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«ACTOS CONYUGALES»

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Nº 37 — ABRIL 1987
«La FRONTERA»
Madrid — España



    Una página como ésta existe en todas las revistas del mundo, y seguirá existiendo mientras no se invente otra manera de terminarlas por algo que no sea la última página. Es, como cualquier límite, un lugar especial, una frontera.
A quienes pregunté sobre la sensación de suspensión temporal que yo experimento, cuando me detengo ante una frontera física, me respondieron diversamente. No obstante, reconocieron un factor común: veían por unos instantes, nítidamente enfocados, sucesos de su pasado agolpados y sin orden en el presente.
Las autoridades y jerarquías siempre producen recomendaciones sobre toda situación de suficiente trascendencia. A veces son explícitas, contundentes; otras se difuminan en la hojarasca textual. En este caso, no infrecuente, el ciudadano tiene que rebuscar el sentido e, inevitablemente, llega hasta aquí, hasta el límite. Donde también es fácil que tampoco lo encuentre.

Miró_el amor     Dos acontecimientos, político uno y escatológico otro, eran noticia en la prensa diaria al cierre del número. Es oportuno ocuparse del segundo porque la escatología precisa rotundas aclaraciones de posición, ya que, como el lector sabe, trata dos campos muy diferenciados: los excrementos, y los temas del más allá. Un alma irónica podría retrucar que la política es otra cara de la escatología, porque oculta, o trata de ocultar, sus excrementos, y se ocupa del más acá. Mas no debo demorar, ni otra línea siquiera, el enunciado del tema escatológico que preocupa a bastante gente: el «método Gift». Menudean las preguntas de maridos devotos, pero confusos, y las de esposas desenfriadas que vislumbran, sin embargo, algún potencial aliciente en las desconocidas y sugerentes manipulaciones derivadas del método.

    En este momento sólo dispongo de la definición aparecida en el artículo editorial de EL PAIS el 9 de marzo:
«... el método Gift, es decir, el sistema de fecundar a la esposa legítima introduciéndole el semen del marido recogido no de una masturbación sino de un acto conyugal normal».
Para las personas que no leen ese periódico, creyéndolo adalid del libre pensamiento más extremoso, debe añadirse que la razón del descenso a tales escabrosidades legítimas, antionanísticas y conyugales, proviene de la anunciada publicación de un documento respaldado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, (versión actualizada de la Santa Inquisición).
Sin embargo, algo debe de andar mal en la definición o en la transcripción de la misma, o en el acto supuestamente placentero. Digo supuestamente, porque estimo que la Congregación verá con malos ojos un posible derrame de placer con la esposa legal en la segunda introducción seminal. Porque ha tenido que existir una primera, si no, no vale. Tampoco es permisible, se supone, que esta segunda introducción tome el cariz del inefable «jugar a médicos» con el que algunos niños perversos despertaban a la pubertad. Además, la esposa tiene que ser legal; ilegales no cuentan, eso está claro. En cambio, no está tan clara la factibilidad, la maniobrabilidad del método. ¿Cómo se recoge el semen cuando el acto es normal?, ¿se usa una jeringuilla?, ¿se llama al doctor? , o será el otrora satánico preservativo, la solución que ha previsto la autoridad competente. Esta última posibilidad ha dejado aún más confusos a los maridos que hace tiempo abandonaron la goma por el ogino para no pecar. Naturalmente, aquí se trata de una situación excepcional: la fecundación artificial, por la que se opta tras repetidos fracasos de inseminación normal. Muchas parejas no pueden tomar a broma este asunto. Las que lo tenían medio resuelto, por medios lícitos hasta ayer, se encuentran en la necesidad de remover de nuevo en las escabrosidades del sexo. y lo digo así, de modo retro, porque es a estas parejas a las que suele resultarles escabroso el disfrute sexual ya que, atrapadas por los viejos tabúes, no pudieron separar el juego erótico de la procreación.

    No sé si serán muchas o pocas las gentes jóvenes que, preocupadas por la falta de descendencia se entregarán al método Gift, pero lo que se puede vaticinar, si el sistema prospera, es el nacimiento de una nueva pornografía: la de actos conyugales lícitos.
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marchamo

Adenda a fecha 1 de agosto de 2009.

Las dimensiones del cuadro de Joan Miró resultan apropiadas para colocarlo a la cabecera de la cama. Sea  alli, o donde su desconocido propietario lo tenga expuesto, creo poco probable que haya advertido la anticipación del pintor, es decir, la fantasía que a mí me ha sugerido tropezarme con esa imagen ahora, ochenta y tantos años después de que fuera pintada y a veintidós de que el método fuera puesto en marcha.

Pero si hay algo singular en estas consideraciones es que la imagen que reproduzco no está en la RED o, al menos, yo no he podido encontrarla, mientras, en cambio, el método Gift goza de buena salud y se describe "en competencia" razonable y razonada con otros métodos de reproducción asistida.

Véase por ejemplo FECUNDACIÓN ARTIFICIAL, donde se dice que consiste en transferir el óvulo y el semen a las trompas de Falopio. Como las trompas son el lugar natural de unión de gametos, el GIFT es aceptado por varias religiones.

Asunto resuelto entonces para conciencias atormentadas. Y más todavía, porque si alguna de ellas desea meditar sobre la delgada línea que separa el erotismo de la pornografía, puede salir de dudas contemplando con atención el delicioso cuadro de Miró.
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Fabian Zola

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