«Quienes renuncian a la libertad esencial para comprar un poco de seguridad temporal
no merecen libertad ni seguridad.»
Benjamin Franklin
EN las revistas de periodicidad mensual, media una distancia casi siempre superior a un mes entre el acto de escribir y el momento de ver impreso lo escrito. El lector no es siempre consciente del desfase, por ello es tarea del escritor explicitarlo cuando conviene.
Así sucede ahora, porque estas líneas se gestaron a raíz de los comentarios sobre supuestas incompetencias funcionariales en la preparación del viaje presidencial a la China —suceso lejano ya en el espacio-tiempo—, mientras que su publicación va a insertarse en la cola de la movida funcionarial que ha organizado el ejecutivo para incentivar, es decir, pagar más, a los de siempre... salvadas algunas excepciones de intercambio y, eso sí, exhibiendo una nueva, casi arrogante, transparencia.
Esa movida ha merecido ya una Clave (*) y creo que la promesa de otra. Sólo un lector malévolo podría imaginar que estas escuetas líneas traten de competir con los corolarios de un tema sub iudice por el "ojo omnipresente".
SI en el ejército el valor se da por supuesto, en la Administración civil la eficacia está implícita en el mismo nombre de sus empleados. Funcionario es palabra que se incorpora al léxico castellano a mediados del siglo pasado; es producto de imitación de un vocablo francés, pero tiene como éste el antecedente latino remoto en el verbo fungor. cuyo primer significado es cumplir.
En condiciones normales, la dispar frecuencia con que se han de exhibir valor o eficacia hace que la falta de esta última sea más ostensible. Por eso parece la cobardía una excepción, y la ineficacia resulta moneda corriente entre los funcionarios civiles. Sin embargo, la lucha contra la ineficacia funcionarial es una constante en los programas de los partidos políticos. Explicito o no, tal propósito en las campañas de captación de votos, la realidad posterior se encarga de demostrar que, no importa quien gane, la aplicación de medidas para reducir la ineficacia termina dominada por fuerzas internas similares a las que combate. Similitud que es, por naturaleza, reproductora de ineficacia, y fuerzas que hunden sus raíces en la estructura jerárquica de la Administración... eso pienso.
Si tengo razón el problema es insoluble, porque la jerarquización ha tenido que ser asumida hasta por el anarquismo, cuya praxis, desde aquel instante, devino ineficaz.
En cualquier caso, lo cierto es que la estratificación jerárquica en la función pública civil dota a los poseedores de mando de un poder en el que son diferenciarles dos componentes: el audible_visible, o significante, que produce las órdenes de trabajo normales y que, en general, no se cuestiona; y el inaudible_invisible, o sutil, que amordaza a los subordinados cuando no les humilla.
Gracias al componente sutil, insidioso, muchos puestos de mando pueden abortar las iniciativas surgidas de las bases o de los cuadros medios que no convienen a sus intereses y, por supuesto, pueden impedir a sus inferiores que hagan mención ante otros mandos de las incapacidades que les ocultan, a menudo torpemente. El resultado de la integración y progresiva acumulación de estas conductas es obvio: ineficacia global.
Aplicado al Ejército, el razonamiento precedente parece más cuestionable; pero en realidad lo que sucede es que el componente sutil lo es menos. Ciertamente no es sutil en absoluto, sino grueso, estentóreo. Quizás por eso no tiene sentido hablar de ineficacia de la Administración Militar en tiempos de paz. Para tiempos de guerra, que aquí no han lugar, dispone el lector curioso de un libro inquietante: «Sobre la psicología de la incompetencia militar» de Norman F. Dixon (ed. Anagrama/1977).
NO me parece odioso terminar estas anotaciones con la fórmula abierta del interrogante:
¿Por qué en la empresa privada el componente sutil, que sin duda existe, no causa los mismos estragos que en la pública? La respuesta puede aflorar meditando al modo Zen sobre la sentencia de Benjamín Franklin.
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Fabian Zola
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LA CLAVE fue el primer espacio de debate "político" programado en Televisión Española a poco de la muerte de Franco. Su creador, presentador y director fue José Luis Balbín. Lo emitió la "segunda" cadena nacional —con algunas interrupciones— hasta diciembre de 1985, cuando fue liquidado por orden del gobierno. En 1990 lo recuperó la cadena privada Antena_3, en la que funcionó 30 meses hasta su desaparición definitiva.
La promesa que se cita de "otra" CLAVE no se materializó. Este artículo —cuya intencionalidad tiene matices difíciles de captar hoy— vino a señalar el afloramiento de "tics" censores en el primer gobierno socialista. ___________
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