A Manuel Artero Rueda, periodista de raza,
que me 'presentó' a su tocayo
No es un best seller, es simplemente mejor. Lo escribió Manuel Chaves Nogales hace tres cuartos de siglo, en París; luego siguió su periplo de exiliado español voluntario hasta Londres y allí terminó sus días en 1944. Había cumplido tan solo 47 años.
«A sangre y fuego» es el título del libro y lleva dos prólogos. El primero de Ana Cañil, quien demuestra cómo se presenta a un autor y también cómo se condensa de modo crítico su vida y circunstancia; lo encabeza la frase "La (imposible) tercera España" y por mucho que se sepa de la guerra civil española es necesario leerlo.
El segundo prólogo, el del autor, es anticipatorio, desgarrado y contundente: unas 2.200 palabras impactantes.
Seguí el orden 'normal' de lectura, del principio al final, y ahora se me ocurre recomendar algo que yo no puedo hacer: instar a quienquiera que se sienta tentado de adquirir el libro, o de tomarlo prestado de una biblioteca, a que proceda de modo pseudo inverso: que lea primero los nueve cuentos (en cualquier orden, son realmente autónomos), luego que vaya a enterarse de qué va eso de la imposibilidad de una tercera España (porque de paso conocerá a Manuel de primera mano) y, por último, que se sumerja en su filosofía vital y se pregunte si comparte la que fue su única y humilde verdad: "... un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia, el pecado contra el Espíritu Santo."
Lo que hoy se conoce, aquí y afuera, como la Transición Española, es un período de tiempo real que tuvo un origen (físico) determinado pero un final, como todo lo transitorio, menos definido. Algunos discuten todavía que dicho final se haya producido; a otros les ha parecido que aunque así fuera (les) conviene revisarlo. Ambas posturas, como ejercicio de la libertad de opinión, son válidas y respetables, aunque no comparto ninguna. Antes de leer este libro [subtitulado, ¡agárrense!, héroes, bestias y mártires de España] puede que no hubiera sido capaz de razonar mi rechazo al florecido revisionismo del último septenio. Después de su lectura sólo puedo recomendar a todo político que ejerza de revisionista que se ilustre a fondo, y de primera mano, sobre las variadas conciencias y personalidades que está tratando de despertar o, mejor dicho, desenterrar. Un repaso en la cinemateca de filmes clásicos como «Night of the living dead» puede ponerlo en situación (algo extremada, lo admito).
Lo esencial, en resumen, es sumergirse en la lectura del libro. En un breve caleidoscopio de nueve 'historias' está todo. Ni siquiera falta la ternura, aunque ésta tenga exiguo papel, el que precisamente comparte con el único atisbo de brutalidad inteligente que se derrama por allí, y lo hace en Bigornia, el penúltimo cuento.
A mis amigos hispanoamericanos no tengo recomendación que hacerles. Tan solo se me ocurre incitar a los más jóvenes para que escarben en sus bien nutridas librerías y en esas espléndidas 'bandejas' cargadas que desbordan la calle, por si encuentran la primera edición de A sangre y fuego, la que se imprimió en Santiago de Chile el mismo año que Chaves la firmó en París. Todo ese tiempo nos han llevado de ventaja.
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