El universo atiborrado de libros y publicaciones basurarias, —que proliferan sin que exista la menor intención de aconsejar a sus autores el uso razonable del preservativo mental—, obliga al lector exigente a gastar un tiempo precioso en la selección de lo que le vale la pena leer. Bien sea por el escaso tiempo residual que deja el trabajo diario en la edad productiva —sesgado calificativo—, o porque la jubilación alerta de que nos queda para leer menos tiempo del que parecía, los miles de seres humanos que conjugamos la lectura con la "funesta" manía de pensar nos indignamos cuando en nuestras averiguaciones descubrimos que el tiempo perdido sobrepasó con mucho el de un par de ojeadas.
Sin embargo, la plétora de artículos y recomendaciones que siguen al fallecimiento de un escritor consagrado es un caso particular de "selección" que puede resolverse en poco tiempo. Además, cuando la muerte avisa con antelación suficiente, la explosión de comentarios suele concentrarse en una extensa separata. En cierta manera ha sucedido así con Francisco Umbral: "El Mundo", el periódico donde el insigne escritor "ejerció" desde su fundación, respondió de inmediato publicando un documento de 16 páginas que tituló UMBRAL INMORTAL.*
Poco se puede añadir a lo que once "firmas" de primeros espadas han dejado dicho en esa separata. Pero me atrevo a citar un libro esencial que hace más de un año tuve la fortuna de recibir de su autor. Se trata de "Ladrón de fuego", de Bernardo J. Gómez Calderón.**
Para mí, un libro dedicado a un autor es esencial cuando trasciende lo biográfico, supera las obviedades del sentido manifiesto que dejan las "primeras lecturas" y, sobre todo, alcanza a explicar lo que el autor ha dejado dicho veladamente, o incluso sin querer. A las muchas horas de investigación que consume escribir un libro esencial se suman las que su autor tuvo que emplear en estar preparado para ello. Este segundo sumando precede de ordinario al primero, del que termina por nutrirse acrecentando el bagaje cultural del autor. No sobra advertir que un libro esencial es muy raras veces un libro popular.
Gómez Calderón dice en la apretada conclusión de su trabajo que ha intentado poner de manifiesto toda la riqueza argumentativa del columnismo de Francisco Umbral, demostrando que el autor sabe engarzar las piezas de sus textos para extraer de ellos el máximo rédito persuasivo, informándolas magistralmente merced a la excelencia de su estilo...
El tributo, así rendido por una autoridad docente a un escritor autodidacta, fue un valor anticipado, —el libro se cierra y publica en 2004—, que contrasta ahora con el mezquino comportamiento de otras autoridades: las que se ausentaron del sepelio, escocidas sin duda por los latigazos retóricos que el escritor les había dedicado en vida. Mal consejo siguieron los corifeos del poder político de este momento. Marraron la ocasión irrepetible de honrar y despedir al hombre que pasa a la Historia de la Literatura como "Príncipe de la Lengua Española", título fuera del alcance de ruletas electoralistas, más allá —en palabras de Luis María Ansón— de academias cicateras y oropeles vanos.
Francisco Umbral ha 'roborado', —cultismo que le era grato—, la duda latente en la definición de Joan Fuster para el último adiós:
Morir deu ser deixar d'escriure
Y eso fue, literalmente, para él.
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- * Las ediciones WEB (abiertas) de EL MUNDO y de LA NACIÓN (28 y 29 de set.) dieron la noticia en varios artículos.
- ** profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga (Esp.) — "Ladrón de fuego" lo publicó la "Asociación para la Investigación y el Desarrollo de la Comunicación" :: ISBN: 84-609-3181-1
FAB. 
nota a fecha 15 de MAYO de 2010
Es exagerada la hipérbole que califica de inmortal, no sólo a Umbral —como en este caso—, sino a cualquier otro ser humano. Sin embargo todo el mundo da por buena la exageración y, quizás por eso, políticos y/o propagandistas de turno se afanan en marcar "inmortalidades" o en tratar de liquidarlas. Esto último es precisamente lo que sucede en el caso del eximio Príncipe de la Lengua Española, a quien hasta hoy, durante los 31 meses y 18 días transcurridos desde su fallecimiento, la progresía instalada en el gobierno de la nación sigue ignorando, quizás con la esperanza de que su silencio entierre los escritos que le sacaba los colores. Inane política esa: la falsa progresía pasará y las columnas y libros seguirán en su sitio, aptos para volver a ellos tantas veces como sea menester.
En cualquier caso, si a los mezquinos enterradores les queda alguna duda de la inutilidad de su intento les recomiendo la lectura de la «ORDEN CUL/302/2009», del 27 de enero, por la que se inscribe la Fundación Francisco Umbral en el Registro ad hoc. Será suficiente atender al artículo cuarto que determina los fines de la misma:
–En los Estatutos que han de regir la Fundación, incorporados a la escritura de constitución a que se refiere el antecedente de hecho primero, figuran como fines de la Fundación los siguientes: 1º. La promoción de la obra, tanto literaria como periodística, de Francisco Umbral con el doble objetivo de profundizar en su estudio y de servir al fomento de la cultura literaria y el periodismo en todo el mundo de idioma español. 2º. Divulgar como valor de nuestra cultura los estilos literarios y periodísticos desarrollados por Francisco Umbral en todos los ámbitos y, en especial, en aquellos en los que se fomenten nuevos valores para la literatura y el periodismo. 3º. La promoción, difusión y extensión de la cultura, así como la difusión y el fomento de las Letras en todas sus manifestaciones.
La fotografía de top-people.starmedia.com
le hace justicia y carga el marchamo de inmortalidad. En estas fechas la RED devuelve unas 220.000 páginas entrando sólo por su nombre; de ellas más de 80.000 remiten a reproducciones de sus obras en formato pdf.
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