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   DEL SABER COMO PARADOJA

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Nº 64 — JUNIO 2005
Quilmes — Argentina


   Muchas voces críticas opinan que los programas televisivos seriados de mayor audiencia contribuyen al progresivo entontecimiento de la población. La clave de la persistencia de esos programas está en los números, en el share, o porcentaje del "pastel" que acaparan del total de televidentes conectados a la hora de su emisión. Ese ingente número de personas, es obvio, no escucha las voces críticas. Lo mismo que el fumador adicto no lo deja porque los demás se lo pidan, de nada sirve sermonear a la gente para que abandone sin más el programa que le gusta. Después de ocho horas de trabajo, más el tiempo consumido en el transporte para volver a casa, a quién le quedan ganas de cambiar un programa banal, pero relajante, por otro que obligue a esforzarse para entender lo que allí se cuenta.
Tampoco es realista esperar que el negocio televisivo "eleve" el nivel cultural de sus programas, y que pase por alto los estudios de mercado que le sirven en bandeja la opinión más común, la que cuenta en el share.

   El eminente sociólogo español Manuel Ibáñez dejó dicho que no es el consenso sino el disenso lo que produce saber; que el saber no es una suma de lo mismo, sino un producto de lo diferente. De esa reflexión concluía que el motor del saber no es la opinión común, la "doxa", sino la paradoja.
Ignoro si en los años ochenta Ibáñez relacionaba el abrumador consumo televisivo de productos de poca enjundia con la ralentización del motor del saber. Sin embargo tengo la certeza de que los políticos ya ensayaban el suministro de programas de consenso a todo pasto. Política y televisión -es un lugar común decirlo- son hace tiempo inseparables. Desde la TV se conquistan los votos del segmento menos exigente de la población, los que suelen ser decisivos para ganar las elecciones. ¿Qué gobierno iba a desperdiciarlos sembrando el campo de paradojas?

   Lo lamento por las voces críticas que esperen de un vuelco electoral, de un cambio de dirigentes, alguna consecuencia positiva. La "política" de entontecimiento / entretenimiento televisivo nunca cambiará. Marshal McLuhan acuñó en 1967 la muy conocida sentencia que hizo fortuna y dio título a uno de sus libros: "El medio es el mensaje". Para esa fecha, gentes del pueblo llano ya estaban enganchadas al "medio", y enunciaban el aserto a su modo: "La verdad es lo que sale en la tele". Mas no se crea que otras gentes, éstas del pueblo culto, se habían quedado atrás en sus demostraciones de papanatismo: en 1961 las latas de "Merda d'artista" de Piero Manzoni fueron aceptadas en el mercado del arte. Si, como parece, una de esas latas se exhibe desde el año 2000 en la Tate Gallery de Londres y otra en el Centre Pompidou de París*, habrá que cuestionarse la generalización de la paradoja como fuente del saber. Porque elevar la mierda a la categoría de Arte puede ser el colmo de las paradojas, pero ciertamente es una memez y una soberana guarrería.
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* Revista «el MANIFIESTO contra la muerte del espíritu y la tierra»— Año II núm 2

FAB.

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