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OROPEL

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Madrid
-ca. 1988-



oro y suerteAcaban de cargarse la lotería del oro, el sorteo benéfico anual que la «Cruz Roja» había sabido hacer más atractivo por redundancia. Me explicaré.

Todos juegan (jugamos) a las diversas loterías atraídos por el llamado vil metal. Los que ganan no reciben metal alguno, ni vil ni virtuoso, pero eso a nadie le importa. Lo que cuenta no son siquiera los billetes moneda, sino las anotaciones positivas, los números "negros" de nuestra cuenta bancaria. Aún así, la Cruz Roja había resucitado la fórmula más antigua que, no se sabe por qué, era todavía una oferta virgen: el oro. De esta manera se excitaba la codicia natural por partida doble, es decir, redundante: el noble metal podía ser acariciado por el ganador, antes de transformarlo en sucios billetes, flamantes cheques de viaje, bonos bancarios o numeritos negros.

En los últimos tiempos el Estado ha decidido participar sin tapujos en la seducción del jugador. Y lo quiere hacer más y mejor que cualquier competidor. La avalancha de lotos, quinielas y cupones, está conduciendo a más de uno a jugar, cada semana, cantidades mayores de lo que se puede permitir. Por otra parte, las batallas intestinas por la conquista del «mercado» mantienen a los no-jugadores, que son muy pocos, entre el pasmo y la diversión. Pero hace pocos meses estalló la incongruencia. En televisión aparecieron sesudos caballeros que discutían sobre si la lotería del oro es o no como las demás; es decir, si el «gordo» se lo puede uno embolsar sin que Hacienda toque bola, o hay que "devolver" la mitad del premio.

Ahora ha resultado que es así: que hay que devolver mucha pastizara, porque Hacienda no se cobra en esta lotería lo que se ha cobrado en la «normal», en la loto, o en las quinielas, antes de dar los premios.
Todo eso está muy bien, y supongo que lo ha consagrado el BOE. Pero, lo mismo que se incita al juego —y ¡cómo se incita!—, en el reverso de los billetes de la lotería de la Cruz Roja se debería de leer:

¡Recuerde! La mitad del oro que le toque es de todos los españoles.
Firmado: La Hacienda Pública.

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Fabian Zola

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