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   Camuflaje de lujo [I]   (*)

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Madrid
-15 de enero de 2012-


Las autoridades italianas han confirmado la muerte de al menos tres personas en el naufragio del crucero de lujo 'Costa Concordia' que encalló con al menos 4.200 personas a bordo en uno de los espigones construidos en la costa de la isla de Giglio, frente a la región italiana de Toscana.
ROMA, 14 Ene. (Europa Press)

     La leve aliteración ha sido casual. Sorprendido por la increíble noticia de que se acababa de repetir el hundimiento del Titanic, no encontré mejores palabras para poner título a mi desconcierto.
El lector, a poco informado que esté, ya sabe que el barco hundido ayer, rozando (literalmente) la costa italiana, no fue el del mítico desastre. Su nombre suena más modesto que el de su infausto predecesor, aunque sus excelencias no le fueran a la zaga. El hecho de haber pergeñado estas pocas líneas, casi con urgencia, no corresponde al empeño ‘informativo’ de este sitio, sino al de ‘solicitación de opinión’, –entrecomillados de la terminología periodística que alcanzo a recordar–.

De lo que es información, sólo he copiado la cita de cabecera y la foto divulgada por la agencia Reuters. El faro, en primer plano, parece tomado para facilitar la comparación con la chimenea del barco varado, malhundido, y así poder echar cuentas sobre su tamaño.
No sólo grande y moderno sino de lujo, también desmesurado, son atributos que no facilitan la explicación de cómo artilugios de última tecnología fallaron la detección del relieve preciso del fondo cercano, del cuchillo que rajó el casco como si se tratara de un melón.

Todo lo que en estos tiempos, en este futuro de penurias, suene o huela a lujo, estará más maldito que nunca. El insultante contraste que exhibe el derroche, habrá de cuidar su camuflaje espesando su manto protector. La extensión de mares y océanos es óptima para ese cometido… hasta que la incompetencia o el descuido de alguien posibilita un suceso de probabilidad infinitesimal: la protección perfecta no existe.

En las antípodas del lujo está ubicado el páramo del desempleo, la zona de penumbra desde la que millones avistan el umbral borroso de la pobreza. La zona se ilumina a veces por relámpagos, descargas que, aun distantes y fugaces, sólo los insensatos prepotentes son incapaces de encontrarles sentido. Porque han de tenerlo, si es que lo tienen los veinte millones de años que han necesitado las células eucariotas (**) de los primeros homínidos para que sepamos ‘explicarlas’.
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 (*) después de las 24 horas de prudente espera hasta ‘pasar de las musas al teatro’, he previsto probable una segunda parte. 

(**) quien haya olvidado el protagonismo de éstas en nuestras vidas puede refrescar su memoria ‘bajándose’ el archivo pdf: procariotas_eucariotas

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