Son muchas las personas que disfrutan entretejiendo la lectura de varios libros. Otras prefieren terminar uno antes de empezar el siguiente. Pero nadie escapa a la lectura simultánea de libro y revista o periódico. Este entretejer es fructífero. La variedad temática de las publicaciones periódicas, la pluralidad de firmas, los estilos directos, aunque rellenen con menos solidez (en general) los espacios vacíos de nuestra cultura, componen un caldo de cultivo listo para hacer germinar, a corto plazo, la analogía o el contraste.
No había terminado de leer la que creo última obra de Ernesto Sabato, "Abaddón el Exterminador", cuando comencé "The Origins and Nature of World Crisis" de Michael Abbott, texto todavía inédito que tuve la fortuna de recibir de manos del propio autor. Pero no habría motivo aquí para este comentario si en la mezcla no hubiera caído un catalizador: el artículo de Luzuriaga, "Los Robots", que encabezó el número 143 de CIMBRA.
- Un comentario crítico breve, elogio medido y culto, remata la obra de Sabato. En él se dice que la construcción en abismo, empleada por el autor, "revela las posibilidades de apertura que nacen del enfrentamiento entre personajes o hechos de novelas diferentes"
- Abbot dedica varias páginas apasionantes a la mecánica de los ecosistemas. Organizados éstos en subsistemas de gradación descendente, el intercambio de información entre uno superior, más maduro o elaborado, y el inmediato inferior, puede dejar a este último explotado hasta el extremo que su desarrollo futuro no sea posible jamás.
- Luzuriaga afirma que todo estamento profesional aspira a tener su estamento robot.
Es evidente que la última opinión podría fundirse con la precedente en un texto único. y me consta que la probabilidad de lectura recíproca entre ambos autores ha sido infinitesimal. Las páginas por las que avanza Abbott, apoyado en Monod y Margalef, no concluyen de modo optimista para el subsistema robot. Los que habitamos en uno, —de los innumerables subsistemas tales—, debemos asumirlo de una vez por todas: para dejar de dar ya más vueltas a la misma noria, y romper el magnetismo colectivo del muro de las lamentaciones.
En este punto el lector tiene derecho a preguntar dónde encaja la referencia a Sabato. Mi respuesta —la concatenación de ideas que Abaddón me ha producido— es que el hallazgo estilístico de Sabato, la construcción en abismo, va mucho más allá del recreo literario. Es "información existencial". Meditar sobre ello conduce a un replanteamiento de la actitud vital, de ordinario abandonada a la rutina diaria. La rutina, ese aliado poderoso de la robotización.
Ocurre, sin embargo, que romper con la monotonía, sin recurrir al lloriqueo de la autocompasión, presupone adoptar como lema vital el "non serviam". Cuyo ejercicio, además de anatematizado por la civilización judeo–cristiana, exige una enorme lucidez a individuos programados precisamente para servir.
En consecuencia, sentí que actuar sin servir es exactamente construir la vida en abismo, porque equivale a las premisas:
— Colocarse como observador y observado, de y por nuestros actos
— Situarse en vigilante y tensa reflexión infinita, como ante espejos paralelos
Para llegar a la conclusión de:
— Hacer saltar el destino de atrofiamiento a perpetuidad a que todo robot pensante se siente condenado.
¿Es utópico todo esto o, peor aún, palabrería vana? Afirmo que no. Y acepto la controversia.
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Nota:
Este artículo fue escrito cuando la controversia sobre «atribuciones profesionales»
estaba candente
Fabian Zola
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