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   la ESTÉTICA como máscara

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Nº 162 — MAYO 1979
«Galaxia» XXXV
Madrid — España



    Entre el variopinto mercado del columnismo actual en la prensa madrileña destaca el estilo de Manuel Vicent en el periódico «EL PAÍS». Decir que se sale de lo "normal" es, posiblemente, una trivialidad; pero lo cierto es que, para descifrar su mensaje, el lector se ha de enfrentar a un notable amontonamiento de referentes "bizantinos". Algunos articulistas resultan crípticos porque el lector sabe comparativamente muy poco de lo que ellos conocen; así, cuando explicitan a medias sus saberes, pueden mantener con facilidad la tensión informativa que les exige "su" público. La técnica de Vicent es distinta. Recurre poco al truco de desvelar a medias los secretos; prefiere disfrutar con la mezcla de las dos primeras "grandes motivaciones" que, según Orwell, se dan en todo escritor: egotismo y entusiasmo estético. Conviene aclarar que la motivación egotista ("sheer egoism") es muy compleja y amplia. Abriga –siempre en opinión de Orwell– no sólo el egoísmo puro y radical, connato al instinto de supervivencia, sino también el deseo de parecer inteligente, de ser objeto de comentarios, de pasar a la posteridad, etc. Sobre el entusiasmo estético no resulta preciso explicar nada porque "salvo la guía de ferrocarriles ningún libro está exento"

"El demonio no es más que un genio que une dos culturas, que te frota la glándula pineal con la corriente alterna de una lija que segrega un concepto de culpa." (4/2/79)

"Para alcanzar la inmortalidad hay que perder la memoria y la esperanza. Nunca te fíes, hijo, del cadáver incorrupto de un tirano." (25/2/79).

"Un diputado armado en el hemiciclo sólo tiene una belleza estructuralista, la elegancia de una secreta simetría bilateral." (22/4/79)

"Cada cultura posee su propio sumidero, porque los que buscan frenéticamente la verdad siempre corren el riesgo de encontrarla." (26/4/79)

"Mirando la Acrópolis con toda su belleza cataclismática te comes un bocadillo de mármol rociado con aceite minerva y estallas contra él la muela del juicio." (29/4/79)

Aislados de su contexto, estos párrafos son todavía más oscuros pero tienen, a mi juicio, casi el valor de "citas", y responden al sentimiento de admiración-rechazo que produce lo insólito-estético cuando no se entiende del todo. Hay también en ellos muestras de bizantinismo conceptual, pero sobre éste, sobre su jugosidad clásico-oriental-exótica, vale la pena entresacar algunos items más:su contexto, estos párrafos son todavía más oscuros pero tienen, a mi juicio, casi el valor de "citas", y responden al sentimiento de admiración-rechazo que produce lo insólito-estético cuando no se entiende del todo. Hay también en ellos muestras de bizantinismo conceptual, pero sobre éste, sobre su jugosidad clásico-oriental-exótica, vale la pena entresacar algunos items más:

"... el laberinto de Creta... los jadeos de Ariadna... un lejano rey de Cnosos... Calígula negro... el aspecto báquico... una luz apolínea... el Corán no huele a almizcle... la daga del sultán Mahmut... la breña airada del Areópago... raíces de mármol pentélico..."

    Ignoro si el orientalismo de la moda romántica se trasvasó al articulismo primigenio, al de los noticieros o primeras hojas informativas. En cualquier caso Larra, un romántico no cuestionado, se apartó del orientalismo en su labor periodística, mientras Vicent ha optado por el exotismo para enmascarar los argumentos que esgrime, los que serían aburridos dichos llanamente, y también los perseguibles, si dichos a las claras. Naturalmente esto es posible en el columnismo, que no sólo es frontera sino que solapa con la literatura.
En esta frontera la libertad temática es total siempre que se respete, siquiera tangencialmente, el convenio tácito de conectar con la actualidad. Personaje, conflicto, fiesta regional, prohombre, película o libro..., todo sirve al articulista entrenado. Por eso el Sha, Idi Amín, la droga, las fallas, Suárez... son protagonistas oportunos que sirven a Vicent para poner en entredicho la amistad de los poderosos, la moral burguesa, el parlamentarismo; y también la historia, la literatura, la política y el arte, que "se convierten en falla si se tiene la osadía de levantarles el rabo". No falta a la cita la democracia; la devastación secular la convirtió en clásica, en obra de arte, la despojó de ornamentos farandularios, y "la belleza del cataclismo te sacude ahora el hígado con la estética".

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No es fácil comprobar si el lector medio es capaz de adivinar lo que hay tras la máscara que se ha colocado el articulista después de despojar de ella no sólo a la democracia, sino a la burguesía, a los traficantes de "chocolate" y a la misma Caperucita. Ese lector, con quien estoy, puede pensar que la columna de Vicent cierra filas con la izquierda divina. Pero de esta "etiqueta" ni Sartre se ha librado. Y, a pesar del acento peyorativo que en su mención ya siempre se carga, lo cierto es que está cosida a un saco sin fondo del que a veces se sacan ideas útiles para la izquierda humana. En otras palabras, para la izquierda militante. Porque, en Política, el esteticismo también juega su papel.
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Fabian Zola
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ADENDA a 1 de marzo de 2010
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En 1979 el escritor castellonense [Vilavella, 1936] compaginaba su actividad periodística y literaria con la de galerista de arte. Siete años después recibía el Premio NADAL por «Balada de Caín», al que añadió el ALFAGUARA, que repitió en 1999 con «Son de mar».
Sus columnas aparecieron en otros periódicos y revistas y la colaboración en EL PAÍS continúa vigente.
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La fotografía procede de la página www.epdlp.com que resume su obra y contiene un fragmento de «Otros días, otros juegos» (2002)

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