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   DE LAMPEDUSIANOS Y ...
 

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Nº 038 — OCTUBRE 2002
Quilmes — Argentina



      TODO el MUNDO o casi todo el mundo conoce, mal que bien, la cita. De la misma corren en español dos versiones: la auténtica y la alterada. La aparición de esta última es lógica porque al escucharla por primera vez se entiende antes que la traducción fiel del original; es decir, no hay que escucharla por segunda vez. Como pienso que los lectores argentinos de estas páginas tienen tantas probabilidades de que sus ancestros sean españoles como italianos, les brindo la cita en su idioma original. Dice así:

«Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi»

La versión literal que he llamado auténtica sería: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie.» La alteración introducida por otros traductores, pienso que bienintencionada, ha consistido —se diría que para empezar obedeciéndola— en cambiar el segundo "todo" y dejarlo en "algo".
Es frecuente, en ese caso, que también hayan invertido el orden de las dos oraciones pasando la condicional al segundo lugar. En resumen, la cita así alterada ha quedado en: «Es necesario que algo cambie, si queremos que todo siga como está»
Dije que esta versión se entiende mejor que la auténtica; sin embargo, aunque así sea, corrompe la intención del autor porque destruye la fuerza de la paradoja. Expresada de este modo no produce sobresalto leerla. Sin necesidad de prestarle atención nos informa de lo que sabemos, del proceso natural de los cambios cotidianos.

      EN la ITALIA de 1860 (•) , anunciar que se avecinaba la sustitución de (toda) una clase social por otra, aceptar el envite integrándose en la clase emergente, para seguir disfrutando de privilegios análogos a los que se tenían, era exactamente cambiarlo todo para conservarlo todo. Sin embargo, lo que ordinariamente nos toca presenciar en la política contemporánea del día a día es precisamente la del algo por el todo, la versión reducida del dictum lampedusiano.
Es cierto que resulta posiblemente la única aconsejable. Una política eficaz es la que va acertando con la calidad y la cantidad de ese "algo" que conviene cambiar. Lo cual se sabe gracias a las encuestas de todo tipo con las que se toma el pulso a la población. También es cierto que las predicciones de las encuestas a veces fallan; rarísima vez si están bien hechas y si luego son correctamente procesadas.
La alteración de la cita es, como ahora se dice, políticamente correcta. Es así como un gobierno responsable trabaja hoy. Los puntos suspensivos de la cabecera son sustituibles por "españoles", "italianos", "alemanes"… etc. Si uno, unos pocos, varios o muchos ciudadanos de un país no creen que su gentilicio pueda ocupar esos puntos, es porque se sienten en situación lampedusiana. Pero si tampoco se ven en ella es que están abocados a la tercera vía.

La tercera vía es la revolución, y para los verdaderos revolucionarios, la revolución permanente. Aunque, después de un concienzudo repaso a la historia, cabe preguntarse si hubo alguna "revolución" que no llevase camuflado en su ideario la sentencia que Tomasi di Lampedusa ni siquiera llegó a ver en letras de molde.

Reykjavik


(•) En realidad debí decir en la SICILIA de tiempos de GARIBALDI; fue allí, y no en la península, donde enmarcó su historia el escritor menos prolífico y, cabría decir, más despreocupado de que su(s) obra(s) fueran conocidas antes de su muerte.
No es un hecho singular que después "alguien" descubriera el manuscrito y se preocupara de publicarlo; ha sucedido en bastantes ocasiones –las de obras póstumas de autores ya reconocidos–, pero no tengo noticia de ninguna otra con el marchamo de "opera prima" y que además haya sido calificada enseguida de "obra maestra". Para colmo, en 1963 Luchino Visconti termina el rodaje de Il Gatopardo; su calidad y preciosismo aportan a la película el plus de inmortalidad que instala en el olimpo de obras maestras el tema de la aristocracia renunciando a sus privilegios para adaptarse a la situación y, dentro de lo que cabe, che tutto rimanga come è.

Pero si al paciente lector le roe el gusanillo de la polémica, porque piensa que las cosas hoy (vencido el ecuador de 2009) ya no son como fueron, y hasta ve un poco ridícula y desfasada la sentencia de Lampedusa, le recomiendo que emigre por un rato a la "rabiosa" actualidad, retratada como ha sido el pasado día uno desde Bonn (Deutschland) por Oswaldo Bayer en el periódico argentino «Página 12»: son 1600 palabras y vale la pena no saltarse ninguna. >>> click
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FAB

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