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DE FILIALES Y SUCURSALES

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Nº 37 — SETIEMBRE 2002
Quilmes — Argentina



El día que el hemisferio boreal entraba en el solsticio de verano, se clausuraba en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander un curso sobre inversiones españolas en Latinoamérica. La estrella del mismo, si se la puede llamar así, era Argentina, naturalmente. La noticia que recogía la prensa no servía para entonar loas de optimismo fraterno, pero sí para, una vez más, tratar de aprehender la realidad profundizando en los vericuetos del lenguaje.

Hasta hoy nunca había pensado que mis ahorros podían estar más seguros ingresados en una sucursal que en una filial. Hablo de entidades bancarias, por supuesto, y entiendo por seguridad el hecho de poder disponer de mi dinero si lo necesito o, simplemente, si me viene en gana. De haber sido preguntado un día antes del pasado solsticio de verano, habría respondido que tener el dinero en una filial me inspiraba mayor confianza. Mas parece que estaba en un error.

No hace falta echar mano de la etimología, ni siquiera del diccionario, para saber que filial tiene que ver con hijo. Incluso quien no ha conocido a sus padres habla de cariño filial cuando se refiere al que siente por las personas que lo han sacado adelante. La cosa no está tan clara, en cambio, con sucursal. Desde luego no escuché a nadie decir: "profeso a mis parientes pobres un cariño sucursal". Y el caso es que esa expresión anómala no sería una atrocidad semántica, porque el origen de la palabra es sucursus, que lleva de inmediato a "socorro". No ya anómala, sino diáfana, resulta entonces la precisión del adjetivo sustantivado para definir el cometido de las oficinas bancarias auxiliares, puesto que la función de una sucursal es precisamente esa: servir de ayuda, de socorro, a la oficina central.

nacion_dolars¿Y el usuario, el cliente, nosotros? ¿qué debemos hacer? Los diccionarios de uso normal no responden; no bastan en este caso para orientarse en la dirección correcta. No sirven porque no acotan la diferencia entre filiales y sucursales bancarias; más bien, en general la anulan, puesto que las listan como sinónimos. En los diccionarios especializados, de Economía o Derecho, por ejemplo, sí aparecen matices, aunque desde luego insuficientes para ponerse en guardia ante la amenaza de una agresión como la del corralito. Lo que parece claro es que a la hora de decidirse a depositar el dinero en el banco "A", conviene saber si éste añade a su nombre filial del banco "B", porque, si es así, los hechos demuestran que este padre, el banco "B", puede llamarse andana si su hijo se arruina.

Los sistemas financieros nacionales muestran la fragilidad de su esqueleto en cuanto unos centenares de clientes tratan de sacar el mismo día todo el dinero de sus cuentas. Si la cosa va a mayores, es decir si los centenares son millares, las consecuencias ya se han visto y siguen latentes. La elección de banco, filial o sucursal, termina por ser anecdótica. La única elección deseable sería prescindir de los servicios bancarios. Hay gente, no necesariamente marginal, que lo ha conseguido. Llevan una vida simple, pero eso no significa que ésa sea una vida fácil.
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FAB.

La imagen no estaba en el artículo original. Procede de LA NACIÓN, 07/10/2007. Difícilmente un "icono" se ajustaría mejor a un texto para el que no fue concebido.

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