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   EL CUARTO ARCANO

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Nº 36 — DICIEMBRE 1987
«EL DISIDENTE»
Madrid — España



     Del discurso brillante y las sutilezas que jalonan la erudición de los los textos de Norberto Bobbio, dejé flotando, meses atras, un punto específico: el de los tres arcanos.
El insigne autor italiano remonta el primer empleo de la palabra plural "arcana" al amigo de Plinio el Joven, al autor de los Annales y las Historias, a Tácito.
TácitoÉste, efectivamente, distinguió ya dos asuntos de peso suficiente para estar ocultos. Los llamó "arcana imperii" y "arcana dominationis", es decir, lo que hoy, en castellano, conocemos por secretos de estado y secretos de gobierno.
Bobbio, por su cuenta y apoyado en otros autores, mejora el sentido; es decir, afina los matices que diferencian unos secretos de otros. Luego, trae a colación el tercer y último asunto: el que, a modo de contrapartida de los otros, borbotea en sótanos piranesianos, y llega a nacer cuando el poder se desequilibra. Es el grupo que forman los "arcana seditionis", la trama, los secretos de conspiración.

     Posiblemente el imperecedero atractivo de estos asuntos sea su versatilidad. Me explicaré, aunque poca falta hace.
Los arcanos, los tres, podemos imaginarlos en un tablero, colocados por sus iniciales I D S en los vértices de un triángulo, no necesariamente equilátero.
Versátil, como el lector sabe, es lo que se puede mover o cambiar fácilmente. Así que ya podemos proceder: tomamos a los partidarios del gobierno predemocrático antes de perder el poder. Ocupaban, como es obvio, los vértices (I) y (D), mientras que la oposición, incluidos don Santiago y su peluca, vegetaba en (S).
Razonemos ahora ahora teniendo in mente el 23 F.
Nada especialmenne novedoso nos descubre la triangulación, al menos a primera vista. Sin embargo, instalándonos en el presente, el jeroglífico puede empezar a tomar cuerpo. En la actualidad el vértice (S) ha sido reducido a los niveles de borboteo mínimo, -naturalmente a costa de la presión máxima-, y los vértices (I) y (D) están más orondos y abultados cada semana que pasa. El equilibrio es precario. Los secretos, sin enemigo, sin contrario, se vuelven simples mentiras.
Se difumina la presencia político linguística que otorgaron al asunto el antiguo historiador romano y el templado senador de hoy. Es necesarío corregir el plano de la expresión, ya que el del contenido se alabea, se distorsiona, se pudre.
Y así nace el cuarto arcano, el que de alguna manera se distingue de todos, los abarca a todos, y que cuenta con los restos de los otros tres, –restos inalterables en su esencia porque pertenecen a la naturaleza del poder, a la naturaleza del hombre–

     El cuarto arcano es el que conforman los "arcana alucinationis". Gracias a él, a toda la parafernalia del grupo, el poder en época de paz puede convertir lo blanco en negro, el pacifismo en otanismo, el empleo en paro, la voz del pueblo en el sonido de la lluvia, la justicia en autoritarismo... ¡para qué seguir!
TETRAEl lector ya lo sabe todo. Sabe también que lo razonado hasta aquí le va a servir para cualquier sistema político. Sólo tiene que darle tiempo al gobierno de turno y no perder la memoria (ni la paciencia), si quiere sobrevivir. Por eso creo que lo único que puede sorprenderle es la insospechada aparición, (juro que inintencionada), de un acróstico amenazador. Porque nada impide poner al cuarto arcano la inicial que le corresponde, la A, y espacializar el triángulo inicial, convertido en tetraedro por ese cuarto vértice.
Después sólo hay que ensartar el tetraedro en un eje, y girarlo despacio para que la proyección de los cuatro vértices ordene las iniciales y muestre el resultado: la palabra que genera toda la fantasmagoría de estados, de gobiernos, de sediciosos y de alucinados.

     En versión latina, en el idioma madre, el acróstico dice SIDA.
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Fabian Zola

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