El hombre no es plenamente consciente de sus limitaciones, ni del modo de salvarlas, hasta que no disfruta de suficiente capacidad de elección. Imagino que a la mujer de hoy le pasa lo mismo. Por lo menos a todas las que dejaron de depender de un compañero para mantenerse. Asumiendo entonces que esa toma de conciencia es válida para ambos sexos, el propósito de superación también debe de ser el mismo. Ante la evidencia incontestable de que la evolución sigue en marcha, el papel de la mujer cobra más relevancia si cabe que el acaparado por el hombre hasta ahora. La razón es palmaria: la continuidad de la especie humana depende de las hembras. Llevando la situación al límite, en un futuro no muy lejano la mujer podrá prescindir del hombre. Por tanto, los argumentos que ahora siguen tienen que importarles a ellas tanto o más que a nosotros.
Los hallazgos más celebrados y conocidos del proceso evolutivo han sido siempre evidencias físicas, restos de animales fosilizados que han permitido establecer comparaciones y añadir eslabones a la "cadena". Es lógico que haya sido así aunque paralelamente, y sin intención demostrativa, se haya ido hablando también de la evolución del pensamiento. Darwin ya postuló que los miedos infantiles ante lo desconocido tenían (tienen) su origen en los peligros padecidos por nuestros antepasados pre y protohistóricos. Pero no sólo en aquellos peligros bien reales, sino en las supersticiones "abyectas" que los acompañaron durante siglos.
La pregunta es: ¿se han borrado de todas las mentes adultas los residuos de aquellas supersticiones? Porque, al parecer, a decir de los más eminentes científicos contemporáneos, los dos retos que a la ciencia le quedan por resolver son el origen del universo y la naturaleza de la conciencia. El primero, a mi entender, se muestra correoso y peliagudo; calculo que no viviré para verlo resuelto. En cambio, a la resolución del segundo me parece que nos acercamos a pasos agigantados. La neurociencia registra avances tan espectaculares que incluso ha podido abandonar la hipótesis de que un ordenador sea capaz de reproducir el funcionamiento del cerebro en su totalidad. Y es precisamente en ese cambio de paradigma, de salto a hipótesis más avanzadas, donde se vislumbra la explicación de cómo apareció lo que llamamos conciencia.
Con el evolucionismo consolidado, pulidas sus imprecisiones y descartadas las iniciales apoyaturas lamarckianas, no es aventurado pronosticar el avance hacia la frontera inmediata: del homo sapiens sapiens actual, al homo sapientísimus. El que será capaz de resolver la dualidad cerebro_mente y reducirla a la unidad, dejando al discutido par como simple artificio semántico.
Si el lector se pregunta a qué vino emplazar a la mujer para desarrollar la particular conclusión que antecede, no tiene más que pararse a pensar un momento cuál de los dos sexos sostiene o soporta (depende del credo) la religión. Las hembras rectoras de nuestra especie habrán de moderar sus creencias —en los lugares donde las conservan—, y desenmascarar a quienes las sofocan —en los lugares donde son humilladas—. Si no lo hacen, la esperanza del paso a un estadio de conciencia superior puede que no se logre jamás. Nos destruiremos por completo antes de alcanzar la frontera que hoy se entrevé abierta más que nunca lo estuvo.
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ADENDA a fecha 15 de junio de 2009.
«Después de que el colapso del comunismo Soviético acabase con la guerra fría en los noventa, algunos simpatizantes y muchos expertos urgieron a la progresía política que buscase renovada inspiración para el nuevo milenio, no en Karl Marx sino en Darwin» (1)
Eso dicen tres autores en un pequeño libro de no más de 25.000 palabras(2), donde condensaron sus saberes para posiblitar al apresurado lector de hoy el conocimiento esencial del personaje.
En febrero pasado no quedó publicación alguna que no aportara su grano de arena a la efeméride: el segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin. Me pareció superfluo entonces apuntarme; sin embargo, al incorporar ahora a este sitio la nota antecedente he recordado la sorpresa que me produjo la cita que he traducido. Anticipatoria o no, lo cierto es que la "renovada inspiración" y su correlato, la enconada controversia, se mueven hoy mucho más cerca de Darwin que de Marx. Interesante, aunque anecdótico, es notar que se pretendió en su momento acercar a los dos personajes en vida, hasta el punto de una supuesta dedicatoria de Karl a Richard en «Das Kapital». En cualquier caso hay una diferencia sustancial entre el "uso" que se ha hecho (y se hace) de los escritos de ambos hombres: los de Marx en sentido cerrado, casi monolítico, tanto a favor como en contra; los de Darwin en sentido esparcido, para servir a un planteamiento... o a su contrario (¡!).
Pero, en definitiva, es el estudio serio y consecuente de todo el legado de Darwin el que está cimentando la investigación del presente e iluminando el futuro.
Para el año 2025 se espera estén terminados los treinta y dos volúmenes de la «Corresponcence» darwiniana, lo cual hace suponer que los biógrafos estarán trabajando ahora mismo a pleno rendimiento. En 1994 ya se revisó el "calendario" de 1985, que incluía el cruce de unas 15.000 cartas entre el científico y sus interlocutores. Pensando en promedios ─en 50 años de actividad escribiente (lo que incluiría los cinco de travesía en el Beagle)─, anonada comprobar el vértice evolutivo alcanzado por ese ser humano (menos horas despejado y sano que enfermo -¿picado en sus experimentos por la vinchuca?-) capaz de contestar cada dos días a la carta recibida el día anterior. Sin embargo, semejante record no es más que el apéndice, un adorno de la colección de obras que rodean las monumentales «On the origin of species...» y «The descent of man...».
Un lector joven (jovencísimo) ha "reflejado" en esta 39ª aparición de ANTELESPEJO un imaginario y diacrónico combate entre Platón y Nietzsche. No creo que se sienta tentado ahora de subir al ring a estos otros dos científicos sincrónicos. El vencedor parece que está demasido claro.
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(1) El texto original dice:
After the collapse of Soviet communism ended the cold war in the 199Os, some sympathizers and many pundits urged political progressives to seek fresh inspiration for the new millennium, not from Karl Marx, but from Darwin.

La acepción primera y literal de "pundit" (de raíz sánscrita, pandit) sería "Hindú muy ilustrado"; la segunda, de "experto" (o "autoridad" en alguna materia), la que he utilizado. Pero hay una tercera (en clave irónica) que identifica al "pundit" con el pedante, algo así como el "erudito a la violeta" de Cadalso, y posiblemente fuera esa la versión más ajustada a la intención de los autores.
(2) «Charles Darwin»: Adrian Desmond (Univ. College, London), James Moore (Open Univ.) y Janet Browne (Harvard Univ.). Editado por OXFORD University Press: nº 4 de la colección VIP –Very Interesting People-
ISBN 978-0-19-921354-2
Imagen adjunta: cover illustration de la portada del libro -© John Holder-
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FAB
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