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   DE HUMO Y CHISTES

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Nº 71 — MARZO 2006
Quilmes — Argentina



 
     He comprobado que la "fogosa" campaña que padecen desde antiguo los fumadores de España ha encontrado eco en Argentina y, nada más saberlo, como respondiendo a un conjuro, los periódicos informaron de que el Parlamento Británico aprobaba la más estricta de las prohibiciones de fumar que había barajado: la que afectará a todo tipo de locales públicos, incluidos los "pubs", las legendarias tabernas inglesas que, sin humo, jamás volverán a ser lo que eran, lo que por unos pocos meses todavía son.
Autorizadas voces sanitarias en mi país pusieron los cimientos de la prohibición hace casi 20 años. En un periódico de entonces,* un columnista escribía simulando hallarse ya en el siglo XXI y situándose en "el confín suroccidental del agrupamiento de naciones europeas" ironizaba de este modo:

"Los jerifaltes habían elegido ese lugar, sabedores de su tradición en prohibiciones, procesos y hogueras purificadoras. No les preocupó la contradicción de montar la campaña decisiva contra el humo en el santuario de las hogueras inquisitoriales."

La anticipación del columnista ha sido incluso trascendida en algunos países, muy civilizados, donde la prohibición alcanza a comunidades de vecinos que no permiten integrarse en ellas ni transitar por su entorno ni, mucho menos, adquirir un apartamento a quien sea fumador. Ignoro si los infractores, accidentales o ignorantes que por allí pasen, correrán algún riesgo físico o tendrán que salir por pies para escapar de una perdigonada... Por aquí, en este confín suroccidental, la cosa se va tomando con buen humor. El abstemio de nicotina y alquitrán ha dejado de recibir la espesa ración diaria de micropartículas y oligoelementos que exhalaban sus compañeros fumadores. Ha quedado atrás la permisividad que consagró la expresión: "No es lo mismo fumar mientras se reza que rezar mientras se fuma". Las caricaturas chistográficas de hoy no van por lo piadoso, sino que apuntan certeras a las incongruencias todavía latentes en la norma. Traduzco las imágenes de una:

Smoker, de Wesselmann Es noche cerrada. Un agente uniformado y una prostituta están parados a la luz de una farola. El agente escribe en su libreta mientras, a un palmo de su nariz, soporta impertérrito el humo del cigarrillo que ella sostiene agresiva al tiempo que pregunta:

¿Me está usté multando por ejercer en la calle, o por fumar en el trabajo?

Una vez más se demuestra que toda norma coercitiva de nuevo cuño tiene dos caras. La contestación de la Ley Antitabaco en España procede, como no podía ser de otro modo, de sectores económicamente perjudicados.
Es materia opinable. Durante los últimos años de mi etapa de fumador consumía de 3 a 4 cigarrillos por hora, (a jornada completa de 16 horas). Lo dejé antes de las primeras disposiciones premonitorias, cuando una hemorragia oculta dio la cara y terminó literalmente por tumbarme. Recobré el conocimiento murmurando: "no tengo prisa", la respuesta chistosa que había hecho mía para quienes pretendían asustarme afirmando: "el tabaco es un veneno lento". Hoy todavía pienso que ese eslogan hubiera ido mejor que "el tabaco mata" y otros parecidos, los que sembrados en las cajetillas como esquelas mortuorias han servido de muy poco.

Porque el tremendismo, cuando se trata de convencer, funciona siempre mucho peor que el humor inteligente.
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* CAPIROTE desvela el artificio retórico del "nombre de pluma".

FAB

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