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    PARÁBOLA DEL CAMBIO
 

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Nº 39 — JUNIO 1987
«La FRONTERA»
Madrid — España



    Es impensable ignorar la trascendencia del pasado diecinueve, fecha de la entrevista concedida por el director de «El País» al vicepresidente del Gobierno. El equilibrio de todo el discurso y la mesurada templanza –que pulía la media agresividad de preguntas supuestamente comprometedoras– ha sido toda una exhibición de profesionalidad periodística. Aunque otros acontecimientos más espectaculares hayan jalonado el mes de abril, la entrevista, esa forma de monólogo enmascarada en diálogo, ha pespunteado nuestro pasado reciente, lo ha dejado cosido y bien cosido, ha delineado la siguiente frontera del socialismo vigente.
Un periódico de nuestra más distante comunidad autónoma considera que el cambio ya consumado habrá dejado medio locos a más de cuatro teóricos, que todavía deben estar tratando de averiguar a qué cambio y a qué socialismo se refiere Alfonso Guerra. Creo que es ocioso, en efecto, entrar en el juego dialéctico del vicepresidente del actual
Ejecutivo. Especialmente si se cae en el foco primario de atención que el titular acotado destacaba: en el revulsivo gato por liebre que ha supuesto su oportuna definición del cambio. Porque si tal definición, que se «siente» dicha con aplomo, logra irritamos, seremos incapaces de analizar con la calma que el caso requiere el resto del contenido: lo que se dice en tres páginas densas y, sobre todo, lo que no se dice.

    De las omisiones notorias en las preguntas del entrevistador, la más burda ha sido el paro. Si bien está latente en la parrafada inquisitorial más incisiva, donde Cebrián recuerda la definición del cambio enunciada por Felipe González hace un lustro, lo cierto es que la cuestión explícita, la pregunta «¿qué va a pasar con el desempleo si los socialistas vuelven a ganar?», no ha sido planteada. La razón es obvia. Ya se ha alcanzado la cota del expolio impositivo a la clase media. Para obtener los fondos que la creación de empleo demanda –al modo socialista, se entiende– hay que apretar a los que realmente tienen, y si a éstos se les aprieta mucho más allá de lo folklórico, el apoyo de los instalados, el que está prolongando la estabilidad de la «pax psocialista», se desarmaría de golpe.
A nadie se le oculta que la calle se mueve agitada por profesionales, líderes de opinión de todo signo. Este gobierno, pienso que como todos, cultiva con sus concesiones los gérmenes de su debilitamiento progresivo. De la caricatura ideológica en que ha quedado, una vez asumido su culto al elitismo, ya no puede salir. Entre otras cosas porque la naturaleza humana está marcada por la tendencia a conservar sus conquistas para tratar de superadas en seguida. La obtención de un «status» económico y social anhelado durante décadas no facilita la reflexión de que uno, en la élite, se encuentra precisamente en el lado de los que antes combatía. El sereno sosiego y la «vejez lúcida» son indicadores expresos de que se ha logrado el tránsito. La aseveración impersonalizada de que «hay una norma escrita...» (escrita por mí, no faltaba más) por la que el director de «El País» sólo entrevista a jefes de Estado, nos lleva inevitablemente a la azarosa fatalidad shakespeariana: «Hay una pleamar en los asuntos de los hombres...», pero, sobre todo, lo que refleja es la mutua aceptación de que se ha entrado en el juego del poder con todas sus consecuencias.

    El resto del equipo, las sesenta mil personas ascendidas a puestos de responsabilidad pública, y los que sigan, no tienen que preocuparse del futuro; del suyo, se entiende. Los demás, los no elegidos, deben leer la obra posiblemente más difícil, pero imprescindible, de uno de nuestros maestros contemporáneos: la «Parábola del náufrago», de Miguel Delibes. Esa lectura, a pesar de su dificultad, es la única que se me ocurre recomendar para entender lo que ha hecho el tándem Guerra<>Cebrián, quienes, en mi opinión, con la consumada habilidad de los taumaturgos políticos, han ilustrado al pueblo recurriendo también a la parábola, al modo de discurso que dos milenios atrás sirvió a la difusión del cristianismo. La diferencia es que el nivel de lectura que hay que alcanzar, para aprehender el parabolismo encerrado en los monólogos dialogados de personajes de tal fuste, no es asunto de pueblo llano. Para éste ya se encontrará un eslogan que sofoque de una vez por todas el éxito, insufrible hoy, de lo que pudo ser el cambio.
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Delibes

Adenda a fecha 15 de NOVIEMBRE de 2009.

    No es la primera vez que al recuperar un antiguo escrito tengo la impresión de que el tiempo se ha detenido. Esta vez la distancia temporal no es tan grande como para hablar de acontecimientos del "pasado". Tampoco los protagonistas se han apartado de la escena por completo, aunque sus cargos y prebendas no sean los de entonces. Lo que me mueve al asombro es que con muy pocos retoques –ninguno esencial–, palabras y argumentos recuperados sirvan con justeza a la realidad política y social del presente.

    En cuanto a la vigencia de la delirante metamorfosis de Jacinto (el protagonista de la "Parábola" de Delibes). todo depende del "nivel" de metafórica lectura que asuma el lector. Hasta dónde en Don Abdón, el padre más madre de todos los padres, pueda ver el icono reflejo de un Presidente de Gobierno y, simultáneamente, en jacinto, –así con inicial minúscula–, representar(nos) a toda la manada de súbditos que se miran en el borrego dócil al que, "si entre comida y sueño le aprieta una urgencia [...] comprime los músculos del vientre allí donde se halle y los escíbalos caprinos ruedan por el suelo sin ruido ni mal olor".(•)

   El año 1915 Kafka publica su «Metamorfosis»; cincuenta y cuatro años después Delibes anonada a sus incondicionales y ensancha la metáfora llevándola al límite. No tengo noticia de que con este libro el eximio vallisoletano lograse un éxito comparable al de cualquiera de sus otras obras. La realidad es tozuda y consecuente: el cuerpo social digiere mal su retrato cuando éste descarna sus afeites y, peor aún, si encima ha de esforzarse sobremanera para entender lo que le cuentan.
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(•) «Parábola del náufrago» ISBN :: 84-233-1287-9

Fabian Zola

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