escriba_log

   Peldaños de tiempo

logo al andar

Madrid
-15 de diciembre de 2011-



     En muchas ocasiones la etimología, al dar razón del origen de las palabras, facilita la explicación de algo confuso e informe que atrapado en nuestra red neuronal no encuentra la manera de salir, de encontrar ‘forma’ inteligible.
En otras ocasiones, pocas, sucede que no, que no hay facilitación que valga. Cuando esto sucede, lo primero que cabe pensar es en olvidarse de etimologías y zarandajas. Sin embargo, tal decisión no parece demasiado razonable. Hagamos la prueba con la inocente metáfora que sugiere el título.
Nada más leerlo, una respuesta instintiva probable (y elemental) será la de esperar encontrarnos con la descripción de sucesos separados entre sí por fechas o por períodos de tiempo concretos. Cabe también sospechar de algún tipo de lucubración (compleja) sobre el manido tema de la fluidez e inaprensibilidad del tiempo.

Frente a esas dos opciones anticipo ya que la respuesta reside en la más sencilla [aun sin recurrir a la navaja de Occam]*.
En efecto, al preparar el discurso, tenía in mente tres fechas:

• 1999,  Jorge Volpi publica En busca de Klingsor, libro que me recomienda un pariente fiable, y que adquiero y leo de inmediato.
• 2003, descubro en una feria de ocasión La amante de Wittgenstein de David Markson. Semejante título y el comentario de contraportada me catapultan a su lectura que despacho en un tiempo record.
• 2011, hace tan solo diez días, regreso a Volpi en Leer la mente, caliente todavía su aparición en los escaparates libreros de Madrid.

Las dos contrahuellas que definen los tres peldaños son exageradamente desiguales: una es de cuatro años y la otra de ocho. Pero poco más tendría de notable la metáfora si nos quedásemos en esa disimetría particular. Porque, analizada a escala ‘universal’ (olvidando el incidente privado de 2003 y ubicando en su sitio la fecha de publicación de «La amante de Wittgenstein», 1988), las contrahuellas resultantes son casi idénticas.
Sin embargo, aún desbaratado el principio de apoyo del razonamiento, será Volpi quien va a permitir(me) reconstruirlo cuando dice en su último libro:

No llegaré al extremo de insinuar […] que acaso yo estoy loco o que sólo yo existo, como en "La amante de Wittgenstein" de David Markson.

Necesitaré más datos: Habré de leer por lo menos los otros dos libros de la trilogía del siglo XX, de Volpi, y también The last novel, (2007) último de los  cuatro libros de Markson que siguieron a “La amante…”, cerrando su vida y bibliografía. No veo otro modo de centrar la fecha más probable en la que Volpi leyó a Markson. Porque sospecho que de este autor, absolutamente fascinante, el exitoso escritor mexicano tiene que haberse extendido más allá de la simple mención de un título. Valga de muestra un párrafo cualquiera de entre los que acoté en 2003 de la versión española de Wittgenstein's Mistress:

Ni estoy pensando en el gato ya.
Por otra parte, debía de estar pensando en uno mientras escribía esa frase, aunque la frase exprese precisamente lo opuesto.
Es evidente que uno no puede escribir una frase diciendo que uno no está pensando en una cosa, sin pensar en la cosa en la que uno dice no estar pensando.
Creo que sólo ahora me he dado cuenta de esto. O de algo muy parecido.

Es evidente que toda la argumentación anterior, abanderada por la cita de Volpi, no precisaba antecedente aclaratorio alguno, menos aún después de haber anticipado que la metáfora (del título) era inocente, aunque ninguna lo sea por completo. Sin embargo, y como al dictado de un capricho huérfano de etimología, –la palabra peldaño carece de ella; no viene de ‘pie’, pes – pedis, aunque lo parezca–, mi red neuronal encontró en tal orfandad la manera de desenredarse. La palabra podría muy bien coexistir incrustada entre las meditaciones de La amante pero, aun así, no conduciría a ninguna parte razonar sobre raíces etimológicas entre un texto y su traducción cuando en ésta no las hay.

El lector que haya escalado hasta aquí merece conocer un párrafo del libro (ensayo) de Volpi que contiene una tesis singular. Si el lector es además ‘creador’, querrá saber después del libro completo:

El genio consiste, en todo caso, en modificar —en mutar— las ideas de los otros, en volverlas más eficaces o más precisas. Sólo los más ambiciosos y los más cínicos, empresarios, agentes y «creadores», tienen la desfachatez de defender a ultranza los derechos de autor. Las ideas son un patrimonio común —todos somos piratas.

Opinión tan respetable como cualquier otra, pero que precisa aclarar cuál debe ser el destino de los derechos de autor especialmente ahora, cuando de la inmersión en Internet vemos emerger creadores y sellos editoriales que se organizan (no todos) para estar dentro de las reglas del juego. Conviene advertir que esta desfachatez no oscurece la exposición de la sugestiva tesis que sostiene el libro: la ficción como sustrato esencial (sine qua non) en la evolución de nuestra especie.
________________

* El aforismo atribuido a Guillermo de Occam (William of Ockham, 1290-1349, fraile franciscano, filósofo de la escuela de Oxford que terminó excomulgado) viene a decir que al abordar un problema hay que dejar a un lado lo superfluo. La expresión latina original «Entia non sunt multiplicanda sine necessitate» o su equivalente, «Pluralitas non est ponenda sine necessitate», sirvieron de apoyatura al florecimiento del segundo periodo del "nominalismo" filosófico en el que se radicalizó la “controversia de los universales”. Hoy, a siete siglos de distancia, esa controversia preocupa a escasísima gente; sin embargo, de la filosófica navaja se echa mano con bastante frecuencia. firma  

a alandar Valid HTML 4.01