TODO el MUNDO o casi todo el mundo conoce, mal que bien, la cita. De la misma
corren en español dos versiones: la auténtica y la alterada. La aparición de
esta última es lógica porque al escucharla por primera vez se entiende antes que
la traducción fiel del original; es decir, no hay que escucharla por segunda
vez. Como pienso que los lectores argentinos de estas páginas tienen tantas
probabilidades de que sus ancestros sean españoles como italianos, les brindo la
cita en su idioma original. Dice así:
«Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi»
La versión literal que he llamado auténtica sería: «Si queremos que todo siga
como está, es necesario que todo cambie.» La alteración introducida por otros
traductores, pienso que bienintencionada, ha consistido —se diría que para
empezar obedeciéndola— en cambiar el segundo "todo" y dejarlo en "algo".
Es
frecuente, en ese caso, que también hayan invertido el orden de las dos
oraciones pasando la condicional al segundo lugar. En resumen, la cita así
alterada ha quedado en: «Es necesario que algo cambie, si queremos que todo siga como está»
Dije que esta versión se entiende mejor que la auténtica; sin embargo, aunque
así sea, corrompe la intención del autor porque destruye la fuerza de la
paradoja. Expresada de este modo no produce sobresalto leerla. Sin necesidad de
prestarle atención nos informa de lo que sabemos, del proceso natural de los
cambios cotidianos.
EN la ITALIA de 1860 (•) , anunciar que se avecinaba la
sustitución de (toda) una clase social por otra, aceptar el envite integrándose
en la clase emergente, para seguir disfrutando de privilegios análogos a los que
se tenían, era exactamente cambiarlo todo para conservarlo todo. Sin embargo, lo
que ordinariamente nos toca presenciar en la política contemporánea del día a
día es precisamente la del algo por el todo, la versión reducida del dictum
lampedusiano.
Es cierto que resulta posiblemente la única aconsejable. Una
política eficaz es la que va acertando con la calidad y la cantidad de ese
"algo" que conviene cambiar. Lo cual se sabe gracias a las encuestas de todo
tipo con las que se toma el pulso a la población. También es cierto que las
predicciones de las encuestas a veces fallan; rarísima vez si están bien hechas
y si luego son correctamente procesadas.
La alteración de la cita es, como ahora se dice, políticamente correcta. Es así
como un gobierno responsable trabaja hoy. Los puntos suspensivos de la cabecera
son sustituibles por "españoles", "italianos", "alemanes"… etc. Si uno, unos
pocos, varios o muchos ciudadanos de un país no creen que su gentilicio pueda
ocupar esos puntos, es porque se sienten en situación lampedusiana. Pero si
tampoco se ven en ella es que están abocados a la tercera vía.
La tercera vía es la revolución, y para los verdaderos revolucionarios, la
revolución permanente. Aunque, después de un concienzudo repaso a la historia,
cabe preguntarse si hubo alguna "revolución" que no llevase camuflado en su
ideario la sentencia que Tomasi di Lampedusa ni siquiera llegó a ver en letras
de molde.
(•) En realidad debí decir en la SICILIA de tiempos de GARIBALDI; fue allí, y no en la península, donde enmarcó su historia el escritor menos prolífico y, cabría decir, más despreocupado de que su(s) obra(s) fueran conocidas antes de su muerte.
No es un hecho singular que después "alguien" descubriera el manuscrito y se preocupara de publicarlo; ha sucedido en bastantes ocasiones –las de obras póstumas de autores ya reconocidos–, pero no tengo noticia de ninguna otra con el marchamo de "opera prima" y que además haya sido calificada enseguida de "obra maestra". Para colmo, en 1963 Luchino Visconti termina el rodaje de Il Gatopardo; su calidad y preciosismo aportan a la película el plus de inmortalidad que instala en el olimpo de obras maestras el tema de la aristocracia renunciando a sus privilegios para adaptarse a la situación y, dentro de lo que cabe, che tutto rimanga come è.
Pero si al paciente lector le roe el gusanillo de la polémica, porque piensa que las cosas hoy (vencido el ecuador de 2009) ya no son como fueron, y hasta ve un poco ridícula y desfasada la sentencia de Lampedusa, le recomiendo que emigre por un rato a la "rabiosa" actualidad, retratada como ha sido el pasado día uno desde Bonn (Deutschland) por Oswaldo Bayer en el periódico argentino «Página 12»: son 1600 palabras y vale la pena no saltarse ninguna. >>> _______________
FAB
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