En el sustantivo "oposición" coexisten los significados de los verbos oponer y opositar. Sin necesidad de recurrir al análisis etimológico se podría asegurar que la primera acepción es la más antigua.* El hombre fue oponente antes que opositor. A fin de cuentas es casi lo mismo, sólo que el campo de acción del opositor está ordenado, sujeto a normas y hasta delimitado en el tiempo.
En alguna ocasión histórica, un grupo dominante inventó la fórmula de opositar para acceder a alguno de los escalones de su sistema jerárquico. La filosofía básica para el acceso por oposición al disfrute (significativo vocablo) de un empleo, está en la misma raíz que preside la ordenación de la convivencia social. Baste recordar que la norma jurídica es resultado de la voluntad colectiva, –del grupo–, la cual no es la suma de las voluntades individuales, sino la expresión de la voluntad dominante. En la aceptación de la norma se da el consenso de algunos, el criterio "del mal el menos" que siguen otros muchos, y la pasividad de la inmensa mayoría. En cualquier caso, lo que vale para todos es que tanto el cumplimiento de las normas como su trasgresión es evaluado, juzgado, por hombres.
No se ve fácil salida al mecanismo de que unos juzguen los actos y saberes de otros. En casos extremos se recurrió a los juicios de Dios, lo cual parece desorbitado en el asunto que nos ocupa. Cambiar los sudores de horas de ejercicios orales y escritos por quemaduras, producidas por un trotecillo a pie desnudo sobre carbones encendidos, sólo tendría sentido para opositar a plazas de faquir o similar.
Sin embargo, algo hay que cambiar. A los puntos negativos que se acumulan sobre el procedimiento vigente se añade la secuela del adocenamiento, la propensión que subyace en lo vitalicio, el muelle adormecido sobre el conquistado sillón. Estamos ante un ejemplo incontestable de la aplicación del "Principio de Peter" a la colectividad en su conjunto. El nivel de incompetencia de la sociedad jerarquizada es manifiesto por el deterioro del sistema que ella misma ha inventado. y lo ha inventado precisamente para el acceso a los escalones de su propia jerarquización. Se escuchan o leen algunas propuestas para salir de esta especie de círculo vicioso. Pero suelen partir de la voluntad dominada, del ejército de parados o de los contratados "en vilo".
¿Hay propuestas o actitudes que partan de otros niveles? Una foránea, me viene a la memoria:
En el laboratorio de Física Nuclear de Berkeley existía, y es posible que perviva, un sistema de acceso a la jerarquía que se podría calificar de tipo "espontáneo". Los jóvenes investigadores ejercían sus tareas sin someterse a una dirección específica. Confrontaban sus hallazgos, discutían sus problemas, proseguían y volvían a confrontar. Al cabo de algún tiempo uno de ellos estaba dirigiendo un determinado plan de investigación. Este es un caso de acceso a la jerarquía sin opositar, o más propiamente, de oposición "natural'.
El lector, especialmente el que esté opositando, es muy dueño de sonreír escéptico ante la imposibilidad aparente de extrapolar su caso a lo que sucedía o sucede en Berkeley. Mas el ejemplo no ha sido citado para él, sino para que mediten un poco sobre el tema los usufructuarios de los dictados de la voluntad dominante.
Mientras éstos no expulsen de sus convicciones profundas el lema "que cada cual pase por donde lo hice yo", la sociedad se compondrá de opositores exitosos, aspirantes derrotados y más o menos frustrados, y gente normal. En este último grupo caben algunos especimenes de las otras clases, y también los que hoy se llaman "pasotas".
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* en efecto: las fechas de aparición en la Literatura según Corominas son: 1251 oponer; 1288 oposición y 1604 opositor.
Fabian Zola
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