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   Lógica incierta

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Nº 159 — ENERO 1979
«Galaxia» XXXII
Madrid — España



     He aquí una proposición irreprochable y, en apariencia, simplicísima:

El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas

Por decisión de su autor es la segunda en importancia a la hora de definir la verdad última; para nuestros modestos propósitos podemos considerarla como la proposición primera, porque en realidad la contiene. Quien haya sentido la curiosidad de leer el «Tractatus Logico–Philosophicus» de Wittgenstein lo sabe (naturalmente, si ha cedido a su curiosidad). Y vale la pena desarrollar el residuo que le queda al hombre común, cual es nuestro caso, después de cerrar ese libro, anonadado por la séptima (como el sello) y última proposición. Que reza así:

De lo que no se puede hablar, mejor es callarse

Pero aquí no se trata de pergeñar siquiera un comentario libresco, sino de reflejar –en sentido casi literal– el notable efecto a que puede catapultar tal comienzo del Tractatus fundido con tal final. Y esto por si le sirve a alguien para algo.
Antes, de todos modos, se deben anteponer dos consideraciones:

  • el hombre lógico pertenece a la clase de los apolíneos,
  • su opuesto, el de la clase de los dionisíacos, ejerce el derecho al pataleo y, por tanto, no está conforme con la séptima proposición.

     La naturaleza de las cosas, o mejor, lo que se deriva de la observación de las conductas de los hombres, autoriza a pensar que los componentes dionisiacos del comporta­miento ordinario contaminan sistemáticamente los plan­teamientos que se pretenden lógicos. En otras palabras: en el mundo real –en lo que el hombre común entiende por "real"– la lógica es una abstracción, y la interpreta­ción que refleja la primera proposición se perfila cohe­rente: el hombre de nuestro siglo que vive mediatizado por las cosas, es decir "cosificado", ha dejado de perte­necer al mundo (de los hechos). Por lo menos, sólo se puede decir con rigor que está proyectado en las cosas y tan identificado con ellas que su existencia es indife­rente para que el mundo siga en pie. Pero ¿qué es lo que sigue en pie en tales circunstancias? Es evidente: el redu­cido universo de los lógicos "casi" puros. Estos dictan lo que han de hacer los seres biológicamente pluricelulares pero intelectualmente amébidos.
¿Qué puede hacer la ameba, esa casi cosa? Para con­testar se impone una digresión semántica en el terreno de la polisemia.
"Poder" y "saber" son, en determinados contextos, traducciones castellanas del mismo verbo defectivo inglés. Si sucede lo mismo con el idioma alemán,[•] el séptimo principio de Wittgenstein "conmina" a saber para poder empezar a hablar. Emplaza al hombre ante la eterna puerta, la vía de escape para no ser anonadado, la persecución inacabable del conocimiento.

     Sin embargo existen más que briznas de esperanzas dionisíacas, las únicas que pueden agrietar el muro de las tautologías, el férreo universo de los lógicos puros. Seis años después del Tractatus, un intelecto pluricelular, el de Heisenberg, enuncia el principio de incertidumbre. La revolución que éste genera en el orbe microfisico se extiende imparable al reino del pensamiento abstracto, al dominio de lo filosófico. El neopositivismo lógico recibe el impacto de la incertidumbre, de su negación más radical. Parece que hay que volver a empezar por el principio. Porque, no en vano, la incertidumbre forma parte de la totalidad de los hechos.

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[•] 1 de FEBRERO de 2010

TRACTATUS Mis conocimientos aumentaron no mucho, pero sí lo suficiente para poder afirmar que en alemán parece suceder con el verbo können lo mismo que en inglés con su equivalente can.
Escribí el artículo que antecede un par de meses después de haber "lidiado" con el libro. Conservo, por supuesto, el ejemplar bilingüe que publicó ALIANZA en 1973, traducido por Enrique Tierno Galván, que contiene además la valiosísima introducción de 1922 de Bertrand Russell. El distanciamiento posterior de ambos filósofos y el "segundo" Wittgenstein de las «Investigaciones Filosóficas» [publicado después de su muerte] no pusieron las cosas más fáciles para aproximarse un poco más al nivel de sus razonamientos.
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Fabian Zola

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