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DEL DESPERTAR DEL MIEDO, Y DE LA RUINA

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Nº 66 — AGOSTO 2005
Quilmes — Argentina



   Sobre los atentados del "7/7" en Londres se han volcado a escribir periodistas, literatos, analistas, psiquiatras, psicólogos, filósofos, políticos, policías... con tal celo y extremosa variedad que no hay palabra conocida que pueda arropar el sentido de millares de comentarios que no paran de aumentar. De los que me ha dado tiempo a leer he sacado un factor común: el despertar del miedo. No es una banalidad decirlo, porque si es cierto que lo "natural" ante una indeterminada e imprevisible agresión es sentir miedo, éste es producto de una reacción espontánea, mientras el "despertar" del que hablo (el que he percibido, hasta en los escritos de quienes lo callan o minimizan) muestra el patrón del inconsciente colectivo. Pienso por tanto que corresponde darle respuesta a quienes sean maestros en sabiduría de la mente, es decir expertos "psicósofos", especímenes que si no existen tendremos que crearlos o recomponerlos a partir de los sabios que acepten el envite.

Ya sabemos hasta qué punto la cosa es urgente. Los estrategas del terror que nos atacan ni siquiera ocultan sus intenciones. El chantaje a Occidente está servido. Es muy posible, y hasta natural, que en el continente suramericano esto suene a "chino"; así decimos en España, y quizás en Argentina también, aunque no vaya de chinos la historia. Mientras el terrorismo islámico no atente más abajo del río Grande_Bravo, el despertar "delSur" no se producirá. Sin embargo, la ruina que ha golpeado hasta ahora en "puntos" aislados de occidente, amenaza a todo el orbe porque se autoincluye. Golpea sin importarle cuantos correligionarios se lleva por delante, glorificados en su abrazo mortal. Es el mayor activo de su ventaja.

miedo Londres aprueba la expulsión de "sospechosos"; puede que pronto los países de la UE sigamos el mismo procedimiento. Ya sea la medida acertada o no, una evidencia salta a la vista: nunca se llegará a tiempo. Los terroristas potenciales dispuestos a inmolarse parece que se cuentan por miles. Descubrirlos de uno en uno, y hasta de varios en varios, se asemeja a la busca de la aguja perdida en un pajar (tópico arriesgado que pronunció un alto cargo británico). Algunos caerán, es seguro, pero eso ¿no acelerará la puesta en marcha de otros "durmientes", ya sean activados por e_mail o actuando por su cuenta?

(Había terminado el "21/7" de escribir lo que antecede, cuando repitieron el golpe; clónico con el de dos semanas antes, pero fallido, sin víctimas: ¿sólo para mantener despierto el miedo?, ¿por inepcia?, pronto se sabrá.
El 22 la policía abate a tiros a un sospechoso. Al día siguiente se averigua que era un asustado joven brasileño, ajeno a los atentados...)

Si arriba usé la palabra "ruina" es porque tenía in mente el catastrófico balance que evaluó el FMI: los terroristas sólo gastaron medio millón de dólares para destruir las torres, mientras que el coste para EEUU se ha cifrado en cien mil millones. Es decir en doscientos mil por uno. Los cálculos hechos por los ingleses tras el 7/7, (aún sin evaluar las secuelas del 21), aventuran parecida proporción. El beneficio colateral que el fanatismo suma a "muertos" más "miedo" es el deterioro de la economía del enemigo hasta su colapso "en cadena". Un sueño mesiánico y catastrofista que acompaña a la estrategia del terror, es cierto. Pero en él cabe para sostenerlo el triunfo de David sobre Goliat.
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FAB.

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