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«TENGAN MUCHO CUIDADO AHÍ FUERA» (*)

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Nº 41 —SETIEMBRE 1987
«La FRONTERA»
Madrid — España



donaldNO trata de Televisión lo que sigue, aunque el título evidencie, —para los adictos a Hill Street—, que se ha tomado la caja tonta como referente.

Vaya por delante que jamás he creído en la tópica tontería del aparato. Ni fueron tontos los inventores, ni lo son quienes siguen trabajando en su perfeccionamiento. y sobre lo que dice y muestra, en especial los mensajes inteligentemente repetidos, sólo el espectador displicente puede dejar de captar la carga de persuasión que han fabricado mentes muy capaces para eso, es decir, para convencernos de lo que les interesa, que no es necesariamente lo que nos conviene.

He visto aparecer en la pantalla doméstica, en tres o cuatro ocasiones durante los dos últimos meses, un mensaje "firmado" por la Comunidad de Madrid. Es del tipo mini-historia, como los clips caros que parecen fotonovelas, y casi igual de empalagoso. Resume la vida del ser humano desde sus primeros balbuceos, cuando no sabemos nada, hasta la tercera edad cuando lo sabemos todo (!). Entonces, ante la imagen remaquillada de un jubilado, la acaramelada voz en off que nos ha dado la coña, lamentando la lentitud que hemos mostrado en el acceso a la sapiencia, nos dice: «... si lo sabe todo, ¿por qué le apartamos?»

Escribo desde otra comunidad bastante alejada del centro. He sufrido un sobresalto al reencontrarme con la imagen del anciano, parlante esta vez. Enseguida caí en la cuenta de que no se trataba del clip de marras. Entre otras cosas porque el patrocinador del mensaje era un Banco. Sin embargo, el jubilado parecía el mismo. El rictus, la sonrisa de "estoy jodido pero contento", encajaba pelo a pelo en el rompecabezas de mi memoria. También la voz del busto sonaba igual que la voz en off.

El contenido de este otro mensaje era, y es, por expresarlo gráficamente, "jubilante"; lo cual, como el lector imagina, nada tiene que ver con jubiloso. El busto pregunta a las gentes jóvenes y con empleo, (hay que entenderlo así), si podrían vivir con la paga de mierda —es un decir— que a él le ha quedado. Ante el evidente iNOOO! que ha contestado la inteligente audiencia, la solución luminosa es el Plan de Jubilación del Banco Menganito.

No me preocupa ni me ocupa, —en verdad me importa un pimiento—, que uno de los dos clips haya plagiado al otro. Es posible, incluso, que sean del mismo publicista y que éste haya ejercido el inalienable derecho de copiarse a si mismo. Lo que me resulta alarmante es el ropaje persuasivo-seductor con el que ambos mensajes han vestido su cinismo. El primero es cínico porque lo patrocina la Administración; el segundo por lo contrario, por naturaleza, "per se" , porque lo patrocina el capital.

Es una tomadura de pelo hacer escuchar a los viejos "¿por qué les apartamos?" Pero cuando la broma se torna cínica es al cargar a la sociedad telespectadora con la responsabilidad, la culpa, del echarles fuera. Porque la decisión del arrinconamiento ha partido de quien paga el mensaje. ¿O es que la reducción de la vida activa, el adelanto obligatorio de la edad de jubilación, amenazada ésta, además, por incompatibilidades en mil casos discutibles, ha sido un invento de los administrados?

La irritación que provoca el segundo mensaje es menor. Porque es coherente con la ideología del emisor y no nos sentimos engañados. Viene a decirnos que las cosas están como siempre estuvieron: a favor de los que tienen. Su dosis de cinismo parte en realidad de su misma enunciación, del hecho de ser emitido. Porque, si el hombre llegó a su vejez con una paga de pena, es que su sueldo a lo largo de su vida también tuvo que ser de lástima. Salvo que estemos contemplando la imagen de un derrochador libertino. Que no es el caso; ya que lo inquietante, lo que se insinúa, es la presumible quiebra de las pensiones de jubilación en el futuro.
Aturdidos ante el panorama y cabreados por los ridículos rendimientos que podemos esperar de nuestros ahorros, no nos queda más consuelo que refugiarnos en la cálida advertencia del sargento simpático y bizqueante. Por eso no saldremos de casa, y tendremos mucho cuidado... aquí dentro.
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(*) al reproducir este artículo lo asigné por error a la revista «HOMBRE de HOY»
Fue publicado en «LA FRONTERA», página de cierre de la revista «DECISIÓN»

Fabian Zola

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