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   DE LA ESENCIA

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Nº 73 — MAYO 2006
Quilmes — Argentina


Un filósofo español al disertar sobre lo inagotable y externa que la sustancia es en su verdad decía que, cantando sus múltiples nombres, el poeta soporta y celebra un poder divino. Santayana era ese filósofo; sus palabras no vanagloriaban el "oficio" de poeta, que también ejercía, sólo apuraban hasta el límite la aproximación a la esencia, hasta el inexpresable entender de la sustancia. En ese mismo apurar pienso que se extasían, o dicho de modo gráfico, "flotan" todos los poetas. En la otra orilla, asentados en la modesta prosa, quienes leyendo los versos de alguno de ellos, famoso o desconocido, sentimos por un instante un sobresalto, como una punzada de luz, habremos de felicitarnos por nuestra suerte. Porque alguien, ¿un dios menor, una sinapsis descolocada, una torsión impropia en la espiral de nuestro ADN?, nos regaló un chispazo de la esencia a la que otro humano, tensado en sobrehumano esfuerzo, logró acercarse hasta tocarla.

Me sucedió hace mucho, enfrascado en la interminable tarea de aprender alemán. Imagino que si hubiera dedicado más tiempo a leer poesía me habría sucedido más veces. Lo cuento aquí porque la densidad de tránsito de poetas en estas increíbles páginas es muy superior a lo normal y, por tanto, la empatía que pueda suscitar es más probable o abundante que el rechazo.

LIBRO DE HORAS Me sucedió, digo, leyendo a Rilke: «Das Stunden Buch», [El Libro de Horas], el regalo que un hijo me trajo del mismo Berlín. Haré la historia corta.
El "chispazo" lo provocó, casi nada más comenzar, la cuarta estrofa del primer libro. Así fue como entendí sus cuatro versos:

Mi vida fluye en anillos concéntricos / que ondulan sobre las cosas. / Consumar el último quizás no lo consiga / pero voy a intentarlo.

Tiempo después tropecé con una traducción literal, pero los círculos crecientes no me "decían" lo mismo. En su versión original, los versos se habían depositado en mi memoria como el agua que fluye, otro eco literario-poético, y su sustancia me acompañaba desde entonces, había trascendido toda presunta literalidad. Rainer María, ese poeta que leyenda y realidad murió al clavarse la espina de una rosa, había saltado la barrera idiomática, la dificultad sobreañadida: el ganador olímpico de los cien metros libres duplicaba su triunfo en los cien metros vallas. Al pisar la línea de meta él había tocado la esencia. Entre los espectadores un yo, inexistente en la fecha del evento, tuvo la fortuna de compartirlo varias décadas después... así dio significado a sucesos hasta entonces ininteligibles y encontró el sentido de lo indecible, de otras latencias inexpresables.
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Jorge Ruiz de Santayana y Borrás (1863-1952), filósofo y poeta nacido en Madrid.
Estudió en Harvard y Berlín. Enseñó en Harvard y en Oxford.
Toda su obra está en inglés; firmada como George Santayana y fundamentada
en la distinción platónica entre existencia y esencia.

La estrofa de Rilke es:
Ich lebe mein Leben in wachsenden Ringen,
die sie sich über die Dinge ziehn.
Ich werde den letzten vielleicht nicht vollbringen
aber versuchen will ich ihn.


El poeta era leucémico; cualquier pinchazo pudo infectársele causándole la muerte.

 

FAB.

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