CUANDO el lector trate de pasar esta frontera(1) habrá decidido ya su voto en las elecciones del 86, y lo habrá hecho tomando en cuenta cómo le ha ido durante el mandato del PSOE. Habrá optado por una de las tres alternativas posibles: renovar su confianza a los que estaban; retirársela, votando a otros; o por no prestársela a nadie. En cualquier caso, su decisión ha estado compuesta de un sinfín de motivaciones, producto de las experiencias —satisfactorias o desagradables— que le hayan ocasionado los gobernantes, a los que sin duda habrá culpado de casi todas sus desgracias, sobre todo de las económicas.
Está bien comprobada la existencia de un elevado número de indecisos que "no saben, no contestan" hasta pocas horas antes de la votación. Entre estos analistas extremos del "peso" de su decisión no hay que contar a los eternos abstinentes, los que no votan, cuyo número en las democracias consolidadas tiende a crecer, pero que no preocupan al partido ganador, porque representan menos demandas a satisfacer después. En cambio, los indecisos prototípicos son un blanco importante en las campañas feriadas que la política democrática se ve obligada a orquestar. Cuando las gentes han madurado políticamente, sus opiniones se distribuyen con el mismo equilibrio que el resto de las opciones que toman las masas. Existe un equilibrio natural, no una mayoría natural. Esto se expresa más simplemente observando que si gobierna la "izquierda", la suma de posiciones de "derecha" tiende a igualarla, y recíprocamente. Por eso la nube de indecisos cobra una importancia capital, cuando se comprueba (y las encuestas, entre otras cosas, sirven para eso) que ganar su voto es ganar las elecciones. Los eslóganes están pensados especialmente para dicha nube. Se trata de bombardearla para que rompa, como se hace con las nubes que se resisten a convertirse en lluvia.
Los grandes aciertos en la creación de frases publicitarias arrastran después la exigencia de cumplir lo anunciado. Cosa improbable; como pasó con el «cambio». Pero situaciones históricas con la envergadura del acceso al socialismo democrático no se prodigan con tanta frecuencia como para precisar inventos de tal fuste. Lo que sigue a esos momentos estelares, —¿recuerdan a Stefan Zweig?—, es bastante más corriente, aunque no por ello menos importante.
Los eslóganes han estado acordes con la menor relevancia del momento histórico. Los psocialistas han continuado en su línea de mínimo compromiso con el futuro. Decir «las cosas bien hechas» es lo mismo que "ahí queda eso"; lleva implícito un aire de remate, por si la continuidad se presenta más peliaguda que el sabroso ejercicio de la absoluta mayoría. Los centristas aseguraron que su centro avanzaba. Pienso que era cierto, —ahora ya se sabrá—, pero en mi opinión el eslógan adolecía del defecto de todos, de la reserva ante el posible fracaso, de la timidez y también de indeseada ambigüedad: «el centro avanza», pero ¿hacia dónde?, ¿hacia la catástrofe nuclear? o, sin tremendismo, hacia el reparto de papeles con otro posible ganador.(2)
La constatación de Izquierda Unida, «aún hay clases», tendría sentido si todavía existieran interlocutores suficientes para creer en la desaparición de aquéllas. Parece que la izquierda oficial no desea enterarse de que las clases oprimidas no quieren que desaparezca la opresión, sino cambiar de bando. Y para eso es necesario que "su" bando siga existiendo. Sin embargo, el triunfo de la inanidad lo consiguió la Coalición Popular con la más descafeinada de las frases: «Nuevos tiempos». ¿A quién pudo mover una cita como esa? La respuesta es de perogrullo: a ninguno más de los que pensaron votarles, es decir, a ningún indeciso. De todas maneras hay que ver el futuro con optimismo y aunque por esta vez los hacedores de eslóganes nos hayan decepcionado es cierto que no todo se ha perdido. Al elector medio se le habrá fijado una parrafada que le puede ser útil para marchar por la vida durante un rato. Algo así como:
«Aún hay clases que avanzan por el centro para hacer las cosas bien hechas»
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imagen: «Historia de la Democracia» Unidad Editorial S.A. Oct 1995 :: ISBN 84 920059 5 5
Fabian Zola
Notas a fecha 1 de JUNIO de 2010
(1) la frontera literal no se pasó. No puedo recordar los motivos, pero el artículo no está entre los que conservo de la revista DECISIÓN a la que fue destinado. Las elecciones, por supuesto, sí se celebraron y los eslóganes cumplieron su función... la misma que, con el superior impacto que favorece su idioma, programaron los gabinetes de USA en las elecciones de 2008.
(2) Si el lector se toma la molestia de fijarse en los resultados del reparto de escaños que muestra la imagen insertada en el texto, (imagen que por supuesto no existía cuando escribí el artículo), comprobará que los "vaticinios" expresados se acercaron bastante a la realidad. El PSOE obtiene su segunda mayoría absoluta aunque se deja en la contienda 1.225.000 votos (que muy probablemente perdió por su adelantarse a las cosas por hacer); la Coalición Popular (CP) toca techo con Fraga y la derecha se desanima, El PC recupera fuerzas al mimetizarse en Izquierda Unida, a pesar de su tautológico eslógan. En cuanto al "centro", si mi memoria no me traiciona, emitió su canto del cisne: el CDS de Adolfo Suárez, todavía tercera fuerza, ya preludia su decadencia ulterior.
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