Vamos suerte, vamos juntos
Dende que juntos nacimos;
Y ya que juntos vivimos
Sin podernos dividir,
Yo abriré con mi cuchillo
El camino pa seguir.
José Hernández [1834-1886]
«El gaucho Martín Fierro»
Dentro de esta misma quincena el día 28, se cumplen cuatro años sin Francisco Umbral. Por supuesto que a mucha gente no le parecerá importante tal ausencia, como a la larga, in the long run, no lo es la de nadie. Sin embargo, a bastantes otros les habrá venido pareciendo una bendición y de entre estos bastantes, para los que más mandan, la simple mención de la fecha conmemorativa será suficiente para darles yuyu.
Aunque sea conveniente (re)suscitar ese temblor (el sinónimo más cercano a yuyu), no van mis propósitos por ahí; al menos, no del todo porque ya lo hice en su momento. Una pura coincidencia es la que ha provocado estas líneas: una persona conocedora de mis filias y fobias me preguntó hace unos días si figuraba en mi biblioteca «Un carnívoro cuchillo». Al saber que no era así, me regaló un ejemplar.
No tengo noticia de que haya sido una de las 119 novelas más celebradas del mayor prosista en castellano del siglo. La violencia continuada que destila es a veces 'gratuita'. Incluso el lector devoto echará en falta conocimientos de psicología de la conducta para explicarse las transiciones que se producen de lo brutal a lo conveniente o racional. Aún así, tales transiciones se agradecen, dan un respiro.
Es casi una novela corta. Calculo que pasa poco de las treinta mil palabras, y el pautado entre capítulos –partidos también los más largos–, está medido para no dejar caer la tensión provocada en el lector por los instintos desmadrados de los protagonistas. En resumen, o el libro se abandona hacia la página 30 o se lee de un tirón.
El cierre está fechado en setiembre de 1987. De la presentación que hizo Domingo Yndurain, el diario EL PAÍS del 7 de marzo del 88 anotaba que este profesor resaltó la voluntad del autor de romper con la soledad interior y comunicarse abiertamente. Con todos los respetos creo que esa consideración lo dice todo y no dice nada; vale para más de la mitad de los esforzados narradores de oficio y no me cabe en la cabeza que la escena de máxima tensión (justamente centrada en el libro) –la violación compartida, ante mortem y post mortem, de la prostituta elegante– tenga nada que ver con la ruptura de ninguna 'soledad interior'.
–¿Te gustan muertas, Jonás?
–Muertas y calentitas. Recientes. No muertas todavía. Se ponen menos histéricas que las vivas.
Una evidencia incontestable, a la hora de emitir opinión, es que Umbral en esta novela se atrevió a llevar al límite la exploración del ser para la muerte cuyo conocimiento distingue del resto de los animales al animal humano [que sabe que sabe y sabe que muere]. Y además, esa pulsión heideggeriana encadena todo el desenlace en una sorpresa, menor, pero que certifica la capacidad del narrador.
Imagino que en su momento algún crítico literario advertiría que el título del libro era el primer verso del largo poema que Miguel Hernández tituló así.* Me permití encabezar estas líneas con el segundo verso para obligarme a copiar la estrofa completa; también para facilitársela al lector que la ignore. Dice:
Un carnívoro cuchillo
de ala dulce y homicida
sostiene un vuelo y un brillo
alrededor de mi vida
El sobresaliente ejercicio de Umbral consistió por tanto en la multiplicación de esos cuatro versos hasta construir la historia atroz de tres personajes protagonistas, media docena de caracteres principales y unos cuantos comparsas que, por accidente, pasaron por allí. Hasta de una serpiente enceguecida se valió su prolífica imaginación. ¿Quiso el genio, empleando una irónica metáfora, hacernos retroceder hasta Eva? No me lo parece. La explicación, si alguna, hace cuatro años quedó enterrada con él. ___________
* En el Hernández argentino acotado en la entradilla, el cuchillo es una herramienta necesaria para vivir, para abrirse camino, no para asesinar.
»»» Tomé prestada la imagen del logo que acompaña al nº 11 de la excelente revista de Psicología «PSIKEBA». El lector que recuerde el libro o decida leerlo ahora, quizás coincida conmigo en los motivos de la elección. —> 
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