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   lobotomía

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N° 140 — ABRIL 1978
«Galaxia» 12
Madrid — España



   Durante mucho tiempo el arte dramático, como el resto del arte en general, le había parecido a Strindberg una especie de Biblia de los pobres, "una Biblia en dibujos para aquellos que no sabían leer”.
Ignoro el impacto que una afirmación semejante pudo producir a los autores teatrales contemporáneos del escritor sueco, pero una opinión tan agresiva, emitida además por alguien del mismo 'oficio' al que se ataca, no se debe tomar por su valor facial. Sentencias de esa resonancia suelen anteceder a un programa de reforma que se ha propuesto el emisor para corregir una situación que sin duda lamenta.
Strindberg, después de dicho aquello, escribió cuarenta obras dramáticas más —ya tenía entonces diez en su haber— y fue consecuente con la intencionalidad de su mensaje: "la calidad del contenido de una obra teatral se ha de medir en el libro, en el texto escrito, no en la escena”. Una obra teatral es profunda si el monto de atención que acapara de nosotros como espectadores es comparable al que obtiene cuando la abordamos como lectores. El dramaturgo sueco, evidentemente, no era partidario del arte por el arte.

   Soy lo que se llama un buen aficionado al teatro. Por tanto, la sentencia que motiva este comentario me soliviantó. He sido insultado, me han llamado analfabeto, pensé. Sin embargo, lo de "pobres" comprendí enseguida que no se refería a nosotros: pobres que van al teatro son pobres transpirenaicos, evidentemente. En consecuencia decidí sólo escarbar un poco en las implicaciones "intelectuales" del tema.
Dejando a un lado las consideraciones del valor del goce estético (el goce no es materia de justificación) la verificación del mensaje strindbergiano es trivial, ya se haga en la secuencia lector-espectador o a la inversa. El análisis sólo será imposible si el libro no se ha editado, lo cual, para el autor sueco, es prueba terminante de banalidad. Por otra parte, el ejercicio de verificación resulta particularmente revelador cuando lo aplicamos a la actividad profesional, en sentido amplio.
Entonces, el contenido de lo que decimos (representamos) al ser llevado al papel muestra realmente qué porcentaje del discurso se tiene de pie. Y cabe preguntarse: ¿cuando no escribimos es porque no sabemos, o porque lo que 'decimos' es tan banal como las obras de teatro no publicadas?

   En cualquier caso me resisto a creer que la Geometría Descriptiva* haya sido nuestra Biblia Pauperarum, la biblia en "dibujos" que ha servido de bisturí para lobotomizar a muchos que pudieran atreverse a pensar.

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* la Geometría Descriptiva era asignatura clave para el acceso a la profesión.

Fabian Zola

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