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«OPTIMUS et PESSIMUS»

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Madrid
—1988—


    Optimismo viene de óptimo, palabra latina que, como todo el mundo sabe, significa lo mejor. El mismo camino ha recorrido el vocablo opuesto, pesimismo, que también ha conservado inalterable su significado a través de los tiempos1. Esta resistencia de algunas palabras al desgaste o. a la variación semántica es un fenómeno digno de estudio. En este caso, es muy posible que la inalterabilidad se deba simplemente al sentido claro y primitivo de los adjetivos progenitores: lo bueno y lo malo.
Ser (o sentirse) optimista o pesimista obedece a situaciones circunstanciales, no a patrones fijos. Sin embargo, la interpretación de un suceso o de una realidad que hace un pesimista es siempre peor (cuando no opuesta) a la que hace el optimista. Ya se sabe que el mismo vaso está medio vacío o medio lleno según lo vea uno u otro. La sabiduría popular ha calado, con esa observación, el desconcierto que sentimos ante la inestabilidad de nuestras sensaciones de plenitud o de frustración.

Cioran    El apóstol moderno del más negro pesimismo es el rumano Emile Cioran. La aparición de sus dos últimos libros2 en nuestro idioma motiva este desahogo. No encontré otro modo de aliviar la depresión que me produce saber que Cioran sigue escribiendo. Y que sigue haciéndolo bien. Sobre todo no tiene la mala costumbre de adornar la podrida realidad cotidiana con los comecocos publicitarios al uso, ni rinde pleitesía a los mitos que fabrican los poderosos. Lo cual es óptimo para nuestra instrucción y reflexión ética, y pésimo para recuperar un estado de ánimo mínimamente soportable.

    Es necesario y urgente por ello advertir al ciudadano para que no caiga en la tentación de unirse a las minorías marginales que se torturan con lecturas tan infames...
En los tiempos de Oscar Wilde, como él escribió, decir la verdad era de mala educación. Hoy, además, es de pésimo gusto y en casos extremos, como el de los libros de Cioran, es una papeleta con premio para el tratamiento anti depresivo.
Menos mal que nos queda el recurso de recrearnos con noticias optimistas, noticias que mantienen viva nuestra ilusión. Como el inminente abaratamiento de la gasolina que sobra de los vuelos oficiales en aviones Mystere.
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1 las anotaciones de COROMINAS, de las que no disponía al escribir el artículo, no invalidan este argumento pero, naturalmente, lo amplían.
Al consultar optimismo el diccionario remite a la entrada OBRAR y en ella se lee: Óptimo [...] de optimus, ‘el mejor’, ‘excelente’, que parece ser derivado de ops, ‘poder, riqueza’, voz emparentada con opus, ‘obra’ ; optimate, optimismo, optimista.  
En cuanto a pesimismo remite a la entrada PEOR en la que se lee: Pésimo [...] de pessimus, superlativo correspondiente al comparativo pejor; pesimismo, pesimista.  
—«Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico» :: vol IV, ed. Gredos, Madrid 1981 :: ISBN 84-249-0066-9—   De lágrimas

2 Uno de los libros fue: «De lágrimas y de santos» Tusquets, Barcelona 1988; del otro he perdido la pista, probablemente fue «Historia y Utopía». En ese año adquirí «Contra la Historia» Clotet-Tusquets, Barcelona, pero su edición (3ª) es de 1983.
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Fabian Zola

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