«Frente al circo de los multimillonarios poscomunistas,
40 millones de rusos hacen equilibrismo en el umbral de la pobreza»
Daniel Utrilla [EL MUNDO 9/07/07]
Puede que a unos pocos les suene retórica la frase que he entresacado de la crónica del periodista que puso palabras a la imagen de la mastodóntica entrada del gran coloso: el recién estrenado hotel Ritz-Carlton de Moscú. Sin embargo, lo preocupante no es el lícito recurso retórico que eufemiza a 40 millones de muertos de hambre, sino que los supuestos pocos seamos de facto una multitud: casi todo el primer mundo.
En una ocasión antecedente* expuse los argumentos que me suscitó una noticia parecida, pero entonces el "escándalo" del inicuo reparto de la riqueza estaba más alejado de las raíces políticas del expolio. Allí se trataba de una fría herencia, aquí se trata de una vergüenza política candente, de las excrecencias del fracaso padecido por más de tres generaciones de rusos.
Para el mismo día de la inauguración del hotel, el 1 de julio pasado, un ciudadano ruso ya tenía reservada la suite presidencial. El cronista valoró el coste por dormir esa noche (¡el desayuno no estaba incluido!) en el salario de tres años de un moscovita del montón. También, —se me ocurre—, podría haberlo valorado reuniendo a mil moscovitas que, puestos de acuerdo, juntasen su salario del día para pasar la noche todos juntos, embutidos en la despampanante suite.
Naturalmente, las apreciaciones "del montón", como todas las generalizaciones, son arriesgadas; pero, cuidando no caer en demagogia vacua, también resultan demostrativas.
Por ejemplo, a mi criterio, el cálculo para el ciudadano español del montón estaría en diez meses o, mutando unidades como antes, en trescientos durmientes embutidos en la suite. Me temo (no sé si uso el verbo adecuado) que los ciudadanos argentinos se encuentran por hoy más cerca de los números rusos que de los españoles.
Hasta aquí lo anecdótico. La gravedad de la situación no está en lo que se ve y se narra porque resulta imposible de ocultar, sino precisamente en lo que sí se consigue ocultar. Es ahí donde las especulaciones se disparan y posiblemente, por no decir con casi absoluta seguridad, lo que nos atrevamos a imaginar se quedará corto.
Si un "sistema" político que enarboló el pregón de arranque con aquello de «la propiedad privada es un robo», produce noventa años después un monumento, una insignia, un tótem como el Ritz-Carlton de Moscú, —y lo hace para epatar con sus mismas armas a su enemigo ancestral—, es que sus genes eran mutantes cancerígenos. La mutación que hoy exhibe sin pudor (otros hoteles de similar factura siguen) ha madurado en sus entrañas para escarnio de la Historia.
Entretanto, el movimiento pendular «del comunismo al capitalismo» produce la secuela «del socialismo a la progresía», que asonantada en aquél crece como las setas. Son las falsedades de la progresía "de izquierdas", cuyo programa de adoctrinamiento básico consiste en demonizar a los demás, acusando al "centrismo" de derechismo y al "derechismo" de fascismo. El recurso a todo tipo de falacias y peticiones de principio empieza a ser moneda de cambio en democracias que no hace demasiado tiempo fueron dictaduras. Se avecinan tiempos de confusión. Será necesario mantener el juicio en suspenso para no dar por bueno cualquier mensaje, ya venga del "gobierno" o de la "oposición", —y muy especialmente del gobierno, cuando éste sólo se ocupe de apropiarse de los argumentos de sus opositores—.
Sólo el esfuerzo cotidiano de mantener el juicio alerta nos podrá sostener en la vertical del péndulo: en equilibrio para fundamentar nuestro próximo voto... o para no volver a votar.
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* marzo de 2003: «de fortunas y deshielos»
Adenda a fecha 15 de MARZO de 2010
Cuando hace dos años y medio comenté en «delSUR» la noticia que antecede creo que no fui capaz de expresar la profunda diferencia que puede haber entre una idea –una pasión germinal–, y su puesta en práctica. Lo cierto es que al denunciar la manipulación política de la idea "comunista" no precisé contundentemente que los "genes cancerígenos" no residían (ni residen, por supuesto) en la idea sino en la manipulación de la misma al aplicarla; en el maligno y criminal aprovechamiento de un mensaje positivo, «igualdad y fraternidad», cuyo potencial de captación de masas ya había consagrado el cristianismo y orlado la Revolución francesa.
Fernando Savater lo ha dejado bien claro... (•)
En la Unión Soviética, las libertades civiles que habían aportado las revoluciones burguesas del siglo XVIII se perdieron, pero la desigualdad continuó, más aguda que nunca, porque era desigualdad de poder político. Antes un trabajador podía ser despedido por un empresario intolerante pero encontrar empleo con otro de la competencia. En el comunismo autoritario todo el que no se somete al único patrón vigente sufre no sólo el desempleo sino la cárcel o la eliminación física. La nueva clase dirigente, el partido comunista, gozaba –goza aún, donde puede– de todos los privilegios en países empobrecidos, uniformizados y sometidos a un lavado de cerebro constante por los dictadores ideológicos del sistema ...
... mostrando además su imparcialidad al destacar aspectos positivos del pensamiento marxista y el movimiento comunista, que:
... sirvió para forzar una serie de reformas imprescindibles que humanizaron socialmente el capitalismo, lo dignificaron políticamente y hasta lo hicieron más eficaz como sistema productivo.
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(•) «La aventura de pensar» :: Random House Mondadori 2008 :: ISBN 978-84-9908-052-9
— Fotografía exterior y una del interior, ambas seleccionadas del 'tour' de varias decenas que exhibe la página WEB del hotel.

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