arree!

─exclamación popular─


     La aseveración tajante de George Orwell de pertenecer al estrato bajo (inferior) de la clase media alta1, no es tan chocante como puede parecer. Está en el polémico ensayo «The Road to Wigan Pier», que escribió por encargo del Left Book Club y fue publicado en 1937. La presencia bien definida de la clase media-alta, su preeminencia en los decenios de los ochenta y noventa del siglo diecinueve y cómo quedó reducida a un túmulo (mound) de ruinas, cuando la prosperidad de la era victoriana terminó, es el argumento que debe tener en cuenta cualquier ciudadano europeo no británico. La percepción de esa diferencia puede servir para evaluar las consecuencias de los ajustes económicos –impuestos por la UE– habidos o por venir, ajustes que desde la visión más pesimista ya se acompañan de la palabra hundimiento.

     Si representamos en una simple tabla el esquema de clases que el escritor tenía in mente, cualquiera puede razonar de modo parecido y hasta marcar su 'posición' en ella como él hizo.

      La estratificación en capas o lajas la establecen los niveles de renta aunque, y sobre todo antes de la segunda guerra mundial, en Inglaterra 'la cuna' tenía una importancia superior que enmascaraba la falta de poder adquisitivo.
No parece necesario reproducir siquiera los datos que Orwell fijó en su día para cada uno de los estratos. En cambio, sí podría serlo aventurar los que en España pueden estimarse para delimitar uno u otro escalón.
La complejidad de esa estimación precisa partir de un modelo simple; por ejemplo la pareja joven con un hijo en inicio de escolarización. El apelativo 'mileuristas' que desde tiempos recientes ha calado en la estimación popular para señalar condiciones mínimas de autosuficiencia, parece adecuado para afirmar que mientras nuestra familia modelo no lo alcance (no disponga de 1.000 € netos al mes) estará atrapada en el estrato de la lower class. Una simple progresión aritmética, que imponga un aumento sustancial de 400 a 500 euros (netos) mensuales para situarse en el estrato inmediatamente superior, dará razón a cada uno para juzgar el acierto o desacierto de la estimación.
De cualquier modo, el tránsito 'incalificable' es el del estrato superior de la clase media-alta a la clase alta. Ese paso que, según las consideraciones precedentes, se daría para los ingresos netos de 2.600 a 3.000 euros mensuales no bastaría por si solo para que nuestra familia tipo se pudiera considerar instalada en la 'clase alta'. De todos es conocido el rechazo que suscita en la misma la etiqueta de 'nuevo rico'.

     El interés relativo que haya podido animar al lector a 'ubicarse' en la tabla antecedente apunta a un objetivo de mayor trascendencia y actualidad: el análisis regresivo (antes de ahora) y proyectivo (tras la anunciada salida del gobierno) de cada situación personal. Tal análisis quizás le ayude a prever lo que le espera y, sobre todo, a tomar las medidas que estén a su alcance para no ser arrastrado en el hundimiento.
Por supuesto, no hay necesidad de ubicarse en tabla alguna para lo que en retórica algo cursi se llama 'tomar el pulso a la situación'. Sin embargo, los jubilados que quieran molestarse en volver a leer Retrocesión, el artículo de hace cuatro meses, podrán enriquecer el significado de la congelación de sus sueldos con el desplome progresivo, el tránsito descendente desde la 'clase' que ocupaban el año pasado hacia las que tuvieran debajo.

      No quiero terminar sin volver atrás, a Orwell, y tampoco sin mencionar la visión 'desde arriba' que tiene Sloterdijk.
Al frugal inglés, de gustos espartanos, parece que no le preocupaba en absoluto 'el hundimiento', y así dejó escrito:
Desde la zozobrante clase media podemos hundirnos sin mayores sobresaltos hasta la clase obrera a la que pertenecemos, y cuando nos encontremos allí, probablemente, no nos parecerá tan terrible como temíamos porque, de todos modos, no tenemos nada que perder.2

El exitoso filósofo alemán contemporáneo, reverenciado por muchos y minusvalorado por no pocos, y a quien no puedo imaginar frugal, parejo del inglés, propuso hace dos años que el pago de los impuestos fuera voluntario, que los ciudadanos decidieran lo que habrían de ingresar en las arcas públicas para el sostenimiento de la comunidad.3
Por inviable, utópica, que tal propuesta pudiera parecer, cargaba un sentido revolucionario, de 'fin de ciclo', de situación terminal del capitalismo occidental en el caso de que, hundidas las clases medias, tuviera que rendir armas y bagajes a nuevos amos... a los compradores de millones de títulos nacionales de DEUDA soberana.
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1 "I was born into what you might describe  as the lower-upper-middle-class"

2 "We of the sinking middle class may sink without further struggles into the working class where we belong, and probably when we get there it will not be so dreadful as we feared, for, after all, we have nothing to lose."

3 La controversia provocada por el autor alemán tuvo eco en dos artículos esclarecedores publicados en el nº 361 de la «Revista de Occidente» [junio 2011]
firma___________________

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