EL LIBRO lo dejó en mis manos un
familiar que conoce bien mi pasión por la lectura; pasión que él comparte
pero sin tiempo para leer por placer, no digamos para dedicarse a
descubrir autores al azar. Pasaron unos días, pero no muchos. Había
terminado a la par el impresionante «Tala» de Bernhard y la última
advertencia que Lovelock "grita" a los poderes fáctico-políticos para
retrasar (si aún fuera posible) la venganza de Gaia. Iba a tomar la
relectura de «La educación sentimental», compañera de interregnos entre
autorías de más moderna garra, cuando displicente me puse a hojear el
libro. Tras su título de resonancia hortera, «El creacionismo ¡Vaya
timo!», encontré el subtítulo escondido, "carta a un crédulo", y éste sí
me pareció una tentación sugerente. En menos de tres sentadas terminé las
150 páginas.
NUNCA pensé que los acontecimientos de la semana
inmediata a mis sentadas pudieran rebasar los argumentos que desparrama
Ernesto Carmena, un licenciado en Biología también empeñado en otras
ocupaciones científicas. Los acontecimientos los conocemos todos: se
iniciaron el día 12, cuando el PAPA denunció en Ratisbona que algunos
científicos siguen tratando de demostrar que Dios es "inútil" para el
hombre. Si su acusación se hubiera quedado ahí y, sobre todo, si el nombre
de Mahoma no hubiese entrado en liza, la noticia no habría remontado el
estatus ordinario de información fugitiva: el Papa seguiría por su lado y
los científicos como siempre, sin preocuparse demasiado de que Benedicto
atacara explícitamente los fundamentos ya sólidamente establecidos de la
"teoría de la evolución", a la que esta vez calificó, sin rodeos, de
irracional. Pero el discurso papal cobró efervescencia cuando tachó de lo
mismo, de irracional, la defensa de la fe con la violencia y sacó del baúl
de los olvidos el diálogo de Manuel II con un erudito persa. La primera de
las reacciones que siguieron, la de Ali Bardakloglu máximo responsable de
Asuntos Religiosos de Turquía, sobrepasó lo esperable al interpretar que
las palabras del Pontífice cristiano podrían esconder la "mentalidad de
las cruzadas".
UNA MONJA ametrallada, iglesias de confesiones cristianas incendiadas, evangélicas y ortodoxas (¡toda la
cristiandad en el mismo saco!), efigies de trapo y cartón del Papa
ardiendo..., lograron enseguida la rendición, la rectificación expresa de
Benedicto que, cuando esto escribo, tildaban todavía de insuficiente. No
valen aclaraciones ni disculpas de que todo ha sido una mala
interpretación: se le exige al Papa que pida perdón.
QUE LA SITUACIÓN no era y no es para tomársela a la ligera, lo confirmaba el
artículo «Choque de civilizaciones»* del filósofo Eugenio Trías.
Plenamente conciliador, recomendaba a las religiones relevantes de nuestro
mundo ecuménico que se esforzasen en "descubrir sus núcleos de
coincidencia", pero terminaba con la advertencia de que "sería
espantoso reeditar a escala global, y en plena era atómica, una guerra de
religiones como la que asoló Europa en el siglo XVII". Esa llamada de
alarma al extermino potencial de todo bicho viviente ha debido alcanzar,
de momento, hasta las mentes trastornadas de los educadores de suicidas.
Además, haber humillado al Papa, y mantenido en pantalla durante días esa
"victoria" a escala universal, es un regalo que los sabios ulemas seguirán
aprovechando. Mientras nos dure el respiro, recomiendo encontrar un hueco
para la lectura del libro del "timo" que he citado al comenzar.
Sorprenderá a quienes hayan olvidado los fundamentos de la selección
natural, pero podrán remozarlos y cuestionarse la cáscara más
estereotípica de viejas convicciones. Cuestionar nuestras propias
creencias es la ventaja irrenunciable que tenemos los ciudadanos
occidentales, justo lo que no pueden soportar los "otros".
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* periódico «EL MUNDO», 15 de setiembre de 2006
Adenda a fecha 31 de enero de 2009.
Parece que la rentable efervescencia informativa que los seguidores del Profeta consiguieron humillando al Papa ha querido ser aprovechada quince meses después por el "ateísmo militante". De ello tuvo noticia el lector de estas páginas, justo la quincena pasada. A estas alturas no he sabido nada más de la campaña de los autobuses. Sic transit!
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