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   merecer la CONSTITUCIÓN

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Nº 156 — OCTUBRE 1978
«Galaxia» 29
Madrid — España



    En el período que atravesamos, las ideas propias o prestadas sobre temas constitucionales pueden ser tildadas de oportunistas o pasar inadvertidas al lector, quizás saturado de información sobre el asunto. Sin embargo, me parece que la importancia de lo que significa alumbrar una nueva Constitución no ha calado lo deseable en suficiente número de personas. A la distancia que separa el hombre ordinario del hombre político se suma la pereza de actuar. Esta pereza es disculpable casi siempre. Porque actuar más allá del esfuerzo dedicado a la satisfacción de las necesidades vitales va resultando cada día menos imaginable. El aumento del tiempo "libre" ha sido una conquista muy trabajada. No parece realista esperar que ocupemos gran parte de ese tiempo en algo que exija un esfuerzo adicional, aunque éste sólo sea de índole intelectual -esfuerzo, el del intelecto, siempre valorado en menos porque no produce señales de exudación visibles-.
Pero la pasividad, incluso pensante, ante el desarrollo, los debates y la información diaria de la "cosa" pública más importante hoy, no autoriza la desmesurada generalización de que "cada pueblo tiene el gobierno (o la Constitución) que se merece". Ello equivaldría por ejemplo a decir, que el pueblo alemán no se mereció la Constitución democrática de Weimar (1919), o que de ésta sólo merecía el artículo 48, el que sirvió para institucionalizar la dictadura hitleriana catorce años después.

    A esta reflexión me ha llevado la lectura de los ensayos de Max Horkheimer, publicados en español bajo el título «Sociedad en transición: estudios de filosofía social» (*).
En el capítulo que trata de "lo político y lo social" la referencia a los procesos constitucionales es explícita. El discurso de Horkheimer celebra el cuarto aniversario (1950) de la Constitución de Hesse. Como el resto de los "Länder", el de Hesse se configura al finalizar la segunda guerra mundial con las fronteras que tiene en la actualidad. Su Constitución se adelanta por tanto tres años a la Ley Fundamental de Bonn, la Constitución provisional de la RFA. (1949). La llamada de atención de Horkheimer a sus conciudadanos es el reflejo de una actitud intelectual comprometida en el empeño de que el texto legal no quede en letra muerta o relegado a la dudosa esfera de lo oficial. Y pienso que repetir hoy un párrafo mínimo de sus razonamientos, expresados en frases que pueden parecer tremendistas a algún ingenuo, es sencillamente oportuno, porque...

"... el mundo se convierte en un infierno, cuando se aparta de estos órdenes como el constitucional. Para aquel que, como supuesto delincuente político, sin proceso ni orden de arresto, fue sacado de noche de su casa y entregado en manos de los sayones que le torturaron, las llamadas garantías formales ya no le parecen en modo alguno simplemente formales, sino que el desprecio o la validez de las mismas significan para él, respectivamente, la muerte o la vida. En la era de los Estados totalitarios, del univers concentrationnaire, el universo de los campos de concentración, como lo ha llamado el francés Rousset, ya no consideramos el mundo de la constitución como un mundo de solemnes oradores vestidos de frac, de actividad vacía y controversias ingeniosamente legalísticas, sino como el refugio en el que aún se nos permite respirar. Aquello que se nos antoja excesivamente institucional puede convertirse precisamente en la única salvación de lo humano. El que la Constitución se llene de un espíritu auténticamente democrático y no quede simplemente en un marco, en el que nuevamente triunfe la fuerza y al cabo se imponga la violencia ciega, depende también de que esto, el derecho como refugio en un mundo amenazado por el terror, entre oportunamente en la consciencia de los hombres."

(*) Ediciones Península, feb. 1976 –pp 158_9- ISBN: 84-297-1161-9

Fabian Zola
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ADENDA a 1 de setiembre de 2009

TripartitoLas "aguas" del Estatuto Catalán llevan revueltas muchos meses y el tema ha venido alumbrando cabeceras de prensa, para desaparecer poco después, hasta reaparecer de nuevo. El referente del monstruo del lago Ness es aquí menos tópico, porque a su análoga intermitencia noticiosa se añade el enorme (¿monstruoso?) periodo de tiempo transcurrido sin resolver la sentencia sobre la constitucionalidad de aquél.
Dimes y diretes se reparten entre quienes lo ven "flagrantemente" inconstitucional y quienes amenazan y hasta puntualizan que, si ese fuera el dictamen, todos (los otros españoles) lo van a pasar muy mal.

Los días inmediatos, –celebración de la diada catalana el 11 de setiembre– parecen propicios para sellar la solución del proceso. Esa es la noticia que me ha hecho recordar que en su momento anduve a vueltas "reflexionando" sobre la Constitución. El artículo recuperado, dada su antigüedad (6 lustros cumplidos), tiene relativa vigencia, y su oportunidad corre pareja con el cuadro de valores de cada lector. En cualquier caso serán los jueces quienes digan la última palabra. O quizás todavía no...
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la imagen del "tripartito" catalán está tomada de la edición de Periodista Digital de 28 de agosto

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