Desde que el lenguaje de los políticos no se corta por el uso de cifras estadisticas, antes reservadas a los jeroglificos de la Economía, los lectores de periódicos han de aguantar el bombardeo de guarismos de todo tipo, especialmente de porcentajes. Hay un cierto regodeo al enunciar los resultados numéricos cuando éstos son favorables y, además, se dicen por televisión.
El portavoz de turno saborea las unidades, paladea con fruición las décimas, y roza el orgasmo mental si los datos de la noticia le permiten expresarse en centésimas.
Es natural, la precisión de la medición electrónica del tiempo nos ha hecho saber que una centésima de segundo de menos puede valer un récord mundial. Los políticos no hacen más que emularse ante el cosquilleo de lo infinitamente pequeño.
Sin embargo, el porcentaje más notable e inesperado de estos dias no ha sido de carácter económico ni deportivo, sino sociológico.
El 31º congreso del PSOE ha consagrado a las mujeres el 25 por ciento de los puestos de su ejecutiva. Es decir, uno de cada cuatro puestos rectores en el partido tiene que ser mujer.
Las preguntas que se hace cualquier persona librepensante son: ¿porqué sólo una mujer, y no dos o tres?, ¿o las cuatro?, ¿o ninguna?
Es necesario felicitar a las mujeres del PSOE porque han conseguido algo que les parecía importante. Y seguramente lo era y lo es. Pero no podemos congratularnos de que el asalto a la discriminación en este país tenga que ser ganado todavía a golpe de porcentaje. Porque a los españoles no se les puede discriminar por ser blancos o negros, hombres o mujeres, católicos o luteranos.
El artículo 14 de la Constitución definió la igualdad ante la ley sin necesidad de tantos por ciento. Si cunde el ejemplo porcentual de la concesión del PSOE a sus mujeres y, sobre todo, si esto proporciona beneficios cuantificables en afiliaciones y votos, las minorías marginadas de cierto porte deben afinar sus argumentos (de ofertas y/o exigencias) y. con seguridad, colocarán a algún compadre en más de una ejecutiva.
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Fabian Zola
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