escriba_log


    «vientos soplan...»
 

logo decision2

Nº 40 — JULIO1987
«La FRONTERA»
Madrid — España



    Aquel día de febrero,  haberse quedado en pie, de parado, que dicen los argentinos, cuando lo racional era tirarse al suelo, fue condición suficiente para entrar en la historia. Algunos lo consideraron el broche, la condecoración final que se concede a quienes se premia para luego arrinconarlos definitivamente. Es evidente que se equivocaron quienes pensaban así. En este caso, por razones que no hace falta explicar, sucedía todo lo contrario. Por ello los vientos del presente soplan de Ávila otra vez. Justamente ahora, cuando van a cumplirse diez años de otro gesto de muy distinta raíz, pero que partió del mismo protagonista: los Pactos de la Moncloa.
Se ha dicho, y se sigue diciendo, –con cierta malevolencia, pienso–, que Adolfo Suárez ha malgastado su capital político. Es posible que lo haya derrochado, que no es lo mismo, pero en ese caso ha procedido como hombre generoso. Si los españoles leyéramos algo más, habríamos ayudado realmente a que se cumplieran los puntos del Pacto donde la generosidad del gobernante con los gobernados, los trabajadores, era manifiesta. Porque la colaboración tenía que venir de abajo. Se trataba de una recomendación, no de una exigencia. Por tanto quedaba en manos de los destinatarios el turno del juego para aspirar a su cumplimiento.
El punto 4º, epígrafe D, capítulo I, decía:

Se recomienda que la distribución del incremento indicado de la masa salarial en cada empresa se efectúe de modo que la mitad, al menos, del referido incremento se distribuya linealmente entre los trabajadores de la misma

Es posible que algunas empresas cumplieran esta recomendación y que quizás la sigan cumpliendo. Lo ignoro, y confieso que me gustaría saberlo. En cambio, de lo que sí tengo constancia es de que la mayor empresa del país, la Administración del Estado, jamás trató de implantar tal progresividad en su sistema retributivo. Hoy, después de un sexenio de desgaste, el «socialismo» está más lejos que nunca de aplicar lo recomendado

    Para ilustrar la diferencia entre el reparto de un aumento salarial, en distribución proporcional o en distribución monclovita, serían necesarios ejemplos que cuantificasen las dispares situaciones que se producen, según se trate de colectivos pequeños o de gran número de empleados.
No es propio de este lugar enredar con números. Baste señalar que en el caso de colectivos con pocos jefes o empleados en categorías altas, la incidencia del método distributivo recae prácticamente sólo en los jefes, mientras que las empresas con muchos cargos ejecutivos medios (es muy dudoso que los altos ejecutivos entrasen alguna vez en fórmulas de reparto conjunto con todo el personal) repercutirían incrementos sustanciales en los puestos de menor remuneración. Se cumpliría así, ciertamente, lo que se pretendía. En palabras de Enrique Fuentes Quintana, entonces vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía:

... que resulten relativamente favorecidos los trabajadores de ingresos más bajos, reduciéndose la extensión del abanico de retribuciones.

    Si entre los atributos del ser humano está el de preocuparse por las mentiras de los gobernantes, como dice Max Frisch, todo lo que antecede tiene sentido actual, a pesar del tiempo transcurrido (y por eso mismo), y a pesar también de la reconocida futilidad de las críticas dirigidas a un ejecutivo que domina el parlamento por mayoría absoluta. Era ingenuo creer aplicable a la Administración una medida que favoreciera ostensiblemente al funcionariado de a pie. Sobre todo si se producía restringiendo de algún modo la sempiterna tendencia de las escalas altas a extender el abanico retributivo, no a reducido. Por esa razón, la distribución monclovita es otra asignatura pendiente. Quizás pudiera aprobarse si se vuelven a recobrar las libertades que sólo conceden los ejecutivos obligados a ejercer por consenso; quizás si los vientos que soplan no amainan y en dos años llegasen a ser huracán.
__________

Firmantes de los Pactos

Adenda a fecha 1 de FEBRERO de 2010.

    Como cálculo elemental que da idea de la muy discutible "justicia" de un incremento salarial anual de igual porcentaje para un "mileurista" o un directivo "cincomileurista", por ejemplo, basta anotar que si la tasa es del 5 por ciento, el primero pasará a cobrar un año después 50€ más al mes, mientras el segundo incrementará su sueldo en 250€. A los diez años, si se ha mantenido la tasa, las cifras respectivas serán 1629€ frente a 8144€. Es decir, la diferencia inicial de 4000€ ha pasado a ser de 6515€. Si no existiera la escala progresiva de la cotización a Hacienda, las diferencias terminarian por ser intolerables. Aún así, parece que siguen ahondándose y, hoy en día, tampoco se barajan fórmulas que tiendan a corregir la lesiva aplicación del malhadado "igual porcentaje". He ahí un reto digno de ser abordado por el Ministerio de Igualdad: corregir igualdades que generan desigualdades cada vez más profundas.
_______

Fabian Zola

a Conceptos Valid HTML 4.01 Transitional