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   Camuflaje de lujo [y II]

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Madrid
-23 de enero de 2012-


El hombre construye grandes barcos de hierro, pero el mar es más fuerte. El mar es más fuerte que cualquier cosa que el hombre pueda construir.

J.M. Coetzee, INFANCIA

     Las respuestas a la ‘solicitación de opinión’ que hice en el artículo precedente no han sido demasiadas, pero sí suficientes para redundar en la cuestión. Y no me refiero a la situación del barco varado o a las secuelas del accidente en sí, sino al argumento metafórico que dejé abierto: la eterna oposición entre riqueza y pobreza, oposición irresoluble, pero de tensión muy variable. Desde el derrumbe de las fórmulas keynesianas, que abrió las puertas al monetarismo de la escuela de Chicago, las economías de occidente siguen tratando de encontrar la mejor fórmula de coexistencia. Parece que se reconsidera válida la afirmación ‘monetarista’ de que una política activa de demanda con la intención de reducir el paro por debajo de la tasa natural no solo resulta estéril a largo plazo, [sino que] además produce presiones inflacionarias.(1) Sin embargo, seguimos también sin saber cuál es o cómo se calcula la tasa natural de paro, y resulta sonrojante (por auténtica) calificarla de natural.
Se avecinan tiempos inquietantes y las noticias del comportamiento económico que logra colar la prensa, aunque sean escasas, no demuestran que en las altas esferas se haya aprendido la lección. Mientras ejecutivos de la banca puedan retirarse con jubilaciones de cien a doscientas veces las de un empleado medio, no vale argumentar que se trata de casos justificados por la valía del personaje, es decir, por las extraordinarias ganancias que haya proporcionado a la empresa.


La fotografía que apareció el día 20 en el periódico EL MUNDO sirve a modo de corolario, inconcluso aún, a la parábola del desastre. Es una metáfora in praesentia del capitalismo –la que corresponde al comunismo fue ilustrada hace escasas semanas por los mares de llanto compulsivo que anegaron Corea del Norte–.
La foto en cuestión, ni de haberla encargado vendría más a cuento; se titula un hombre barre la acera con el ‘Costa Concordia’ al fondo.
No voy a reproducir las reflexiones que me sugiere, porque estoy seguro de que serán semejantes a las de cualquier otro ciudadano. Creo más gratificante terminar importando una incisiva sorpresa.

Los incondicionales de Javier Krahe, –canta-autor, trovador, juglar de nuestro tiempo–,  reconocerán de inmediato la canción que termina con estas dos estrofas:

Y vender el pescado en la lonja,
boquerón, calamar,
una esponja
-que también las da el mar-.
Y cobrar
lo que hubiera ganado
al vender el pescado.
Y marcharse a gastar
lo que hubiera cobrado,
en comer
y en comprar
cuanto es menester
poseer.

E invitar a beber
y beber hasta el anochecer
Y arrojar lo que hubiera sobrado
del dinero cobrado,
arrojárselo al mar,
devolver.
Devolverle el dinero.
Y cada amanecer
empezar desde cero.

La letra de la canción completa está en el libro bimembre «De mil amores // Toser y Cantar»(2), cuyo primer ‘miembro’ lo firma Miguel Tomás-Valiente, responsable de una interpretación de los textos de Krahe que está a la altura de lo que escribieron (y anotaron) Martin Gardner sobre «Alicia», o Nabokov (sus herederos) en el «Curso de Literatura Europea». Esos dos referentes me vienen a la memoria porque cuando disfruté de su lectura y relectura me regalaron parecidas sensaciones a la que me ha producido saber que un país donde un borrachín no tiene cabida porque es generoso y desinteresado; es un lugar donde una persona que invita a los demás a beber es, antes que cualquier otra cosa, un ser peligroso; el país donde una persona que no acumula riquezas es un subversivo.
La genialidad del argumento de toda la canción está en mostrar que hasta la generosidad de los menos favorecidos es rechazada por delictiva, contaminante (¡!). Javier se anticipa a cualquier interpretación punible, desde la irrealidad declarada en el título: existir ”en la costa suiza” es existir en ninguna parte… pero, por si acaso, si alguien logra instalarse allí, conviene que sepa lo que le espera si pretende vivir a su manera.

Dije antes que el corolario sigue inconcluso. Para los familiares de los desaparecidos en el naufragio ya jamás se cerrará: pasarán preguntándose de por vida por el sentido del ‘estúpido’ accidente.
Quizás la respuesta duerma en la mente del hombre que barre ensimismado, dando la espalda al barco agonizante. El hombre que podría reencarnar al pescador de la canción, empezando desde cero cada amanecer.
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(1) © Enc. Micronet S.A. 

(2) «Toser y Cantar», el segundo ‘miembro’, incluye impresas las letras de las once canciones del CD que acompaña al libro. Las ilustraciones son de Octavio Colis.

[PyC. 18 Chulos Records 2010 –Dep. Legal M-42782-2010]

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